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Joaquín Trincado

La criminología: sus causas

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 12 Min. de lectura
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El crimen no existe en los mundos superiores a la tierra, donde el amor es la ley y la Comuna el régimen. En la tierra y mundos inferiores existe el crimen por la ignorancia y porque existen religiones; y aumentó el crimen en nuestro mundo cuando la religión católica tomó incremento, hasta el punto que en los códigos anteriores a la preponderancia de esta religión no había penas ni sentencias para el parricidio; “porque no se comprendía (dicen los comentaristas) que un hijo pudiese matar a su padre o a su madre”.

   

En verdad que el legislador romano de aquel entonces se asustaría hoy, al ver el parricidio convertido en un crimen vulgar, y demuestra esto que, 24 siglos de tiempo, pasados la mayor parte en la dominación de un imperio religioso, sólo han servido para matar el amor, que ya nacía entonces; y que se hubiera arraigado al no haber nacido esta apócrifa religión, en la que hay pontífices que han asesinado a su madre después de compartir el lecho con ella, y otros, hecho vida marital escandalosamente con su hija y estuprado a otra, asesinando también a la madre de ésta y esposa del pontífice, Rodrigo Borgia, Alejandro VI.

  

Estos ejemplos necesariamente han de entrañar en la humanidad, cuando saben que los que quieren pasar por ministros de su Dios cometen esos salvajismos; y es el caso que, donde más predomina la religión católica, los crímenes son más y más horrendos que en los dominios de otras religiones; y, por lo tanto, la primera causa del crimen está en las religiones.

  

La segunda causa está en el despotismo de los gobiernos; pero ya hemos probado que éstos son feudos de las religiones, y, por lo tanto, la segunda causa es la religión.

 

La tercera causa es la mala organización social, que exaspera por sus prerrogativas y porque se odian entre las clases de sus clases y porque el vicio y la corrupción está en ellos con más intensidad, porque están apoyados por la ley hecha a su placer; pero más que todo, porque entre ellos vive el sacerdote célibe, que se traga con la vista las formas de la descocada dama, que suelen llevar el pudor de los codos a las manos y al desnudo todo lo más provocativo; y como está envenenada por el confesor y unida por la conveniencia a un hombre que no ama, y en su pecho se ha sembrado mala semilla, los vahos del festín y el no tener nada que hacer, se entregan a la pasión del que la absuelve y al provocado rival del esposo y se fragua y se comete el crimen en todo su horror; se tramitan duelos (que luego estudiaremos), y aquí la causa es la educación errada; la ley egoísta, la clase rival de la misma clase por el orgullo; pero como todo esto es hijo de la supremacía religiosa, la religión es la causa de estos crímenes.

   

La cuarta causa de los crímenes (es cierto, más numerosos y más vulgares) es la ignorancia. ¿Y quién tiene la culpa de la ignorancia más que la sociedad? ¿Y quién ha dividido la sociedad en clases enemigas más que la religión? Luego, la cuarta causa de los crímenes, es la religión.

   

La quinta causa del crimen es la más dolorosa, porque en ella entra el aborto y el infanticidio; y como esto ya lo hemos expuesto cuando estudié los vicios y los prostíbulos y su causa es el celibato, la quinta causa del crimen es la religión.

  

Hay una sexta causa por la que se cometen crímenes, y es la locura o perturbación de las facultades; y la locura también es un crimen; y como esto, en general, es provocado por la pobreza, la pasión y la ignorancia, y esto es ocasionado como ya está probado y se probará más al tratar de la propiedad, que de todo eso es causa la religión, la religión es, pues, causa de estos crímenes como de los anteriores. ¿Quién fundamentará razones para rebatir estas verdades? Nadie puede hacerlo; ni los mismos pontífices; porque ellos van a la cabeza, en el consejo y la acción; pero resulta que los poderes, o gobiernos, cargan con la responsabilidad de la organización social y tiene, por lo tanto, la responsabilidad moral y material de todo el desbarajuste que ocasiona la imposición de la religión, pero como es un juego sucio, en el que no se pueden acusar el uno al otro, porque los dos han delinquido y uno solo es el perjudicado, el pueblo, el llamado pueblo trabajador, los dos criminales se callan, para que del escándalo no brote la ira popular y los aplaste como reptiles venenosos y pestilentes. Pero no temáis por vuestras personas, ni el uno ni el otro; os lo asegura el Juez que os acusa a los dos a la vez en nombre del pueblo. Más si no confesáis que estáis equivocados; si aún provocáis, os suicidáis vosotros mismos, y el pueblo que os abriría los brazos en amor, pero que os señalará el trabajo como ley, si le decís… ¡Pueblo!... ¡Nos hemos equivocado!, os arrastrará en justicia y no será responsable, porque se le ordena amar y amor demuestra; el odio es vuestro; y a cualquiera le es lícito aplastar la cabeza a la víbora que lo quiere envenenar y aun en vuestros códigos habéis sentado que la defensa propia es justa y el pueblo tiene derecho a defenderse.

  

Ya os lo dije: sed vírgenes prudentes y salir al camino con el candil encendido y aceite para alimentarlo, porque el esposo llega y se irá con las esposas que sepan complacerlo y desechará a las imprudentes.

  

Voy a estudiar un momento sobre lo anterior porque hay algo interesante que conocer y que pasa a la ciencia y a los jueces desapercibido, o no quieren entenderlo de propio intento. No es muy fácil ser juez; pero es facilísimo ser juez y sentenciar, porque los jueces están regidos por el código, como los confesores por la “Llave de oro” y otras letras; pero unos y otros cometen el error, apoyados en las letras sancionadas por cometedores de delitos que idearon artículos y más artículos en su favor y para sembrar la confusión y buscar el descargo de sus culpas; pero esto lo aclararé en el párrafo de los tribunales y los jueces.

  

Donde quiero fijarme aquí es en los abortos, infanticidios y casos de locura; porque lo que se refiere a los crímenes vulgares estaría sentenciado, cargando la pena de los que los cometen a los causantes; empezando de los pontífices hasta el último sacristán y desde el monarca o presidente hasta el último vigilante, y desde el general al soldado raso y sería verdadera justicia; porque, el crimen, debe pagarlo el que es causa de que se cometa. Y no es que los que voy a estudiar no tuvieran que pagarlos ellos también, sino que aparecerán otros culpables de esos otros crímenes; yo soy justo en hacer cargos aún contra mí mismo; y así nadie se ofenda del estudio recto, porque la verdad es amarga, pero cura como buena medicina.

   

El goce de la carne es una ley natural; pero es también una ley primordial para la procreación. Todos comen de la fruta; pero todos los que acuso rehúyen de pagar la fruta al jardinero; pero en especial, el hombre libertino que bebe el amor de la mujer y la abandona por no pagar los vidrios rotos que el patriarcado le impone. La joven que fue seducida, o la esposa que burló al esposo, siente en sus entrañas el aviso del nuevo ser; y como se le ha prejuiciado de un deshonor, mal aconsejada, atenta contra la vida de aquel ser por todos los medios. Consulta al doctor, a la comadrona, o al boticario o la adivina; y entre ellos encuentra un criminal que por unos centavos deshacen aquel ser que es obra de la ley suprema del Creador y quedan impunes en el 99% de los casos. Aquí hay muchos cómplices, pero hay un asesino; es el que dio la droga o el doctor que hizo el raspaje, fingiendo una operación necesaria. De estos casos suceden a millares hasta entre matrimonios, “porque se aumenta demasiado la familia, dicen, y ya no se puede atender por la carestía de la vida”. ¿Quién es culpable de todo esto? Si la mujer, después de ser fecundada no fuese abandonada, es seguro que no atentaría contra lo que concibió; y si no hubiera adivinas, ni boticarios, ni comadronas, ni doctores sin alma y sin conciencia, no se provocaría la muerte de aquel feto; estos desnaturalizados deben ser metidos en una jaula y expuestos en el parque zoológico en un día solemne y bastaría la pena; pero como todos estos (menos la adivina) pagan patente al gobierno y es de su profesión, no son perseguidos; y si lo son, tienen mil tarjetas de recomendación de otros criminales más altos que hacen sombra al Juez; y quizás, y sin quizás, la imposición será por el mismo Padre. Esto pasa y esto no es justicia, sino injusticia sobre injusticia; pero, en cambio, es descubierta la pobre sirvienta que tuvo comercio con el patrón (que es muy general) y ésta es cantada por el gacetillero de “madre desalmada” y pedirá castigo ejemplar. ¿Y el seductor no es culpable? ¿Y el estado no es culpable? ¿Y la sociedad no es culpable? ¿Qué educación recibió aquella mujer? ¿Quién la prejuició en el honor que le obliga a cometer el crimen?

   

El castigo de estos hechos lo merece toda la sociedad; castigar a uno solo, es injusticia; el menos culpable aquí es el que cometió el hecho; la madre. Más si se le separa de la sociedad, se comete crimen mayor y se coarta a la justicia divina que busca la ocasión para que aquella mujer cumpla con la ley y dé vida a aquel ser, que es como únicamente se le paga al Padre, porque él ha sentenciado en justicia y verdad diciendo: “Si odias, tendrás que amar”. “Si matas, al muerto resucitarás con tus besos”. Y sólo así se puede pagar esa deuda sagrada.

  

¡Oh, sociedad! ¡Oh, jueces! ¿Sabéis estas leyes divinas? ¡De qué otro modo sentenciarais si las supierais! Pero vuestra misión (hoy desgraciada) puede ser grande con este Código. Educar, dar ejemplos de virtud. Amar. He ahí vuestra misión y el mundo se regenerará; mas ya sé que predicaros a vosotros es predicar en desierto, porque de más arriba viene vuestra acción; pero sois así y todos responsables, porque, si tenéis conciencia y sabéis que es irracional y antinatural vuestra sentencia, no sirváis, que el campo es grande y le hacen falta brazos para trabajar y allí podéis ser buenos obreros y dar beneficio a la humanidad y gloria al Padre de Amor; y vosotros, todos los que cooperáis a quebrantar la sagrada ley de la procreación, ¡temblad por vosotros mismos!, porque la justicia del Padre será inexorable y en el mundo primitivo os serán arrancadas las entrañas más de una vez por animales carnívoros y sabréis al fin, por el remordimiento de la conciencia, lo miserable de vuestras acciones de hoy.

   

Otro punto interesante es la locura, enajenación o pérdida de las facultades, donde hay hechos horripilantes que no se pueden castigar porque no es responsable de sus actos; pero yo os digo  que hay responsables y es la ciencia antropológica que no entiende ni palabra de psiquis espiritual y que es precisamente la falta de desarrollo de facultades espirituales en el alma, por falta de educación moral y ambiente propicio que el espíritu debió encontrar; y como sólo encontró la falsedad, el error y aun la persecución personal por parte de la religión, de los poderes y de la ciencia médica, que se ha aferrado a la materia por imposición de la religión, que no ignora que ésta, viene para darle el mentis y hundirla para no levantarse más, ha monopolizado y prejuiciado todo, además de que la ciencia médica ya es de por sí materialista; pero cederá quiera y no, y si quiere ser ciencia, aceptará la parte espiritual que le pertenece, o nunca sería ciencia y siempre erraría. Por esto esa ciencia será entregada a hombres facultativos en la psiquis espiritual.

  

¿Quieren estudiar a un loco y son ellos mucho más locos por aberración y prejuicios que el enfermo, en la mayoría de los casos; han hecho mil autopsias al cadáver de un demente, pretendiendo encontrar en el cerebro la causa de la locura o de la enajenación, y nada; su cerebro no ofrece nada anormal y un solo caso debería haber bastado para encaminarse por otro sendero; pero sería confesar lo que no quiere confesar ni tragar; antes se ahogarán  que tragar la píldora de la verdad espiritista, porque no la han podido comprobar con medios materiales; si es espiritual, ¿cómo queréis sujetarla a la materia? Pero habéis visto fenómenos que no los puede producir la materia, y que, si se han producido, una causa hay; y esto basta el sabio para salirse de la materia y ahondar en su alma y en sí mismo encontrará la causa y ya estará en camino; pero no importa; yo he proclamado axioma al espiritismo, porque el espíritu es el Creador y éste es axioma. El espiritismo (queráis o no queráis) establece su reinado porque es luz, verdad y amor, y por él se llega a la sabiduría del Padre, demostrado en que, el espiritismo es su gobierno.

  

El espíritu, al reencarnar con facultades medianimicas, cuenta con que debe encontrar el medio ambiente a propósito para su desarrollo; llega a la edad en que debe desarrollarse y el ambiente le es contrario por la presión, el prejuicio y la ignorancia en que se le ha obligado a su persona y ve su prueba perdida; si no tiene grandes virtudes o bien sentado progreso; se exaspera y comete cuántos crímenes le vienen a la mano y la ciencia dice: “es irresponsable”; tiene razón; la materia, en ese caso, como en todos los hechos, es irresponsable; pero el espíritu no es irresponsable ante su Padre y sus leyes y tiene que pagar aquellos vidrios; pero como la justicia humana no puede castigar al espíritu, dice bien ser irresponsable; pero sabed que en todos los hechos de la vida es lo mismo; el autor es el espíritu, el actor la materia, y al castigar la materia cometéis una injusticia que habréis de pagar vosotros mismos en espíritu y materia. Pero en el caso de los hechos de la locura, la religión, la sociedad y la ciencia, son responsables por ellos, porque les han negado los medios de desarrollar sus facultades a sabiendas, porque nadie puede negar los hechos del espíritu, que son hechos naturales que la ciencia envuelve con el nombre de fenómenos y la religión con el de milagros, no siendo tales, ni menos misterio, que no existe ninguno para el espíritu, más que del axioma Creador en su ser sin formas, pero no en sus manifestaciones que son todas las formas y, por todas, la forma hombre

   

Hay otra clase de locos; los materializados; éstos son más incurables; pero son más responsables, porque generalmente se provocan ellos la perturbación, ya por las ambiciones, ya por un revés de fortuna o de familia los enajena, y éstos, ante la creación y ante los hombres, son responsables de sus hechos; pero, de todos modos, este delincuente, como todos, no lo sería si el régimen fuese moral. El castigo corporal es un crimen más que la sociedad se agrega al crimen de lesa humanidad que comete para todos con sus errores y ya sabéis dónde está la fuente del error; en el prejuicio científico y religioso; en la autocracia de la religión y en la plutocracia gubernativa y social, a quienes el Juez, desde este Código acusa al Padre y en su nombre condena al no ser a esas causas; mas no a los causantes, que son efecto; éstos seguirán viviendo y en los siglos se corregirán.

   

Moralizar la sociedad, empezando por moralizarse los poderes; matar la caridad hipócrita encubridora de la maldad de los que ejercen poderes y enseñar y dar todo por amor; pero no acaparéis lo que no os pertenece (y no os pertenece nada que no ganéis con el trabajo) y el crimen no existirá; porque el espíritu, en plena libertad, llega siempre al centro de la luz de su Padre y allí rememora lo que la opacidad de la materia le cubre; y en su conocimiento, se sobrepone a la materia y trabajan los dos al unísono, pero dirigiendo el espíritu a la materia, lo que hoy es al contrario, por los errores religiosos, científicos y sociales. Ahí está la fuente del crimen, sobre todo de los contenidos en este párrafo, entre los que, el aborto y las males artes para esquivar la procreación y al fin el infanticidio, es lo más horroroso que comete el hombre y la mujer; porque un crimen de otra naturaleza, aunque contrario a la Ley de Amor, cuando no es premeditado, tiene muchas atenuantes; pero los descriptos en este párrafo son siempre premeditados y sobre seres indefensos y esto es propio sólo de fieras, y para ello han de estar atacadas de la hidrofobia, si no, no los cometerán esas mismas fieras; lo que quiere decir que la humanidad, en su desequilibrio, ha llegado a ponerse por más bajo nivel que las fieras, y el mal está sólo en las religiones, cuyos individuos se desnaturalizan por sus votos que no pueden cumplir, porque la carne tiene su ley y esta ley es del Padre y oponerse a ella nadie puede; pero el prejuicio y la maldad les aviva para encubrir su mentida virtud.

   

No los acuso porque los célibes tomen lo que la ley de la carne les obliga; los acuso de que lo roban con deshonor y burlando la creencia que infunden y porque son los inventores de todo el mal que lamentamos; porque no se doblegan al trabajo único medio que puede moralizar y dar el bienestar a la humanidad; y como yo conozco bien al corazón humano, y sobre todo sé que los sacerdotes jamás se arrepintieron de sus hechos, el único medio que la humanidad tiene para moralizarse es, enterrar para siempre las religiones y no atender ruegos ni lloriqueos, porque ellos jamás perdonaron. “Juicio, pues, sin misericordia, a quien no usó de misericordia”, fue el lema del apóstol de España, y hoy que actúa como Juez, lo pone en práctica para curar la locura universal.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 
 
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