La comuna de los hijos de la libertad se impone urgente
- EMEDELACU

- 30 jun 2025
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La regeneración impone la comuna de los hijos de la libertad o de las madres sin esposo y las de los divorciados.
La sabiduría divina es tan grande, que aún del mal de sus hijos saca el bien para ellos mismos.
Al hablar de las casas de maternidad, que yo llamo de baldón, debía haber insertado este punto, como cambio de régimen de ellos; pero yo no puedo hacer leyes sin base firme y aquí le corresponde después del estudio de los prostíbulos y de los efectos naturales del matrimonio de imposición.
Mas es tan trascendental este punto, que él sólo es todo un régimen al que llegaremos dentro de tres generaciones a toda su grandeza, que es la verdadera comuna, y debo dar algunos puntos, aunque sea repitiendo partes ya descritas porque en mi amor voy a redimir al mayor número posible de las tres generaciones sentenciadas.
Los mundos y sus humanidades, todas han pasado por las mismas fases y vicisitudes que la tierra, y os lo mostré en el “Asiento del Dios Amor”. Todos los mundos y los hombres tienen el mismo origen y principio, y todos, por justicia, tienen el mismo fin; el progreso indefinido e infinito y la felicidad, cada vez mayor, conquistada por la sabiduría, a la que sólo se llega por la Ley de Amor.
Los mundos y las humanidades han tenido su día de justicia para entrar en la luz, después de seis días o epopeyas de trabajo, para en el Séptimo disfrutar de la paz y del amor en toda su grandeza, y por las leyes de afinidad, justicia e igualdad, se impone la Comuna, que siempre empezó por el reconocimiento de los “hijos de la libertad”, como yo los llamaré por un momento.
La tierra ha entrado en ese Séptimo día; la rigen las mismas leyes que a los demás mundos, y el Padre exige, en su amor, el reconocimiento comunal de todos los seres racionales, siendo el primer eslabón de esta comunidad estos hijos de la libertad que el orgullo, el prejuicio y la malicia deshereda en sus leyes sin razón.
Será un hotentote o un degenerado el que no vea en esto el máximum de la justicia y del amor igual a todos sus hijos; y si los hay descontentos, éstos se han sentenciado a salir de la familia de la tierra, que ya pertenece a la luminosa cadena de los mundos de dicha, donde la ley es el amor y el régimen, la Comuna.
Ya sabéis que los seres no vienen ni entran en el mundo porque sí; todos los seres vienen al mundo mandados por la ley suprema, a cumplir la parte de trabajo que todos tenemos que hacer para llegar al máximo del progreso; y siendo así, “ningún ser entra al mundo por la puerta falsa”, así como ninguno de los hombres entra de diferente modo ni con más prerrogativas; uno que otro.
Sea el príncipe o el pordiosero, todos lloran al ver la luz en la tierra; todos han sido engendrados del mismo modo; todos pasan la infancia y la juventud y todos anatómicamente, se componen de los mismos órganos, de las mismas substancias y todos sienten por igual las mismas necesidades.
Rigiendo la misma ley, sin cuyo consentimiento no viene ningún espíritu a tomar cuerpo, el nacer un ser de la mujer soltera no está fuera de la ley, porque la ley es de justicia; pensar de otro modo, es no conocer y aún negar la justicia divina.
La ley de afinidad es tan cruelmente exacta que no tiene para nada en cuenta la posición o el estado de los seres que tienen un cumplimiento en la procreación, porque la ley suprema no se sujeta a leyes caprichosas y de conveniencia de los hombres.
El pretender los hombres sujetar a leyes de conveniencia la procreación es oponerse orgullosamente a la ley de procreación que es el fin primordial de la creación de los mundos; y el no reconocer a los hijos de la libertad en el seno de la comunidad con el mismo derecho absoluto que todos los otros, es ignorancia de las leyes de la procreación; es orgullo de ignorantes legisladores; pero todo es hijo de los supremáticos de las religiones, causa principal del desequilibrio de los pueblos; porque hasta que no aparecieron éstas, los hombres se creían y eran naturales en todas partes y común el usufructo; y si se constituyó la familia y la tribu y el pueblo, fue por la afinidad y el amor.
Os he dicho en la forma, grandiosamente maravillosa, como el hombre apareció sobre la tierra y es la misma como aparece en todos los mundos; y en aquellas bolsitas verdes estaba el labriego y el monarca de hoy. ¿Seríais capaces (si nos fuese dado presenciar aquel acto) de designar en qué bolsita se encerraba el supremático, el emperador o el labriego? Seguramente no lo sabríais señalar, y ni el gorrión, que fue la primera partera (valga la frase) lo sabía; y con la misma igualdad rompió con su pico la envoltura de todos y dio los alimentos que la naturaleza le proveía, hasta que aquellos diminutos seres tuvieron valimiento propio.
A propósito, guardé este párrafo para insertarlo aquí cuando os descubrí la aparición del hombre sobre la tierra, y esto os explicará el por qué esta ave anida en la morada de los hombres y come del producto del hombre y de lo que come el hombre.
Ahora bien; aparecieron los hombres en la misma forma la primera vez en la tierra, como en todos los mundos, no solos y a capricho, sino en comunidad; y me falta deciros que todos los que aparecieron en cada tronco eran espíritus afines que ya venían en familia; pero los que aparecieron en la India, el Asia, África, América, Europa, o la Atlántida o en los continentes sólidos entonces, eran producto de la misma evolución metafísica (según la materia), y sus espíritus de la misma evolución metafísica de la causa única, del único creador universal y padre común.
Si la tierra y la naturaleza toda depositó en aquellas bolsitas todo el germen de la procreación imponiéndole la ley de multiplicarse, ¿dónde está la razón para no admitir sino a regañadientes y con desprecio a los seres que nacen de la mujer, que, cumpliendo la inexorable ley de la justicia, se hace madre por obra de varón que según la ley egoísta llamáis ilícito su nacimiento? ¿No estimaría mejor el monarca, el supremático y el poderoso, tener su procedimiento, aunque fuese de Lucrecia Borgia o de Cleopatra, que de las bolsitas salidas del tronco del árbol de la quina? Pues todos salimos en cuerpo en aquellas bolsitas, que encerraban el germen de la procreación; todos fuimos y nacimos después de aquellas bolsitas, de madres fecundadas por el varón, a quien no conocíamos y sí conocíamos a la madre; y todos podemos decir con certidumbre; ésta es mi madre, y no podemos jurar éste es mi padre, porque la ley de afinidad reúne las causas en el punto indicado en justicia y la ley de justicia cumple su deber, inexorablemente, riéndose de las leyes caprichosas que el absurdo y la ignorancia sanciona e impone.
Por lo tanto, todos los nacidos en la tierra somos hijos de la familia misma y tenemos las mismas obligaciones y derechos; y la constitución de la sociedad, tal como se encuentra, es contraria a la ley suprema y tiene al desequilibrio que se encuentra en su grado máximo.
La inmoralidad, así llamada por el uso de la materia de la que nacen los hijos de la libertad, está en las leyes egoístas y caprichosas que llevan el sello de la ignorancia absoluta de las leyes de afinidad y justicia. Inmoralidad es el abuso de tomar sin medida el amor de la carne y el burlar la ley de la procreación.
El matrimonio de imposición y conveniencia, consagrado bajo el prejuicio social y religioso, es la causa principal de los hijos de la libertad; y, por lo tanto, esas leyes que lo sujetan son atentatorias a la ley santa del amor, porque nadie puede obligar al espíritu a vivir con quien le es antipático y repulsivo; pero la ley los junta también para dar principio a la afinidad.
Por lo que, siendo los motivos del nacimiento de los hijos de la libertad efecto de un error común, se impone remediarlo por el esfuerzo común y con la ley común que es común a todos los seres y tiene su fundamento en la Ley de Amor.
Ante estas consideraciones, que no son hipótesis, sino axiomas derivados del único axioma Eloí, Padre Común y Universal, se impone en justicia, el reconocimiento de bienvenidos a los hijos de la libertad y tenemos la ineludible obligación de tratarlos con el respeto y amor que para nosotros quisiéramos, recogiéndolos a ellos y a las madres desde el momento que conciben, sin mirar si es hija del humilde obrero, ni si es hija del potentado o de un magistrado; su subsistencia es comunal, como será comunal su provecho. Cuando esto será, veréis pronto cerrarse las cárceles y los manicomios primero; los hospitales luego, por innecesarios y quedará planteada la Comuna que la nueva generación trae e implantará en toda grandeza, conforme a la ley del Padre.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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