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Joaquín Trincado

La caridad, lejos de ser una virtud, es un baldón

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 7 Min. de lectura
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En todo el Código no toqué más que una de las sentencias del apóstol Santiago; pero aquí me veo forzado a transcribir el Capítulo II de su epístola universal y veréis que habló hace 19 siglos como hoy sobre este punto, y si como apóstol fue una autoridad, hoy es apóstol y Juez del Padre y su autoridad es mayor.

   

Dice así:

  1. “Hermanos míos; no tengáis la fe de Jesús puesta en acepción de personas”.

  2. “Porque si en vuestra congregación entra un varón, que trae anillo de oro, vestido de preciosa ropa, y también entra un pobre de vestidura vil”.

  3. “Y pusierais los ojos en el que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: tú asiéntate aquí honoríficamente; y dijereis al pobre; estate tú allí en pie; o, siéntate aquí debajo del estrado de mis pies”.

  4. “¿Vosotros no hacéis ciertamente distinción dentro de vosotros mismos y sois hechos jueces de pensamientos malos”?

  5. “Hermanos míos amados; oíd: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman”?

  6. “Más vosotros habéis afrentado al pobre. ¿Los ricos no os oprimen con tiranía y ellos mismos os arrastran a los juzgados”?

  7. “No blasfeman ellos el buen nombre que es invocado sobre vosotros”?

  8. “Si ciertamente vosotros cumplís la ley real conforme a la escritura, amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”.

  9. “Más si hacéis acepción de personas, cometéis pecado y sois acusados de la ley como transgresores”.

  10. “Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y sin embargo se deslizase en un punto, es hecho culpado de todos”.

  11. “Porque el que dijo: no cometas adulterio, también ha dicho: no mates. Y si no hubieres cometido adulterio, empero hubieres matado, ya eres transgresor de la ley”.

  12. “Así hablad, y así obrad como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad”.

  13. “Porque juicio sin misericordia será hecho a aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia se gloria contra el juicio”.

  14. “Hermanos míos; ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle”?

  15. “Porque si el hermano o la hermana estuvieren desnudos, o necesitados del mantenimiento de cada día”.

  16. “Y alguno de vosotros les dijere: Id en paz, calentaos y hartaos. Empero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué les aprovechará”?

  17. “Así también la fe; si no tuviera obras, es muerta por sí misma”.

  18. “Más alguno dirá: Tienes fe, y yo tengo obras, muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras”.

  19. “Tú crees que Dios es uno; haces bien; también los demonios creen y tiemblan”.

  20. “Más, ¡oh hombre vano!, ¿quieres saber que la fe sin las obras es muerta”?

  21. “Abraham, nuestro padre, ¿no fue justificado por las obras cuando ofreció a su hijo sobre el altar”?

  22. “¿No ves que la fe obró con sus obras, y por las obras, la fe fue perfecta”?

  23. “Y la escritura fue cumplida que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado a justicia, y fue llamado el amigo de Dios”.

  24. “Vosotros, pues, veis que por las obras es justificado el hombre y no solamente por la fe”.

  25. “Semejante también Raab la ramera, ¿no fue justificada por sus obras, cuando recibió los mensajeros y los echó fuera por otro camino”?

  26. “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta”.

 

Ya lo veis; se os condenó hace 19 siglos, porque en vosotros están los dos extremos; ni tenéis fe ni tenéis obras. Y se os vuelve a condenar hoy sin misericordia, porque habéis aprovechado los medios de la máscara caridad para negar el amor y matar la fe y el conocimiento del verdadero Dios de Amor y libertad.

   

Mas hoy el Juez debe fundamentar su sentencia condenatoria, no porque seáis los magnates, reyes, papas, o tan encopetadas como hipócritas damas, porque no entiendo de posiciones, clases, ni razas; sino porque condeno el vicio y la maldad donde la encuentro.

   

El amor del padre no tuvo singularidad con ninguno de sus hijos; a todos por igual dotó de las mismas fuerzas, de los mismos órganos, de las mismas necesidades y todos fueron lanzados a la lucha en las mismas condiciones.

   

El principio de sabiduría ya he repetido muchas veces donde empezó; con ella, la holgazanería; ésta origina las maldades y los vicios, y tanto engendró, que engendró la imposición al trabajador, que cumpliendo la ley, no le queda tiempo para intrigar ni ofender; y tanto fue apretada la humanidad trabajadora y tanto fue despreciada y prejuiciada, que en su ignorancia y sumisión fue esclavizada, llegando los señores a disponer impunemente, hasta ayer, no sólo de las vidas y haciendas, sí que también de las hijas para solaz del señor-bestia, no comiendo más que algo peor que los perros de caza.

 

Hubo protestas que la inquisición y las persecuciones no fueron bastante a acallarlas, porque eran de los espíritus de progreso, que ya, sacrificados y subyugados muchas veces, habían encarnado para librar batalla y aún no asomaba la caridad en los bárbaros señores y sólo la compasión, pero compasión por necesidad para seguir ellos triunfando; les hacía conservar las vidas de los burros del trabajo; sus esclavos-hombres.

   

Las bacanales del Vaticano habían trascendido al mundo entero y el libertinaje no tenía límites en los dominios cristianos; los niños abandonados no tenían cuento, y un sacerdote, quizás con altas miras, empezó a recoger niños a mediados del siglo 17 y fundó una congregación de mujeres bajo el nombre de caridad; las miras fueron buenas, pero al ponerse bajo la férula de la iglesia, lejos de dar fruto sazonado, ha dado baldón para la humanidad y frutos sabrosos para la “bestia” iglesia, que en todo encuentra fuente de recursos óptimos. 

   

Apareció otro hombre mucho más fuerte que Paul y era un labriego; Juan de Dios; su obra era amor, pero no se podía pronunciar ese nombre, porque sólo el amor se comprendía en la carne y también caridad se invocó; llevando, uno y otro caso, consuelo a los afligidos.

  

La iglesia apócrifa elevó la caridad a título de reina de virtudes y por ella se perdonan todos los pecados, hasta el estupro, las veleidades de los linajudos y libertinos, y, sobre todo, el acaparamiento y usurpación de lo de todos, bastando dar un poquito de lo robado a la iglesia que patrocina el latrocinio, puesto que ha llegado al colmo, estableciendo una “bula de composición”, cuyo contenido sólo debería haber bastado a los estados para destruir la obra de los pontífices, si los gobiernos no fueran los parias y encubridores de la religión, a la par que feudos y necesitar todos ellos de la absolución de esa bula.

   

Como la caridad todo lo perdona (por el dicho de la religión) bajo su sombra, se está autorizado a cometer todas las fechorías, en perjuicio de toda la humanidad, y la caridad es invocada por el verdugo en el patíbulo.

   

Pues bien: todo eso es la traición más descarada a los santos principios del Creador, que impuso el trabajo por ley de progreso y el amor desinteresado como el suyo por lazo entre todas las humanidades y la más estricta igualdad en el usufructo, como nos los demuestra en las cosas que al hombre no le es dado variar, como la luz y el calor, el nacer y morir, y, por lo tanto, todo lo que no es cumplir esos santos e inmutables principios es faltar a ellos; y pues la caridad es el manto de la hipocresía y perdona lo que el mismo Creador no puede perdonar porque no sería justo si perdonara sin pagar las deudas al hermano, y porque dejaría de ser inmutable quebrantando la ley de justicia y quitando el valor sumo que tiene al amor; la caridad, bajo el dogma religioso, es la negación absoluta del Dios Amor y el baldón de la humanidad, sus hijos, que por ser tales él es su herencia.

   

¿Habéis visto… caritativas… damas, filántropos… caballeros, lo que es y lo que os hacéis con la tan cantada caridad? No; la humanidad no necesita caridad que la envilece y acusa de ladrón al que da la limosna, que es lo que entendéis por caridad; yo cambiaría antes del régimen comunal (sólo por un año las cosas) y convertiría ricos a los pobres y pobres a los ricos, si pudiera ser en las condiciones duras y reñidas en  que hoy se encuentra la humanidad para que sintierais el escalofrío y la indignidad que siente el hombre al recibir la limosna y veríais si erais capaces de la virtud del trabajador, en luchar tantos siglos bajo el despotismo y desequilibrio de hoy.

   

Pero no, no es necesario; basta que meditéis los cuadros que se os ofrecen en este Código y acatarlo por vuestro bien.

   

Yo traigo la dulce comuna, en la que nada le faltará a nadie, en la que todos son iguales en trabajo y usufructo; en la que ninguno comería un confite sabiendo que su hermano no comía otro; en la que el asueto es para todos, la alegría para todos, la ley la misma para todos en la que en ninguna parte se es extranjero, pero en todas se tiene trabajo y usufructo; en la que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre y el libertinaje es muerto, porque el amor es el que reina.

   

Esta es la Comuna que rige a los mundos de luz desde el día de su juicio final y la tierra lo sufrió y entró al grado del Séptimo día y queda proclamada en nombre del Dios de Amor, que, como en todo el universo, lo llamaremos Eloí, y es establecida bajo la dirección del Espíritu de Verdad y lo publica en su nombre su representante, en autos de Juez.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 
 
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