Juan y Jesús no son hombres sobrenaturales
- EMEDELACU

- 14 dic 2024
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En el primer párrafo de este capítulo hice memoria de Juan el solitario, hoy (el bautista) gracias a que bautizó a Jesús, dicen: yo he dicho lo que realmente fue y está comprobado con las leyes y costumbres de aquel su pueblo; pero lo llamaré el “bautista”, porque así lo conocen la mayoría de los habitantes de la tierra y cuyo espíritu vivo me acompaña desde que lo encontré predicando al Dios mismo de Amor; y digo vivo, autorizado por la Iglesia Católica que lo celebra pomposamente en su natalicio y hasta los chiquillos saltan y he saltado yo, por encima de las fogatas que se encienden el 24 de junio gritando “Viva San Juan” y, estas tradiciones miradas fuera del fanatismo, suelen representar en la mayoría de los casos las verdaderas historias de los hechos, o fechas de recuerdos que los beneficiados rememoran, como sucede con las navidades o nacimientos de Jesús, que yo he visto que no fue cuando lo celebran.
Aquí debería estudiar la genealogía y hechos de la infancia de estos…. Reformadores y aun de sus padres, pero en aras de la brevedad para llegar más pronto a desliar la madeja intrincada que me envuelve, diré en pocas palabras lo que se lee en los evangelios y otros libros llamados santos, sin renunciar (si así me da lugar la marcha de mi estudio) a indagar la verdad documental, la tradición, o la mayoría de la opinión libre o sensata que piensa con la razón lógica; pues bien merecen estos preclaros hombres y mártires de su convicción, colocarlos en el lugar que les corresponde dentro de la verdad.
De Juan, nos dice la escritura evangélica, que fue hijo de Zacarías y Elizabeth, ambos ancianos y ella estéril, que le fue anunciado a Zacarías por el Ángel Gabriel, estando Zacarías quemando incienso en el altar, desde cuyo momento perdió el habla hasta que nació Juan, el cual sería “el mayor de los nacidos”. Que Elizabeth se encerró durante cinco meses como avergonzada y que, en el sexto mes de su embarazo, fue a visitarla su prima María, esposa de José, que llevaba en su vientre concebido, a Jesús, hijo de Dios, por obra y gracia del Espíritu Santo; y que, al verse las dos mujeres, saltó Juan en el vientre de su madre. Nació Juan y no sabemos mas de el por el Evangelio, hasta encontrarlo predicando y bautizando a las gentes y siendo consultado por los escribas y fariseos hasta que muere degollado.
De Jesús nos cuentan hasta sus más pequeños incidentes; nos lo hacen ver nacer en un portal y por cuyo fausto, Dios pone en juego todos los medios de su grandeza y poder y hace como hablar a los astros, pues dirige los esplendores de una estrella, hacia oriente y tres reyes saben leer en ella lo raro del suceso y la siguen hasta llegar a Belén donde adoran al niño Dios y le ofrecen oro, incienso y mirra y, Herodes, el rey, de miedo a que le quitase el trono aquel pobre harapiento que nació en un establo, hizo degollar a todos los niños de Belén y sus cercanías; pero José es avisado por el ángel con tiempo y burla a Herodes yéndose a Egipto con el niño, no volviendo hasta que desapareció el peligro; en Belén cantaron los ángeles, los pastores le trajeron leche, miel y manteca; le vemos luego a los tres años (en otro sitio dice a los doce) disputando con los doctores de la ley y, se les perdió a José y María; después le vemos en una predicación y curando paralíticos, dando habla a los mudos, vista a los ciegos y resucitando muertos; al fin, Dios su padre, ya tenía sed de sangre y consintió en la inmolación de la víctima propiciatoria y lo vemos cargado con la cruz y crucificado ¡que barbaros! ¡Un hombre que había dado de comer a mas de cinco mil hombres con cinco panes y dos peces!... y, por fin, ¡cómo no iba a suceder! ¡Resucitó! Y se llevó su cuerpo al cielo con heridas y todo.
Pero dejemos toda esta enredada madeja que en 19 siglos no ha sido desliada si no más enredada, hasta el punto de no verse el cabo por ninguna parte, pero que yo trato de encontrarlo, porque llevo por guía mi razón: y aunque sea a costa de la amputación de muchas cosas que encubren la verdad, he de dejar al descubierto el tronco creado por la semilla que sembró el creador, en el germen del ser racional; semilla de amor, porque amor es la ley y no habían de arraigar solo la semillas malas que han creado tronco por nuestras inclinaciones materiales y porque la maldad crece y florece en cualquier terreno; si no que también la semilla buena ha debido arraigar; pero como esta no puede ser planta silvestre y hay que cultivarla en tierra a propósito, es costosa y se descuida, porque aun no sabemos apreciar su valor, porque la buena semilla da frutos de amor y el amor es humildad, justicia, libertad, igualdad y fraternidad y esto, cuesta obtenerlo con sacrificios de la voluntad propia, del amor propio, del egoísmo positivista y del orgullo. Es por esto que no se encuentra con facilidad, terreno a propósito para cultivarse la buena semilla; pero la causa ha de desaparecer con el conocimiento del asiento del Dios de amor; y con este conocimiento, los cultivadores de la ley de amorserán multiplicados sobre las hojas de las malas hierbas creadas por las malas semillas.
Con esta consideración, voy a sentar un principio lógico racional.
Dios (entendiendo el Creador del Universo) solo pudo crearlo por amor, dando ese amor como ley, que imprimió en cada germen de las cosas, para que se desarrollara según su género y especie; siendo esta ley invariable de una duración como la de él mismo y progresiva hasta la perfección relativa de las cosas, nos reasumió en la ley de amor, todas las otras leyes: es decir, que nos dio el amor por guía: y es así, pues lo enseña en libro abierto en todas las cosas que nos rodean; nuestra ignorancia es, no saber leer ese libro; y si algo deletreamos, lo interpretamos con los ojos fijos en la materia, es decir, superficialmente; ahondemos en solo las funciones de una hormiga y quedaremos sabios, pero avergonzados de nuestra incuria; tenemos pues que, si amor fue nuestro principio, amor es nuestro fin. Luego para llegar al fin, debemos contar con los medios y, estos medios no pueden ser restringidos; luego si no pueden ser los medios restringidos, (porque la restricción sería un obstáculo) tenemos plena libertad, o sea libre albedrío sin el cual, no existiría el progreso impuesto en la ley general y universal.
Sentado este principio racional, lógico, tenemos; amor, semilla; doctrina, raíz; ciencia, experiencia; sociedad y estado, tronco, progreso, fruto; ya, con este principio, no es aventurado afirmar que encontraré al autor de la Ley de Amor. Sigamos.
Libro: Buscando a dios y asiento del dios amor
Autor: Joaquín Trincado
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