Jesús de Nazaret
- EMEDELACU

- 14 dic 2024
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En el mismo tiempo que Juan predicaba en las riberas del Jordán, apareció en Jerusalén, otro predicador; éste, llamado Jesús, hijo de un humilde carpintero de Nazaret y de una joven mujer llamada María, del valle de Jericó; sus doctrinas eran de amor y libertad y por esto, revolucionarias. Pedro predicaba a los pequeños, a los humildes y más de una vez se revolucionaron las masas populares; pero como dominaba Roma en lo que se refería a la administración y política, los sacerdotes, de derecho, sólo tenían el culto del templo y la religión, le fue fácil esquivar la persecución de los sacerdotes al principio y porque aun casi era un muchacho; pero llegó a ser hombre y sentaba cátedra entre los oprimidos: los sacerdotes, temerosos de que descubriera su inicuo comercio como empezaba a hacerlo, no lo perdonarían y encontrarían motivo para acusarlo; y, falsa o justa su acusación, la encontraron y se vengaron del modo más bárbaro, aunque fuese contra toda ley.
Este hombre, fuese porque estaba de acuerdo, fuese porque la providencia así lo dispusiera, no se manifestó de lleno ni tomó el sobrenombre de “hijo de Dios”, hasta después de la muerte de Juan el Solitario; y éste, había dicho que era el precursor del Mesías; ¿Juan era profeta? ¿Era el precursor que preparaba los caminos? ¿Cómo lo sabía? Hablaba, quizás, por las escrituras. Pero aunque hablara por las escrituras ¿no es algo admirable que él anunciara al otro sin haberlo visto ni oído? Porque esto, lo anunció antes de haber sido visitado por Jesús; y, esto, obliga a creer que ambos espíritus, habían partido al mismo tiempo del centro de las almas, con el mismo fin, y con su clarividencia, sabía el uno, que estaba el otro. Llegó un momento en que Jesús debía salir de Jerusalén, porque la persecución contra él ya se había iniciado y salió por las aldeas y ciudades y empezó a tomar discípulos y no constituyó domicilio fijo; pero era dotado de un gran poder magnético y de mayor espiritualidad y empezó a señalarse con algunos fenómenos, que aunque son naturales, no es dado a todos comprenderlos y, las palabras prodigio y milagro, llegaron a todas partes; pero los milagros, no los ha podido hacer Jesús, porque son contra la ley universal de las cosas y porque, Dios no tiene necesidad de hacer y deshacer sus cosas y sus leyes; recordemos el hecho de que Moisés echase luz o fuego de ojos, boca y cabeza y estará comprendido el secreto.
Como la fama de Juan se había extendido por toda aquella tierra, Jesús fue a las riberas del Jordán y no a bautizarse; pues yo sé, que las abluciones no significaban el bautismo y Jesús era circuncidado; pero tomó abluciones y se las dio Juan, como a la mayoría de los judíos que allí iban a cumplir la Ley de la purificación. Es la primera vez que se vieron y hablaron de su misión, recibiendo Jesús, con fervor, los consejos de Juan; la segunda vez y la última, fue estando Juan en las prisiones, que Juan le había mandado aviso por sus discípulos y Jesús fue y se supo arreglar para entrar y allí recibió su testamento y sus discípulos en herencia. Juan le dio prisa a Jesús y le confirmó en poder llamarse “Hijo de Dios”, desde cuyo momento se tituló, hasta entonces, no lo invocó porque así convenía a sus obras. En su lugar trataremos este asunto; ahora sigamos a este hombre con atención, no como interesados sino como jueces imparciales y veamos si en sus doctrinas, encontramos las que yo sostengo y entonces, soy seguro de encontrar a nuestro Dios en su asiento, pues será otro jalón sobre el que Juan me dejó.
A sus discípulos les decía: “A mí me llamáis maestro y señor; pues aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.
“Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”
“En verdad os digo, que améis a vuestros enemigos”.
Grandiosa enseñanza: cada versículo es un libro de amor y de ciencia; pero para examinar la importancia de las doctrinas de Jesús voy a extractar, íntegro, su primer discurso a las multitudes, que tomo del Evangelio de San Mateo; pero advierto, que se ve la mano extraña, o una mala interpretación, y que he comprobado, que se escribió 12 o 14 años después de Jesús en Sirio caldeo , con los datos de este apóstol pero razones en la esencia y no en la letra; es el capítulo V y dice:
1. “Y viendo Jesús las multitudes subió a un monte y sentándose él se llegaron a él sus discípulos”.
2. Y abriendo su boca les enseñaba diciendo:
3. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4. Bienaventurados los tristes, porque ellos recibirán consolación.
5. Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra por heredad.
6. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán hartos.
7. Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.
8. Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
9. Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos.
11. Bienaventurados sois cuando os maldijeren y os persiguiesen y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
12. Regocijaos y alegraos; porque vuestro galardón es grande en el reino de los cielos; que así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.
13. Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal perdiese su sabor, ¿Con qué será salada? No vale para nada, sinó que sea echada fuera y hollada por los hombres.
14. Vosotros sois la Luz del mundo; la ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder.
15. Ni se enciende la Luz y se pone debajo del almud, si no en el candelero y alumbra a todos los que están en casa.
16. Así pues, alumbre vuestra Luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a Dios nuestro padre que está en los cielos.
17. No penséis que he venido para invalidar la ley y los profetas: No he venido para invalidarlos, sino para cumplirlos.
18. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra ni una jota ni una tilde perecerá, sin que todas las sean cumplidas.
19. De manera que el que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñaré a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciese y enseñare éste será llamado grande en el reino de los cielos.
20. Porque yo os digo: Que si vuestra justicia no fuese mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
21. Oísteis que fue dicho a los antiguos; No matarás, más cualquiera que matara estará expuesto a juicio.
22. Yo, pues, os digo; Que cualquiera que se enojase sin razón con su hermano, estará expuesto a juicio; y cualquiera que dijere a su hermano “raca” estará expuesto al concilio; y cualquiera que dijere a su hermano, insensato, estará expuesto al fuego del infierno.
23. Por tanto, si trajeres tu presente al altar y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar y ve a tu hermano.
24. Vuelve en amistad con tu hermano y entonces ofrece tu presente.
25. Ponte de acuerdo con tu adversario presto, entre tanto que estas con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al ministro y seas echado en la prisión.
26. De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado el postrer cornado.
27. Oísteis que fue dicho a los antiguos; no cometas adulterio.
28. Yo, pues, os digo; cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón.
29. Por tanto, si tu ojo derecho te fuese ocasión de caer, sácale y échale de ti, que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no todo tu cuerpo sea echado en los infiernos.
30. Y si tu mano derecha te fuese ocasión de caer córtala y échala de ti, que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no todo el cuerpo sea echado en los infiernos.
31. También se ha dicho: Cualquiera que despidiese a su mujer dele carta de divorcio.
32. Mas yo os digo: Que el que despidiese a su mujer, a no ser por causa de fornicación hace que ella adultere; y el que se casare con la despedida comete adulterio.
33. También oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás tus juramentos.
34. Pues yo os digo no juréis en ninguna manera ni por el cielo que es el trono de Dios.
35. Ni por la tierra que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey.
36. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro.
37. Mas sea vuestro hablar. Sí, sí. No, no, porque lo que es mal, del mal procede.
38. Oísteis que fue dicho a los antiguos; ojo por ojo y diente por diente.
39. Mas yo os digo que no resistiréis al mal; Antes, a cualquiera que te hiere en tu mejilla derecha vuelve también la otra.
40. Y el que quisiera ponerte a pleito y tomarte tu ropa, déjale también tu capa.
41. Y a cualquiera que te forzare a ir una milla ve con él dos.
42. Al que te pidiere dale y al que quisiere tomar de ti prestado no le rehúses.
43. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
44. Yo pues os digo; amad a vuestros enemigos; bendecid al que os maldice, haced bien a los que aborrecen y orad por los que os calumnian y persiguen.
45. Para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos: que hace que salga el sol sobre buenos y malos y llueva sobre justos e injustos.
46. Porque si amareis a los que os aman, ¿qué galardón tendréis? ¿No hace también lo mismo los publicanos?
47. Y si saludaseis a vuestro hermano, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también esto los publicanos?
48. Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto[1](1).
Grande es la elocuencia que habla al corazón y más especialmente al alma: profunda y amorosa es esta doctrina expuesta en el programa que antecede, que es el primer discurso dicho por Jesús para dar comienzo a su obra humanitaria y redentora. Pero este programa es la antítesis de la religión judía y con este programa en una mano y las leyes deprimentes de los sacerdotes en la otra, se ve, que Jesús, se ha sentenciado a muerte él mismo. Quizás sea la última víctima puesto que abre los ojos al pueblo y le enseña el amor que debería iluminar su entendimiento; buen heredero dejó el solitario Juan: los dos, en sus palabras, dan la esencia de la ley, que en mármoles está escrita y encerrada allá mismo donde predican en el templo de Jerusalén. Yo estoy satisfecho del encuentro con ellos, pues estoy en la posesión del camino para encontrar a mi Dios de Amor. Pero vamos a oír desarrollar su programa a Jesús, siguiéndolo en algunos discursos más, escritos con el nombre del mismo apóstol.
[1] Los versículos marcados con una estrella, y aún algunos más, es dudoso que puedan haber sido dichos por Jesús: Se nota bien el sentir extraño de los intérpretes o simplemente mistificadores.
Libro: Buscando a dios y asiento del dios amor
Autor: Joaquín Trincado
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