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Joaquín Trincado

Inhibición y voliciones de la voluntad

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 4 Min. de lectura


Se ha comprobado que, existe un poder moderador de los movimientos, pudiendo éstos ser modificados o impedidos: a dicha facultad la denominamos inhibición y es perceptible en muchos movimientos reflejos aun entre los animales.


Desde luego, los centros materiales inhibitorios residen indudablemente en el cerebro, habiéndose demostrado que, en ciertos animales decapitados falta la inhibición siendo sus movimientos reflejos, más enérgicos e irregulares, que en los animales sanos.


Lo mismo ocurre durante el sueño (en las pesadillas, por ejemplo) en que casi desaparece ese poder moderador del cerebro; lo que indica claramente que, el tal poder moderador, puede residir en el cerebro; y entonces, no conociendo otro agente inteligente que el espíritu, es este, ese poder moderador y no puede ser, que así no sea.


Pues bien: a la inhibición de los movimientos reflejos, corresponde una suspensión en otra clase de movimientos; sólo que dicha suspensión no modifica ni detiene el efecto de una excitación centrífuga. Por el contrario, la suspensión es producida por la misma excitación, cuando ésta tiene que recorrer nuevas vías nerviosas.


Supongamos una excitación central, determinada por sensaciones complejas o bien por un estado emocional: en este caso, no existiendo la vía abierta de la acción refleja, se producirá una detención hasta que la excitación propagada por vías adecuadas a la necesidad originaria, produzca un movimiento más o menos complicado. Mas tal suspensión, por breve que sea, habrá sido suficiente para determinar un estado de conciencia.


He ahí la naturaleza Psicológica del movimiento voluntario, a causa únicamente del espíritu, pero obrando por su máquina orgánica con todos sus sistemas a lo que llamamos volición o acto de voluntad; la que, sólo puede ser del yo inteligente reflejado en la conciencia.


Más aún: el movimiento voluntario se entiende así, por ser un acto de la voluntad; lo que quiere decir que no sigue instantáneamente a una excitación que lo provoca, sino después de una suspensión momentánea acaso, pero suficientemente larga para adquirir un principio de conciencia, que se anticipa al movimiento mismo quizá; pero seguramente se anticipa a los efectos, que podemos prevenirlos y aun esquivarlos muchas veces.


Y es porque, mientras en la acción refleja la excitación centrífuga está unida naturalmente a la centrípeta; en la acción voluntaria se une por la experiencia; o sea mediante procesos repetidos y análogos al de la localización perceptiva. Lo que equivale a decir que se les ha celebrado un juicio de conocimiento.


En efecto: para que el movimiento voluntario resulte perfecto, es necesario localizarlo previo conocimiento de la periferia del cuerpo, debiendo la onda de la excitación motriz, correr paralelamente a la onda refleja perceptiva, quedando establecida la conexión entre las sensaciones y las voliciones.


Por consiguiente, las sensaciones y las percepciones sirven de guías de los movimientos voluntarios.


Pero en las voliciones, aparece un fenómeno de inervación central que no existe en los movimientos reflejos, cuya conciencia es simultánea con la ejecución del movimiento o posterior a éste.


En efecto, se siente un esfuerzo genérico de la actividad central, como una especie de sentimientos de iniciativa de los movimientos voluntarios y antes de que estos se relacionen.


Siguiendo el juicio del examen de los caracteres de los actos de la voluntad, Voliciones, encontramos que: si el movimiento voluntario está en la conciencia del agente antes de ser ejecutado, o lo que es lo mismo, que, si lo tenemos en calidad de movimiento ideal, es por que tenemos un fin o efecto conocido o establecido por el mismo agente en forma de imagen mental.


Lo que quiere decir que, la volición puede ser también definida como un movimiento previsto y establecido por el que formamos el sentimiento, para conseguir un efecto también previsto o establecido.


Entonces el fin o efecto previsto y establecido importa necesariamente la existencia de un antecedente, que ha de ser un estímulo externo, por que esto, es la primera condición de una volición y es sólo a causa del querer.


Tenemos pues, dos elementos internos: Motivo, y fin o efecto, asociados en la conciencia por una relación de causalidad que conocemos, causa y efecto.


La reflexión, sin embargo, no se detiene ordinariamente en el primer escalón de una relación de causalidad, si no que hace el primer efecto de aviso inmediato a la volición: y ésta, puede ser causa de nuevos efectos, los que, a su turno, generan otros más remotos.


También estos efectos, pueden ser previstos en forma de imágenes mentales y son las consecuencias eventuales del acto de la voluntad.


Resumiendo todo el argumento precitado tenemos que, son tres, los elementos de la volición en su estado de conciencia: motivo, fin y consecuencia, que descansan en los siguientes puntos, leyes o reglas.


1°. El poder moderador de los actos de la voluntad, solo corresponden al espíritu.


2°. Los centros inhibitorios, son todos de los tres sistemas del organismo.


3°. Los actos de inhibición ocasionan un estado de conciencia que producen la volición.


4°. La volición es siempre un acto Psicológico del espíritu, manifestado por el organismo.


5°. La localización volitiva, es por el estado de conciencia formada por las emociones sensacionales.


6°. La sensación y la percepción sirven de guía para las voliciones; es decir, del querer, y


7°. La volición es una causa que, teniendo un motivo, persigue un fin que es la consecuencia.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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