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Joaquín Trincado

Filosofía Moderna; Spinoza y Leibnitz

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 23 may 2023
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 4 oct 2023



Spinoza (Baruch), de Amsterdam, 1632 al 1677. Tomamos a éste por ser de origen Israelita, para que en nuestros cursos no falte el pensamiento de todas las tendencias.


Spinoza, no tuvo tantos escrúpulos como los católicos-cristianos y se declara sin rodeos, Panteísta.


Para este hombre, “Dios es la única realidad, la causa y substancia universal de todas las cosas y el fin supremo de la vida”, “Dios es la fuente de todas las existencias y de la que derivan todos los seres: mientras que las cosas careciendo de substancia y realidad por sí mismas, no son más que determinaciones o modos de la substancia universal y primera”.


De donde se desprende claro que, siendo Dios la única causa, resulta que todas las cosas bajo la forma materia, como todas las ideas ocasionadas por el espíritu, son determinadas, asociadas y coordinadas por dicha substancia universal.


Condensa Baruch, toda su filosofía en esta lacónica sentencia: “El orden y conexión de las cosas, es igual al orden de las conexiones de las ideas”, lo cual es una ley científica y matemática.


Con esta sentencia, Baruch, abre camino a la ciencia materialista, en conexión con las ideas del espíritu, lo que es muy racional y no puede ningún hombre rechazar esa alta moral. Pero como obliga a ser abnegado, desinteresado y ser modelo de hombres, sólo pueden seguir esa pauta, los que tienen el grado de moral necesario.


Su convicción y moralidad, no es óbice, o traba, para que Baruch, se entre de lleno en el estudio de la naturaleza, fisiología y biología humana, para determinar que, “Existe en todo ser, una tendencia natural a persistir y conservarse, tomando el placer sin tener en cuenta el Dolor; y es que, como sentó Schopenhauer, “La conservación de la especie se impone con invencible tiranía”: por lo que Spinoza determina secamente, “La libertad no es más que una ilusión, producida por la ignorancia de las causas que nos hacen obrar”.


Es verdad; no existe la libertad en la sociedad, desde que hemos de vivir bajo leyes y reglamentos; y, el libre albedrío, es más ilusión todavía, desde que hay una ley inflexible que nos somete.


Pero es también verdad que, así como podemos disfrutar de la libertad en la sociedad cumpliendo las leyes que nos dictamos, del mismo modo obtenemos el libre albedrío, no poniéndonos en contra de la ley que nos domina, porque es ley de Amor.


La pureza de estos principios de Baruch, no puede entrar en todas las conciencias y ha de tener su contrario, que será forzoso que sea un gran sabio; y Guillermo Leibnitz, (1646 al 1716), inventor del “Cálculo diferencial e infinitesimal”, geómetra, historiador, filósofo, filólogo, jurisconsulto, diplomático y político; es decir, una enciclopedia, es Leibnitz, digo, el que se pone de frente a Baruch.


Ya conocemos un caso similar, aunque ahora no serán los resultados del juicio de Sócrates.


Para rebatir a Sócrates, es necesario un jurado de más de 500 jueces: para rebatir a Baruch, es necesario un Leibnitz con todo ese arsenal de títulos equivalentes al juzgado de Atenas.


Leibnitz, con todos esos títulos quita a Dios “La extensión intangible” y la coloca en los cuerpos, bajo el nombre de mónada: elemento indivisible, simple y substancial y causa de sí mismo.


Esto sería una blasfemia, sino se desdijera en la misma oración, con “Las mónadas constituyen el número sin ejercer acciones recíprocas, y obedeciendo únicamente a una armonía preestablecida por Dios”:.. esto es lo mismo que aquél que se hiere por la satisfacción de curarse. Aquí ha desmentido Leibnitz, todos sus títulos.


Veamos a ver si se corrige él mismo: dice “De este modo queda resuelto el problema metafísico de la unión del alma, con el cuerpo; o sea de la mónada espiritual, con las mónadas del organismo". Aquí hay un absurdo mayor que el primero. Pero sigue: “Como las mónadas carecen de extensión y duración, las ideas de espacio y de tiempo, se reducen a abstracciones y considero el espacio, El orden de las existencias y el tiempo, el orden de las sucesiones”. Con lo cual Leibnitz, se ha confesado escéptico y se ha hecho un ovillo con sus tantos títulos.


Es tan pronto Ecléctico, como Eleático; y empieza con Platón, para agarrarse luego a los dogmáticos, no demostrando una idea firme y constante.


En el estudio de la Gnosis (Conocimientos), llega a reconocer la existencia innata de principios formales y constitutivos de la inteligencia, como el de “La razón suficiente” a los cuales debe amoldarse todo conocimiento adquirido, por medio de la experiencia, sentando que, nada hay en el Intelecto, que primero no esté en el sentimiento” lo que no es así, sino, nada puede llegar al sentimiento, si primero no está en el intelecto.


Entre Baruch y Leibnitz, hay la diferencia del espíritu a la materia, de la luz al crepúsculo; pero Leibnitz era necesario para dar más valor a las terminantes sentencias de Baruch; mas Leibnitz, dio su apoyo al materialismo, mientras Baruch, labra una piedra valiosa al espiritismo, pues éste, no reconoce abstracciones, ni aun en el estudio del Dios único y nos las hay: lo que hay es, grados escolares.


Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)

Autor: Joaquín Trincado



 
 
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