Filosofía italiana moderna; Giordano Bruno
- EMEDELACU

- 24 may 2023
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 mar 2025

Filosofía italiana moderna; Giordano Bruno
También hemos tocado a este hombre más atrás; pero es de necesidad darle su párrafo especial aquí, para probar que el creador mandó a Italia sus más preclaros y fuertes obreros, para que no pueda aquel pueblo acusar a la ley ni él excusarse de que enfrente de sus concupiscencias no se le haya predicado la verdad, aun a costa de la vida de esos misioneros, como queda probado por la condena de Galileo, la muerte de Juanucho y la de Giordano Bruno en la hoguera.
Valiente, audaz, luminoso y sin rodeos, se mostró Giordano en su destierro y en el claustro, no consiguiendo hacerlo callar ni entre las llamas de la hoguera que lo consumió.
¿Sus principios? Copiemos este trozo de un diálogo habido entre Giordano y su compañero, también Fraile, el padre Bonifacio que antes que Giordano también fue quemado, porque abrazó las ideas de su colega:
P. Bonifacio. — ¿Habéis retirado las Imágenes?
Giordano. — ¡Ah! Sí.
P. Bonif. — Os habéis perdido.
Giord. — Será el Padre Palermo quien trata de perderme; no los Santos.
P. Bonif. — ¿Lo decís con esa sangre fría?
Giord. — No quiero imágenes en mi celda que son objeto de idolatría. Que la purifiquen cuando quieran, pero que dejen en paz a los santos; que los dejen morir en un rincón el sueño de la materia.
P. Bonif. — ¡Jesús! ¡Dios mío! ¿Qué daño os hacen?
Giord. — Fuera de mi vista; no quiero ninguno.
P. Bonif. — Los santos constituyen la corte celestial.
Giord. — Mi corte celestial es otra…; ponga las miradas arriba, en el firmamento, no en las paredes de ninguna celda. Fíjese en aquellos puntitos luminosos. Son esferas brillantes... Son… Astros… Son Mundos… Allí reverbera el espíritu de Dios. Aquella es mi corte celestial.
P. Bonif. — Rendid culto a esa idea, pero que no tome expresión en vuestros labios. Haceos cuenta de que en cada santo contempláis un Astro, aunque así no sea.
Giord. — La verdad debe adorarse en su forma propia, que ha de ser también verdadera. Si ellos, los padres, no están conformes con mi corte celestial, que imiten mi conducta; que descuelguen las Estrellas y las retiren del firmamento. ¿Podrán?... y basta Padre Bonifacio. Aquí sólo hay un hecho meritorio y es el cariño que me profesáis, nacido de un corazón sinceramente piadoso. Adiós.
P. Bonif. — No hay forma de convencerlo…parece que su voluntad gira sobre un eje de diamante… ¿Quién le da esa convicción? Si son errores los que alimenta, ¿cómo no se estrellan ante la verdad que nosotros sostenemos? Dice bien que los astros que brillan en… ese… Cielo… no pueden descolgarse… Basta… Basta… el padre Giordano acabaría por convertirme a sus ideas… Y el padre Bonifacio aceptó las ideas de Giordano y muere quemado.
La condesa Fiorina ampara a Giordano, pero por la fuerza del inquisidor, ésta es arrollada y aparece como entregando a Giordano. Sigámosle en su último apóstrofe.
Giordano. — La condesa Fiorina vivirá eternamente en mi memoria, mientras haya un latido en mi corazón… Regocijaos. Inquisidor: Ya tenéis carne viva para darle alimento al fuego de vuestras hogueras…
P. Palau. — ¡Calle el Apóstata!
P. Dionisio. — Habrá que ponerle una mordaza.
P. Roca, inquisidor. — Al contrario… Ahora ya está en nuestro poder… déjenle que hable. Cada palabra que sale de sus labios, es un documento de herejía.
Giordano pronuncia su última palabra — Amordazaréis mi boca, mas ya no podréis impedir que se hable en todo el mundo de mi Doctrina: haréis que la muerte selle mis labios, pero no podréis borrar la verdad ya impresa en mis libros. Abrasaréis mi cuerpo, pero mi espíritu flotará sobre las cenizas. Escuchad mi profecía. Rodarán los siglos; los cadalsos que ahora levantáis, se convertirán en monumentos de Gloria… y los cuerpos que ahora devoráis por medio de las llamas, resurgirán por arte del genio, en mármoles y bronces… Rodarán los siglos y caeréis vosotros… el pensamiento será libre… Y la bestia del fanatismo, será expulsada para siempre de la conciencia humana… Vamos… y es puesto sobre la pira…
La condesa llega aún para tratar de salvarlo: ve que ya es tarde y en un arranque de justa ira, dice: Padre Roca… Lobo del hombre… ¡muere!, y le clavó su puñal gritando: “Justicia… Giordano… Justicia…” y rueda la condesa, al propio tiempo que Giordano expira.
¿A que filosofar? Sabed sólo que, Giordano, fue antes el autor de los Átomos, Demócrito, que había sido también la mártir Lucía; y que hace poco fue don Juan Alvarez de Mendizábal, que confiscó y expulsó de España a las órdenes monásticas. En cuanto a la condesa Fiorina, era (su espíritu) el mismo de la hermana de Demócrito, Demetria.
Filosofar mucho en estos puntos y pensar, que es posible que todos esos protagonistas estén de nuevo en la acción y que se cumple la última profecía de Giordano: “Y rodarán los siglos y caeréis vosotros y el pensamiento será libre”. “Y la bestia del fanatismo será expulsada para siempre de la conciencia humana”.
¿Habéis podido daros cuenta de la causa de la corrupción y fanatismo de Italia? ¿Puede borrarse del suelo Italiano ni la mancha ni la corrupción? Y si no puede, porque se infiltró en las capas de su Humus ¿qué tendrá que hacer la ley de las Armonías? Dos son los elementos purificadores: El fuego y el agua que la justicia divina utiliza sin odio y no como castigo al hombre, sino para ayudar al hombre en su progreso, cuando como ahora se hace conciencia de su error.
Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)
Autor: Joaquín Trincado
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