Filosofía francesa contemporánea; Política y Moral
- EMEDELACU

- 24 may 2023
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Actualizado: 4 mar 2025

Filosofía francesa contemporánea; Política y Moral
Tenemos como buen ejemplo la política moral de Platón, que al fin es la base de la moral cívica que hemos alcanzado y que ahora tratamos de limpiar el lodo que le han tirado los desesperados.
Pero vamos a registrar algunos puntos modernos de interés, para que la historia sea testigo acusador de los vicios conquistados por los sin espíritu. Los llamados filósofos franceses aceptaron y desecharon el Empirismo para pasarse al sensualismo y de este al materialismo ateo sólo en materia de religión y sentimiento; por lo que en materia de lo moral, era inevitable que cayeran en el más culminante egoísmo.
No han sido del dominio público (en escrito) las máximas egoístas de La Rochefoucauld y de La Bruyére, porque sólo se daban en las reuniones secretas o logias escondidas, pero que no dejaban de trascender algo, con gran escándalo; y tal habían de ser cuando Adrián Ellvecio, interpretando aquellas máximas, publicó su libro “El espíritu”, que para disimular, dijo en él: "El bienestar general consiste en obtener el bien propio, sin perjuicio de los demás".
Aquí no se ve maldad, pero el egoísmo está bien marcado; pues la moral verdadera de la máxima sería: El bienestar general consiste en obtener el mayor bien para todos. Su libro sin embargo, fue quemado por el verdugo; pero los libros no mueren aunque desaparezcan como volumen, porque no mueren los espíritus que siendo hombres los escriben y en archivo quedan y lo repiten y lo inspiran, y así se levantó Voltaire, que su buen consejo era: “Calumnia que algo queda”, al que siguieron Lecondat y Juan Jacobo Rousseau, los que ya dejaban preparada la hoguera que se encendería para templar las cuchillas de la guillotina.
Voltaire, sin embargo, sentó un buen principio, y es que “La libertad consiste en no depender sino de las leyes”; pero Voltaire debería saber que, para que las leyes sean capaces de dar la libertad al hombre, éste debe ser moral, para que la moralidad de las leyes estén en cada hombre. Porque no es que el hombre esté en la ley, la buena moral; sino que la ley esté en el hombre: sólo entonces puede haber una moral política y una política moral.
Para Montesquieu, las leyes son, “Relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas”, y entonces, si allí hay malas leyes, carecen de moral los hombres que las hacen.
Pero tuvo un final bueno al sentar; “La ley suprema de la humanidad, es la Razón humana a la que deben subordinarse las leyes primitivas, teniendo en cuenta para estas últimas la influencia del medio; pero es necesario la separación de poderes para su mutuo equilibrio político”; téngase presente que he calificado bueno ese final, humanamente; pero no así espiritualmente, porque la moral del espíritu, que es la unidad, está desconocida; por lo que, es sólo una medicina violenta que puede evitar la catástrofe momentáneamente, pero que no mata la enfermedad y, al primer motivo, resurgirá y matará al organismo.
El ejemplo lo tuvo Francia en su República, que no la dejó expandirse a sus vecinas llamadas hermanas Italia y España; sino que, aun quiso que esas naciones tuvieran reyes de derecho divino, como hemos visto por su compromiso de “La Santa alianza”; y como no se ha secado la raíz del egoísmo, ha retoñado frondoso y vemos sus resultados en la paz de París, que en vez de Paz, por los dos egoísmos extremados, ocasionan guerras, revueltas y descontentos, que aun no podemos predecir su alcance más que en el conjunto, que será el triunfo de lo desconocido precisamente en ese egoísmo, o sea La Comuna Universal sin fronteras y sin parcelas, en la que la ley estará en los hombres y no los hombres en la ley.
Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)
Autor: Joaquín Trincado
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