Filosofía francesa contemporánea; El Sensualismo
- EMEDELACU

- 23 may 2023
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Actualizado: 4 mar 2025

Filosofía francesa contemporánea; El Sensualismo
Ya necesitamos aclarar este vocablo, que en su primera acepción Etimológica, es diferente a la representación filosófica que se le ha dado.
En filosofía en este caso, decir que uno es sensualista, quiere decir, que estudia o profesa los principios de esa escuela, que basa en los sentidos o sensaciones, el origen de las ideas.
Como la sensación es una impresión de las cosas que tocamos o poseemos, diríamos en perfecta representación en vez de sensualismo, Impresionismo.
Expuesta esta verdad Etimológica y filosófica, debemos también pesar y definir, si la impresión (sensación) es la fuente de las ideas.
El objeto que causa la impresión ya existe; luego, la idea de este objeto, la tuvo el que la moduló; y entonces, no puede ser fuente de la idea que el objeto absorbió y que vive en él viva y material, o científicamente; por lo que no es propio llamarlo Sensualismo, sino impresionismo; puesto que imprime en el que estudia la idea del actor, del objeto, como nos lo afirma el universo, (que nosotros no somos capaces de crear) la Idea del Creador.
Lo que sí puede un objeto y las sensaciones universales, sugerirnos las ideas sobre aquellas ideas que envuelve el objeto; lo que no nos da derecho a decir, que la sensación sea la base de la Idea; sino que, la sensación es una llave que abre el cofre que guarda la idea.
Hecha esta declaración necesaria a la verdad de las cosas, vamos a examinar el llamado Sensualismo.
Ya queda atrás examinada la escuela Sensualista: aquí, sólo haremos un estudio sobre los hombres del Sensualismo Contemporáneo, o moderno, dando a cada tendencia lo suyo en justicia y razón, como conviene a esta Filosofía Austera, que queremos que sea el patrón idealizable e inflexible del estudio filosófico unificado y habremos terminado con que los hombres pierdan el tiempo.
Del empirismo de Locke, se derivó una tendencia materialista que defendieron, Hume y Hartley y José Priestley, que se sucedieron.
Hartley, forma una teoría de “las vibraciones” con la que quiere explicarse los fenómenos nerviosos y los hechos fisiológicos; y otra teoría de las “Asociaciones”, pretendiendo explicar el mecanismo del espíritu y todos los fenómenos Psíquicos, correlativos de las vibraciones nerviosas.
Si podemos transigir hasta un cierto punto con la primera, no podemos hacer lo mismo con la segunda teoría.
El espíritu es primero y causa de todas las vibraciones y fenómenos Psíquicos y fisiológicos; y sin conocer al espíritu en su procedencia, esencia y misión, es imposible encontrarlo por los mismos fenómenos, puesto que éstos, son criaturas del espíritu y no pueden ser padres del espíritu, como se deriva de la errónea Teoría expuesta por Hartley.
Los hombres quieren enmendarse de sus yerros y los admitimos: pero el mal causado queda imperecedero, y más cuando de ese yerro originan otros muchos en los que los siguen.
En efecto, José Priestley, adoptó las teorías de Hartley, llevándolas al extremo materialista y queda relegado el espíritu, dudado por Hartley.
Reunió las conclusiones de los dos anteriores, Ribot; y presenta una Psicología de un raquitismo singular, en la que hemos de ver nada más que una burla (¿Científica?) retratando la mímica bucal de las palabras y expresiones, que no logra Ferri, en su Psicología de las asociaciones, más que disimular, pero no corregir.
Es cierto que de las controversias entabladas por éstos y los nacientes Espiritistas, nació una nueva corriente de ideas Viejas, que ya domina al mundo; El Espiritismo; que entonces lo llamaron en son de desprecio Iluminismo.
Aunque Locke hubiera sentado un estudio un tanto moral sobre las dos tendencias que él creyó fundamentales del hombre, o sea, la inclinación al placer y la adversión al dolor, lo hizo, queriendo separar la moral y el dogma; pero esto, no lo libraría del nacimiento de nuevas teorías filosóficas, para tratar de terminar en un principio fundamental de las leyes morales. Lo que es desconocer el Empirismo de Locke.
El conde de Shaftesbury, sostiene en contra. “El hombre no adopta la moralidad por egoísmo, ni tampoco guiado por la razón, sino en virtud del sentido Moral, constituído del conjunto de nuestros actos reflexivos; lo que quiere decir, del discernimiento”. Esto quiere decir que, no sólo por la razón, sino por la convicción que dio la razón, porque el sentido moral, es fruto de la razón, de los fenómenos y las afecciones reflexivas que descansan en nuestra alma, formando la clara conciencia de las cosas; a lo que sólo se puede llegar, por el razonamiento; y sólo entonces, puédese tener el sentido moral.
Francisco Hutcheson, admitió también la existencia del “sentido moral”, pero lo entiende como un criterio, para juzgar de la moralidad de las acciones y como impulso fundamental de las mismas acciones; papel que atribuye al sentimiento altruista, al de la benevolencia o amor al prójimo. Cuya doctrina remacha más lo que anoté, de que, el sentido moral es fruto de la razón.
Pero Hume, dejó rastros que Adán Smith recoge y no reconoce a la razón más poder, que el de elegir los medios; pero que la simpatía generaba nuestros impulsos morales; con lo que Smith, nos abre las puertas del sentimentalismo, que no debemos confundir con el sentimiento.
Veamos lo que sienta Smith:
1° “Los principios fundamentales de la moral, son independientes de la religión y de las leyes positivas”.
2° “El instinto de la “Simpatía” señala el carácter moral de las acciones, tocando a la razón indicar los medios de realizarlas”.
3° “El fin moral consiste, en la felicidad de nuestros semejantes, armonizado con nuestra propia felicidad”.
Nosotros diremos en cuanto al punto primero que, si en la religión, como en las leyes positivas falta la moral, ni son leyes ni hay religión; y que no habiendo tenido la religión una moral eficiente, los hombres han hecho leyes de letra sin espíritu que matan el sentimiento moral, porque no alcanzan sus artículos ni los dogmas religiosos, al sentido común, que es lo menos que puede tener, todo aquello que puede vivir.
Sobre el segundo punto; la simpatía no es un instinto, sino un sentimiento, en cualquier forma y grado que se manifiesta y nace de la afinidad que nos enlaza: es decir, la simpatía es efecto, de instintos afines, causa.
La moral representada en el punto tercero, no llena los destinos de la moral, puesto que, la felicidad será un resultado, de la moral total, en todas las cosas de la vida; cuya moral, debe preceder a todo lo que intentamos hacer.
Sobre los tres puntos de Smith, Jeremías Bentham, ideó una Aritmética moral, de la que lo que más sensacional es; “Las leyes y las instituciones no se justifican, sino cuando son útiles”. Lo que en medio de su materialismo, es una condenación de todo lo que no se justifica en la razón.
Como ya hemos tocado a Condillac en el párrafo VII, del capítulo cuarto como fundador de la escuela Sensualista Francesa, aquí y para cerrar éste, sólo tomaremos el caso de su estatua.
Condillac, aunque partidario de Bacon y Locke, les substituye la “Tabla rasa” e imaginó una estatua humana (acaso por llevarle la contra también al filósofo griego que tenía una estatua de mármol); pero el caso es que, Condillac imagina una “Estatua humana”, la que con el exclusivo auxilio de los sentidos, llegaba a ser animada por dos facultades: la inteligencia (representaciones), y la efectividad (sentimientos y voliciones). Y, ¿para qué había gritado majestuoso ante el foro el gran Cicerón: “¿Non Figuran; Non Estatuam?” Es que los espíritus contradictores son muy opacos, y Condillac, por contradecir, se contradice él mismo.
No, no somos simple figura, ni la estática estatua: el hombre es hombre y lo es sólo por el espíritu, del cual es la inteligencia, la voluntad, la atención, la memoria, la imaginación, los juicios y la razón.
De la materia, sólo son los instintos; del alma el deseo; que todo en conjunto, es el todo de todas las cosas inteligentes, que sólo el hombre puede y ejecuta.
Aun llega a más Condillac, pues dice que: “En cuanto a la realidad del mundo objetivo, no es sino el resultado de un juicio habitual” lo que sería sencillamente, todo una Quimera; como veremos que solo este fruto dio, después de haber admitido (no vemos con qué fin), la existencia de Dios y la Inmortalidad del Alma, aunque sí sabemos que lo hizo queriendo apagar la luz, con las tinieblas; pues quiso conciliar la filosofía con la religión, lo que, ni el Creador si fuese hombre podría hacerlo, sin destruir sus leyes. ¿La prueba? Que cuanto la ciencia avanza, la religión retrocede, y que ningún filósofo es religioso, porque se sale del dogma. Todos los que como Condillac discurren, no podemos tenerlos por filósofos, sino como Filosofastros.
Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)
Autor: Joaquín Trincado
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