Filosofía francesa contemporánea; Contrato Social
- EMEDELACU

- 24 may 2023
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El contrato social, en cuanto establece una diferencia de unos a otros individuos, es una tiranía legislada por la brutalidad, por el amaño y el cohecho y por la nula moral de los impositores.
Si la libertad humana fuera una realidad, el contrato social no existiría, porque el contrato social, declara derechos de supremacía que no pueden ser sino irracionales.
Si se viera en la más ínfima ley de la creación una singularidad para un solo ser, la supremacía tendría cabida y el derecho diferente tendría confirmación.
Mas no existiendo esa singularidad ni aun para un mundo con respecto a otro, las leyes del derecho son una imposición absurda del egoísmo más refinado de la Plutocracia y parasitismo, lo que ya no cabe en el progreso descubierto.
Ya, aun en el medio del sube y baja de su balanza que no pudo hacer fiel, Rousseau entiende que, “La norma de las acciones humanas en el sentimiento llamado Conciencia Moral, (o sea satisfacción o arrepentimiento) contiene la libertad del hombre, lleno de facilidades por su estado en la ley natural, que desaparece tan pronto el hombre entra en el contrato social”.
Es así en verdad, puesto que el hombre pierde su libre acción natural, desde que se obliga, por cualquier cláusula pagada o gratuita, a vivir bajo la acción comunicativa de una obligación de respeto, de pago, de producción, de política y aun de moralidad; todo lo cual (por suave que ello sea) siempre es una tiranía, contra sus instintos de libertad.
Aun la misma Constitución Nacional, que es un contrato social obligado por la fuerza más brutal creada (mírese como se mire), es el contrato más irracional creado porque rebaja al hombre por muy bajo de la Zoología y de los reinos más bajos que ésta, porque aquéllos no pierden jamás la acción y derechos mundiales y universales naturales, ya que vemos que hasta el animal doméstico, si lo enajenamos a otro país extranjero, no se encuentra extraño y se lame con los que allí encuentra de su familia, como si nunca hubiera estado separado; y eso que aún le hemos infiltrado en su instinto, nuestra influencia que en la ley de Psiquiatría podréis comprender que, hasta en el animal, caballo, toro, etc., hemos infundido nuestra idiosincracia perniciosa del contrato social.
El contrato social, pues, tácito o descubierto, sea este de nacionalidad, social y aun del matrimonio, son antinaturales y contraproducentes al destino de los seres, porque los priva de la libertad como hombres y hasta del libre albedrío como espíritus.
Mas ésta es una causa necesaria, por causa de que en un día los hombres se dejaron imponer un yugo que se llama religioso, pero que envolvía la férrea cadena de la esclavitud, que aunque muy tarde (por causa de la astucia de los vividores de la religión), aunque tarde digo, el hombre ha visto su cadena y la quiere romper a costa de su sangre, y lo va consiguiendo volviendo a su libertad y rompiendo las fórmulas del contrato social, a pesar de las persecuciones que la tiranía legaliza impunemente.
Como la experiencia es en verdad el sapientísimo maestro del hombre, y éste ha visto ya, que casi todas las infinitas formas de gobierno y fórmulas religiosas y contatos sociales le fueron una extorsión y un verdugo, sacó la suficiente moral para hacerse el hombre-ley y matar la ley-hombre; es decir, que la ley resida en el hombre y no el hombre en la ley; lo que quiere decir, que: siendo cada hombre la ley, por la misma experiencia de la que cada uno tomó la moral eficiente, se hace cada hombre el deber por sentimiento y amor, renaciendo en él la verdadera soberanía individual, que por la inflexible ley de la procreación (razón de la existencia de la familia y por tanto de la fraternidad), ese amor y sentimiento que en todos hay, hace que, esa Soberanía individual sea común y se establezca por sí misma la vida y deberes comunes, sin leyes que esclavicen, porque nacen del amor de familia, ley universal.
Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)
Autor: Joaquín Trincado
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