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Joaquín Trincado

Escuelas Antiguas y Modernas; Grecia-Escuelas antes de Sócrates

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 12 may 2023
  • 14 Min. de lectura


Escuela Jónica: Cuando encontramos esta escuela, ya vemos un gran progreso en la Grecia. Lo que prueba: 1° Que las ideas de Egipto, Persia, India y China habían llegado por los hombres, 2°. Que habían encarnado allí los espíritus, cuyo progreso era eficiente al desarrollo de las ideas.


Como en todas las cosas, la iniciación de la filosofía griega es en los misterios que se les presentaban al estudio, incitando a los preparados para desentrañarlos; y lo primero también fue la protesta de los pensadores moralistas contra la multitud de dioses, el politeísmo, más grosero en la Grecia que en parte alguna.


Esos pensadores, que despiertan prematuramente su espíritu filosófico, hacen que Ferrecides exponga sus concepciones del Estudio de las causas naturales de los fenómenos por la curiosidad que incita al hombre: la persuasión de la vida de expiación; y el estrecho vínculo existente entre lo místico y lo metafísico en las concepciones filosóficas. Conceptos los tres preñados de errores hoy a nuestra mayor luz, pero que hace 28 siglos eran grandes focos de luz.


Que eran esas concepciones grandes focos de luz, lo demuestra la radical evolución científica de aquel tiempo en la Grecia, que fueron base sólida a todas las ideas espirituales y las más grandes materialistas y cosmogónicas y astronómicas.


Es así en verdad como encontramos en el primer período de la filosofía griega tres tendencias grandes: 1° Naturaleza, que se inicia estudiando el mundo exterior bajo la forma “de lo múltiple sale lo uno”; 2° Objetiva, considerando el mundo eterno como una realidad, y 3° Dogmática, pues acepta que el mundo existe según lo conocemos por nuestros sentidos y reflexión.


Estas tres tendencias han formado tres tesis que establecen la controversia entre sí mismas.


La escuela Jónica sienta como principio: “Lo uno produce lo múltiple”. El aserto contiene la verdad; pero vemos en su razonamiento su equívoco, al menos si “por el fruto se conoce el árbol”. Thales, maestro jónico, quiere encontrar todo en lo físico, lo que hoy llamamos con verdad materialista.


La verdad, sin embargo, está contenida en “lo uno produce lo múltiple”, pero ese uno ha de ser en primer término El Creador, produciendo de sí el todo y en segundo término también El Creador, produciendo de sí mismo todos los espíritus del infinito sus hijos consubstanciales, que aunque individualizados unos antes que otros, todos viven ab-eterno en su padre.


Pues a pesar de ese fundamental y único principio que se contiene en “Lo uno produce lo múltiple” encontramos al mismo Thales sosteniendo que “el agua es el elemento substancial de todas las formas y el origen de la vida”, y se funda en que “la humedad es necesaria para la germinación, nutrición y disolución de los seres vivos”. Hoy puede preguntarle el discípulo: ¿De dónde procede el agua?, si no contestara del Eter cometería un más grave error.


Del vicio que Thales deja en sus razonamientos, su adelantado discípulo, Anaximandro, creyó encontrar en la materia del todo; pero la consideró infinita y amorfa, aunque sometida a las modificaciones del movimiento esencial y eterno.


También se le puede preguntar a Anaximandro: ¿Qué es lo que imprime el movimiento? La contestación sería una fuerza central: pero esta fuerza central es El Creador y su motor los espíritus. Anaximenes, discípulo del anterior, no estuvo conforme con su maestro sobre su principio de la causa universal y él quiso ver ese papel en el “Aire, ya que de sus condensaciones y dilataciones se formaba el mundo”. Si le preguntais a este Jónico, ¿qué es el aire?, si os habría de contestar con verdad os tendría que decir: “El aire es solo y todo espíritus elementales: como igualmente lo son la tierra, el agua y el fuego, porque una es la substancia viva por naturaleza”.


Escuela Itálica: “Lo múltiple está contenido en la unidad”. Esta escuela es ya más feliz que la Jónica, pero ha tenido menos partidarios, porque el hombre en su orgullo no se somete como materia.


La escuela Itálica debería más bien llamarse Bética; pues su raíz está en la España Bética, en la ciudad llamada Itálica, y observemos a Pitágoras, su fundador. Esta escuela, más conocida por escuela Metafísica, inspiró a Aristóteles y Filolao y da sus fundamentos a las matemáticas.


Conforme a “Lo múltiple está contenido en la unidad”, formuló la teoría de que “Los números no constituyen sólo la forma, sino la esencia de las cosas”; para los discípulos de esta escuela “el mundo está compuesto de armonías matemáticas, que no son sino unifracciones de lo múltiple: y el universo entero es el gran uno generador de todos los números y fuente de todas las realidades”.


La escuela, como se ve, es panteísta y admite y fundamenta la necesidad de la transformación y reencarnación para la purificación: lo que quiere decir, para el progreso.


Pitágoras encontró, sin duda, los principios dejados por Ceres y Jun, ya que ve la necesidad de una vida ejemplar y admite la Metempsicosis que forzosamente debieron dejar, pues sigue la creencia del sufrimiento de las almas por una mala vida.


Escuela eleática: Jenofanes según quiere Aristóteles, formuló la idea del Monoteísmo: pero hemos de ver luego que Jenofanes tuvo un maestro que la historia ha dejado anónimo por el crimen cometido por el Areópago; lo que no quita, para que admitamos y le agradezcamos a Jenofanes, el dar asiento de nuevo a la escuela de su maestro, demolida por la envidia de los sabios del Areópago.


Esta escuela define como puede en aquellas alturas del principiante progreso la unidad del todo, divinizando a un Ser Supremo real e inmutable, procurando ver y establecer relaciones de ese Ser con las cosas de la Naturaleza.


No tendría valor real esta escuela si no tuviera contradictores: y aunque Parménides acentuara con lógica y convicción la Doctrina Monoteísta de Jenofanes y procurara probar con su “Ontología” y su “Fenomenología” la Identidad del Ente Divino real e inmutable, con lo aparente y sensible de la Naturaleza y en vista de la Materialidad y Errores de las politeístas transigiera en no divinizar al Ente real y quisiera con buena lógica demostrar que “la multiplicidad de Dioses debería considerarse como intermediarios entre lo único y lo múltiple”. No le faltaría un discípulo que encontrara equivocado su principio.


Zenón no estuvo conforme y quiso demostrar que “Lo real siendo uno, está en contradicción con la multiplicidad” de las existencias sensibles. Ya se ve claro que Zenón estaba en el error, desde que quiere que las “Apariciones” sean sólo “Ilusiones mentales”. No pudo comprender que no pueden existir ilusiones, sino que es mala comprensión de los fenómenos.


No. La mente humana no puede concebir lo que no existió, existe o existirá: porque esto indicaría un vacío en la concepción del Creador y esto no puede existir. Si el hombre imagina e inventa lo que aún no se conoce en su sociedad o mundo es porque existe antes de entonces en moradas superiores a su mundo: o en todo caso, existía en el pensamiento de la creación, y si no, la mente humana, el espíritu del hombre, no lo podía idear, porque no lo podía concebir.


Pero es el caso que entre los pitagóricos y los eleáticos, naturalistas unos, idealistas los otros, no consiguieron llegar a un acuerdo. Era la época del nacimiento de las ideas razonadas; había que dejar que cada uno se desengañara por sí mismo, lo que sienta y confirma mi aserto nadie redime a nadie y cada uno hácese su fe, por sus obras, en la cual se redimirá.


Siguen a estas dos escuelas algunos hombres con sus sistemas tratando de ver la concordancia entre los Jónicos y Eleáticos. Pudiera traer gente no traída a la historia de la filosofía; pero como no es necesidad porque no aclararían más que los anotados o historiados, tomaré: 1° Heráclito. Este filósofo sentó: “Todo cambia, exceptuando la ley de los cambios”.


Pues a pesar de ese gran fundamento, en el que confiesa la existencia de la inmutabilidad de la ley, sostiene la única realidad en lo inmutable del universo. Pero toma como símbolo el fuego, agente primero y principal de las destrucciones y transformaciones, y en esa figura ya está en juego el Espíritu que Heráclito no pudo comprender.


2° Empédocles. Se compuso un sistema no despreciable, si se estudia en la metafísica de las transformaciones continuadas de las cosas. Pero se hubiera encontrado con una fuerza Central, incapaz Empédocles y todos entonces de analizarla; el espíritu universal dándoles vida, y el espíritu del hombre dándoles forma, y esto, no era para aquellos tiempos en que sólo se debía ver los efectos, para que de aquellas deducciones llegaran más adelante a percibir las causas, que hoy podemos hacer axiomas.


Sin embargo, el sistema de Empédocles, haciendo consistir lo real de las alternativas de lo uno y de lo múltiple, por las constantes combinaciones de los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, para formar las cosas por dos fuerzas contrarias que él llamó Amor y Odio, demuestra ya todas las leyes naturales, que hoy compendiamos en Flujo y Reflujo. Pero sólo el espíritu compone aquellos cuatro elementos y cada uno de su clase para su existencia y dirigidos eternamente por un jefe Espíritu Maestro, ejecutor del Eterno designio, de la Vida Eterna y Continuada.


Este filósofo participaba de las dos escuelas Ecléctica y Eleática; y por sus sistemas puede apoderarse Geómetra ya que envuelve la atracción y la repulsión.


No nos importa saber si fue suicida; si se arrojó al cráter del Volcán Etna; ni si tuvo el propósito de una superchería de querer hacer creer que había subido al cielo, desmintiéndolo el mismo Volcán arrojando afuera sus sandalias. Esto no le quitaría el mérito a su obra; pero sí puede demostrar esa leyenda que tenía enemigos entre los sacerdotes, únicos capaces de esas invenciones milagrosas.


Demócrito: La cronología seguida por los historiadores de la filosofía ha equivocado, o por capricho, o por la malicia de los contemporáneos de Sócrates que quisieron anteponer a cualquiera antes que al austero e invencible Sócrates. Así encontramos a Demócrito, adosado a las escuelas anteriores a Sócrates y yo no puedo anteponerlo porque, ¿cómo naciendo Demócrito 10 años después que Sócrates puede ser anterior a él? Yo tengo además otras razones más poderosas e inequívocas de que Demócrito fue discípulo y muy amado de Sócrates y las amistades de éste con la familia de Demócrito; y sin duda ninguna fue esta familia la que más lloró el asesinato del maestro, del amigo y del amante.


Hecha esta nota, dejo a Demócrito para donde le corresponde y anotaré a Anaxágoras y los sofistas, no porque les corresponda en el tiempo, sino por no trastornar del todo la cronología seguida hasta ahora y porque en nada nos ayudan, ni nos perjudican ya todos estos filósofos para nuestra nueva filosofía, Cuya Raíz está en el Sánscrito, el que en espíritu conocían en su todo Sócrates y Antulio; y esta es la causa de que los dos sufrieran la pena de muerte por el odio y envidia sacerdotal y supremática. Todo el que filosofe entre los principios del Sánscrito y los de Sócrates y Antulio verá la misma sabiduría y hasta las mismas personalidades.


Os dejo, pues, esta guía y reanudo mi marcha, advirtiendo que detrás de los sofistas sentaré a Antulio y veréis que fue el maestro de los Geómetras y Astrónomos, como Sócrates lo es de toda la sabiduría.


Anaxágoras. Ya tenemos aquí probado el error de la Cronología: Demócrito, Atomista, ha nacido 40 años más tarde que Anaxágoras, aprendiendo de Demócrito. ¿Qué han podido filosofar los hombres más que errores, si error sólo se les dio en la historia con la más refinada malicia para encubrir los crímenes de los soberbios?


Que os baste este mi ejemplo para sanear la filosofía sin ningún prejuicio ni preconcepción y seguir estos jalones iluminados. Anaxágoras es forzosamente heredero de Antulio, por las conclusiones que adoptó: 1ª “Lo real es la coexistencia de lo uno y lo múltiple”, y 2ª “El mundo es la pluralidad de cosas o entes indivisibles”.


No encuentra el vacío y está en lo cierto; de lo que deduce que es forzoso que para que se combinen las unidades indivisibles ha de haber una inteligencia que sirva de primer motor. Lo que hoy decimos axiomáticamente que es el espíritu, que ya este filósofo se convenció que ese motor era consciente e inmaterial.


De estas escuelas se produjeron luego una gran partida de hombres sofistas, vividores de las ciencias en sus respectivas clases o aulas, o asalariados por maestros (de nombre) que para mistificar la verdad abrieron colegios y consiguieron su fin por la imposición y la impostura.


Ya, viviendo Anaxágoras y especialmente en Atenas, se inaugura el sofismo; que si lleva un sello de elocuencia, galanura o retórica, que llamaremos cultura eterna, tenemos que condenar la relajación de las costumbres austeras sembradas por los maestros verdaderos, que si eran pobres de hipocresía, eran ricos de contundencia y no quitaban nada de lo justo a la materia.


Voy a señalar algunos sofistas, sin contar como tales a los jueces del Areópago, porque éstos fueron mixtificadores, impostores por la fuerza, tiranos y verdugos de los sabios. Acusación que se les hace aquí, ya que la pusilanimidad de los pasados historiadores de la filosofía no los acusaron, acaso por no importarles; pero debieron ver que fueron la causa del error que hoy hay en las artes y las ciencias, pues dieron herencia a los mixtificadores y supercheros hasta hoy. Veamos.


1° Tenemos a Protágoras que solamente dice: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Si esta máxima fuera dicha en conocimiento real del Ser hombre en sus tres entidades de Cuerpo, Alma y Espíritu, merecería un monumento el que la compuso; pero como sabemos que Protágoras, en Metafísica, era cero absoluto y decía que: “Sólo conocía las cosas en el aspecto transitorio en que las sorprendía con sus sentidos”. Se desprende lógicamente la materialidad más vergonzante que el hombre puede mostrar, y en esas condiciones no es un hombre; es el embrión del hombre.


Aún llega a más encarándose a Heráclito y niega “La razón universal” y no acepta tampoco “El sentido común” y basta esto para ponerlo en justicia, como al prototipo de la Pedantería, y puede afirmarse que, es el enemigo declarado y a sabiendas del desarrollo intelectual y así de la belleza y el progreso.


2° Gorgias. Este, se le llama discípulo de Anaxágoras; pero el título que en realidad merece es de enemigo acérrimo de Anaxágoras y va a probarlo él mismo, pues sostuvo: 1° “Nada existe”: esto no puede ser más irracional desde que existía él. 2° “Aunque algo existiese, no podríamos reconocer su realidad”. ¿Siquiera no conocía que hablaba y no podía palpar las palabras? y 3° Y “aun cuando pudiéramos conocer la verdad, sería imposible trasmitirla a los demás hombres”.


Este tercer sofisma, tiene mucho de verdad; pero pronunciado en contra de principios que él no podía comprender, es un detractor del maestro mayor Sócrates, al que no pudiendo vencerlo, le dieron la Cicuta.


Es incomparable el daño causado a la humanidad por este prevaricador, por que lleva el escepticismo a un grado superlativo y se sumergieron en la más negra tiniebla los que por el vicio autorizado lo siguieron. Como consecuencia del escepticismo sembrado por Gorgias, todo se corrompió política y socialmente; pero, en él empezará la decadencia y la misma Grecia le da su apóstrofe.


Antulio. Este será sin duda alguna el punto culminante de la Sabiduría Griega; pero también la confirmación de los crímenes ocultados por los supremáticos, dejando anónimos a los más grandes sabios, para ocultar a la posteridad, los plutócratas, su maldad; por lo que, desde esas ocultaciones maliciosas la historia no es verdad; y los que por la historia se han guiado, han hecho obras falsas y las ciencias, han tenido que luchar demasiado para dejar al fin vacíos y aun llegar a sentar como historia, cuentos absurdos y reducir a Mitos hechos históricos y hombres que anublaron a los Falaces pseudosabios, que se vengaron sin conciencia de los austeros y sabios verdaderos.


En esas fechas asombraba Antulio a todos los sabios con su escuela filosófica astronómica, y los avergonzaba con sus costumbres morales espirituales y fraternales en la más ejemplar y digna humildad, sin rebajamiento, lo que lo hacía más majestuoso y descollante.


Sabemos que en ninguna disputa entablada con los Sabios, con los Sacerdotes o con el Areópago, lo pudieron vencer, y sólo con la Cicuta, administrada por la ley del cohecho y la traición, pudieron deshacerse del sabio en Astronomía.


Sólo algunas palabras conservadas por la tradición, nos han podido llevar al conocimiento del gran Antulio, del anónimo y Mártir Antulio. Pero luego, podemos escribir su historia, dictada por el instrumento que sirvió para el cohecho, la entonces Iris.


Antulio sostenía irrebatiblemente “La comunidad de los hombres por el espíritu”, “Que los Astros son mundos con humanidades”, “Que no había diferencias en la ley inmutable para ningún mundo, ni ningún hombre”, “Que la variedad de Dioses, era sólo de los enemigos del único Dios Creador que regía los mundos”, Que esos mundos eran hermanos de la tierra y los hombres de ésta y de aquéllos son hermanos”.


Este sabio demostraba filosófica y matemáticamente “Que todo giraba alrededor de un centro generatriz, del cual, ni los mundos ni los hombres pueden prescindir” y por fin, se reía de los dioses fantoches y amaba a las Pitonisas, sacerdotisas y Psíquicos, a los que consultaba (por que sabía que eran Mediums) por los que recibía comunicaciones de los espíritus y el mismo, era un gran médium perfecto, como lo hemos de ver luego, leyendo en el alma de su bella vengativa que le dieron por premio y mujer.


Ante los principios elevados que exponía, su escuela era la más sublime de todas las de los sabios y los más adelantados se hacían sus discípulos, lo que era causa, de que los dioses se vieran poco adorados, y los sabios falsos, religiosos y Areopagistas, acosados cada día por un dilema que no podían resolver, lo que los hacía odiar al austero humilde y profundo Antulio, estudiaron la más terrible venganza en un singular y raro premio, único en la historia.


Se acercaban las Panateas (fiestas de las ciencias que se celebraban cada cinco años, período al que Antulio llamó “Lustro”) y se daba un premio en nombre del pueblo, al más sabio. Éste era soltero, porque absorbido en su estudio no había tenido tiempo de casarse y aquí vieron los sacerdotes su venganza.


Buscaron la doncella más bella que existía en la Grecia y ésta fue Iris, joven de 16 años y no menos bella y majestuosa que el arco de su nombre; la llevaron, la aleccionaron como les convenía, para que en su día acusara al que le iban a dar por esposo y como premio a él, por su sabiduría por que “Tan gran Maestro, no era conveniente que estuviera sin una digna mujer por compañera”, ésta era la dedicatoria galante toda veneno, que le dirigieron a Antulio, sus temibles enemigos.


Llegó el día; y después de la controversia en la que una vez más Antulio triunfaba de todos, se pone en marcha la comitiva que había de otorgar el premio yendo la esbelta y bellísima Iris, vestida con los colores del arco y rodeada de su corte de Amor, compuesta de las hijas más bellas de la Aristocracia: y llegando al palco de Antulio que estaba rodeado de todos los discípulos; le habla el Arconte en nombre de la ciencia y el pueblo, que le dan la corona y el premio.


La bella arrogante, aun hacía resaltar su acabada escultura y levantando la corona de laureles, entonaron el “Salve vencedor” y se echó en los brazos del agraciado y víctima de la intriga sacerdotal.


Antulio no puede despreciar al pueblo que le ofrece, pero sabe lo que envuelve aquella flor y con la estupefacción y el miedo más tremendo de sus envidiosos, mira profundamente a la bella y al instante le dice: ¿Dónde está tu imperfección Mujer?... Eres bella flor, pero inodora, procuraré que seas aromática. Contra mi voluntad te recibo, pero no puedo ofender al pueblo... que te ofrece... y enmudeció.


Antulio se distrajo un tiempo de sus estudios para dedicarlos al Amor, tratando de sembrar en su compañera la semilla aromática.


Los enemigos del sabio temblaban, por que comprendían que leía a través de la materia y temían que pudiera curar el anestésico puesto al corazón de la joven, por lo que no cesaron de adularla hasta que llegó el momento por ellos preparado y le exigen la acusación y, lo acusa de inmoral y corruptor... teniendo el valor inconsciente de sostener la acusación delante de él, siendo en el acto sentenciado a beber la Cicuta: y con la copa en la mano, atrae la mirada de todos sus enemigos y mirando a los ojos de su acusadora le dice: “Iris... bien sabía donde estaba tu imperfección, pero... Te perdono, y esta palabra, resonará en tí hasta que ganes el Amor que has vendido... Te perdono”... bebió y cayó quedando como una estatua Iris, que huyó corriendo por lo campos y oyendo siempre te perdono.


Euríspides, uno de los Jueces, corrió y rompió el Ara de la cátedra de Antulio y empezó la persecución de los discípulos que emigraron por el Asia y Egipto y algunos como Joen fueron sacrificados por que éste, enloquecido, corría gritando: ¡Antulio!, ¡Antulio!, ven, yo te llamo. ¿Cómo han podido cerrarse esos ojos que tenían la luz Sideral?... Yo te veo, yo te oigo, yo te amo. ¿Cómo no odiar a tus asesinos?... y fue preso desapareciendo el último y más amado discípulo del gran sabio Antulio.


Quedó cumplido mi deber, poniendo esta página de historia ocultada y sacar de ella toda la sabia filosofía que encierra y deducir que, todos los que después de esas fechas hablarán de Astronomía y Matemáticas, y de los conocimientos siderales, en Antulio tuvieron el Maestro.


Cierro aquí las escuelas anteriores a Sócrates y digo. En Antulio, reconocemos a Isaac, hijo de Abraham y padre de Jacob: y cuando tocaremos a Jesús, será el mismo Antulio.


Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)

Autor: Joaquín Trincado


 
 
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