Emanuel Swedenborg


EMANUEL SWEDENBORG, célebre físico, filósofo y vidente sueco, nació en Estocolmo el 29 de enero de 1689. El apellido real era Svedberg, pero al ser ennoblecido en 1719 por la reina Ulrica Eleonor como recompensa por su actuación científica y patriótica fué intercalado en su apellido la conjunción en que equivale al de español. Era hijo del pastor luterano Gaspar Svedberg, quien más tarde fue nombrado obispo de aquella Iglesia en Skara, pequeña ciudad situada en la provincia de Skaraborg.
Poco o nada se sabe con certeza de la juventud de Emanuel, aunque está establecido que desde muy pequeño dió muestras de poseer su progenitor aprovechó para darle una buena cultura que amplió con el estudio de lenguas antiguas, matemáticas y ciencias naturales, obteniendo en 1709 su graduación de doctor en Filosofía.
No tardó en despertar en él asimismo un gran interés por profundizar en otras ciencias, especialmente en lo que se refiere a física y astronomía, lo que le obligó a ponerse en contacto con los sabios más renombrados en aquellas ramas del saber, y permitiéndole la situación económica de su familia y la liberalidad de su progenitor, se embarcó a la edad de 21 años (1710) para Inglaterra, donde asistió a clases dictadas por Isaac Newton, Juan Flamsteed, Edmundo Halley y otros investigadores de fama mundial. Es de destacar que en unión de Halley llegó a la comprobación que nuestros sol es uno de los centros planetarios que integran la Vía Láctea, descubrimiento que es de extraordinario valor, pues encierra nada menos que el principio por el que llega la comprobación de la armonía del universo constituido por nebulosas y la agrupación de éstas formando conjuntos aún mayores.
Después de una estancia de dos años en Londres y Oxford, donde se ocupó también en el estudio de la literatura inglesa, pasó a los Países Bajos, Francia y Alemania, donde empleó su tiempo encarando diversos problemas de física.
En 1714 regresó a su patria, dedicándose con todo entusiasmo a ensayar diversos inventos suyos, entre los que figuraban un barco submarino, un fusil de aire capaz de disparar hasta 70 tiros sin necesidad de recarga y un aeroplano. Todos estos inventos ocasionaban un revuelo extraordinario en el comienzo de ese siglo que por sus contemporáneos fué bautizado con el nombre de siglo de las Luces[1], pero con tal vehemencia fué criticado y puesto en ridículo, que virtualmente se vió obligado a desistir de llevarlos adelante, especialmente en lo referente al aeroplano o “máquina para volar” como él lo llamaba.
Autor de un compendio científico en el que explicaba todas las experiencias adquiridas durante su viaje, además de un tratado sobre Medios para determinar la longitud de los lugares por medio de observaciones lunares, conquistó con su laboriosidad una popularidad tan grande que llegó a interesarse por él el revoltoso rey Carlos XII que le nombró asesor del Colegio de Minas, distinción que no dejó de costarle caro, pues el belicoso monarca, manejado por sus ambiciones[2], se empeñaba en la conquista de Noruega, unida entonces a la corona de Dinamarca. Swedenborg vióse por su actuación obligado a intervenir en el famoso sitio de Friedrichshof durante el terrible invierno de 1718 a 1719 en que miles de soldados suecos hallaron su tumba en la nieve. Tocábale transportar la artillería pesada para el sitio de la mencionada ciudad, el que fué inesperadamente suspendido cuando una bala misteriosa puso fin a los de días de Carlos XII.
El sacrificio de tantas vidas, la ciega obediencia de grandes multitudes en servir incondicionalmente a las maquinaciones de un déspota sin consideraciones, excitaron su natural piedad y contribuyeron al desarrollo de sus facultades medianimicas en el terreno de la videncia.
En 1719 editó las siguientes obras: Sobre la división decimal de las monedas y medidas para facilitar las operaciones de cálculo y la supresión de fracciones (en Estocolmo). Tratado del movimiento y la posición de la Tierra y los planetas (en Skara), y Sobre la mayor elevación de los mares en los tiempos antiguos con pruebas sacadas de los fenómenos observados en Suecia (en Estocolmo). En 1722, estando en Leipzig, dió a la luz Miscelánea observata circa res naturales, praesertim mineralia, ignem et montiun sita, y estando de regreso en Estocolmo hizo imprimir aún ese mismo año su tratado De la Depreciación y el alza de la moneda sueca.
Como hijo mayor de la familia Swedenborg, le daba su título de nobleza entrada a las Cámaras legislativas suecas, pero poco dispuesto a hacer tertulias con los engreídos miembros de la alta sociedad, dedicaba muy poca atención a la política, pero en los asuntos que hubo de intervenir en este terreno, hacia traslucir siempre su moral personal que supo imponer de tal modo que le hacía acreedor de la estima general.
Ejerciendo un alto empleo en el Colegio de Minas, le ofreció la Universidad de Upsala la cátedra de Matemáticas Puras, Swedenborg poniendo de manifiesto su deseo de servir a las ciencias, declinó tan alta distinción alegando con el debido respeto que no se sentía inclinado a aceptar el cargo de enseñar una teoría que carece de aplicación práctica. Cinco años más tarde fué nombrado miembro de esa misma Academia de Ciencias.
Era un hombre, según afirman sus biógrafos, que no despreciaba una hora en cosas inútiles; siempre su mente encaraba el estudio y la experimentación de nuevos problemas científicos y de interés general, cosa que pone claramente de manifiesto que si su innata bondad la hubiéramos podido suponer guiada por alguna intención maliciosa, no habría tenido tiempo de ponerla en práctica.
En el año 1733 comenzó una nueva gira de estudios dirigiéndose a Bohemia para visitar los depósitos metalúrgicos y de allí se fué a Leipzig donde escribió su célebre libro Ópera Philosophica et mineralia, en tres tomos. Con esta obra elevó Swedenborg su reputación a un alto rango entre los filósofos naturales y pensadores originales. En el primer volúmen expone una detallada teoría sobre el origen y gobierno del universo visible, y en los otros dos habla de diversos metales y los métodos de extracción y elaboración usadas en diversos países. La Academia Rusa de Ciencias de San Petersburgo le nombró uno de sus miembros.
En 1736 abandonó la Sajonia para visitar nuevamente a los Países Bajos, Francia e Italia cuyo viaje empleó tres años, en el curso del cual se profundizó en estudios de Anatomía y Fisiología, figurando entre sus maestros el ya anciano Boerhaave, cuya celebridad no tuvo rival y a cuya sabiduría acudieron hombres como el pontífice Benedicto XIII y el zar Pedro el grande de Rusia.
De regreso a su patria esbozó sus nuevos conocimientos en las obras Economía del reino animal, (1740/41) y El reino animal (1744/45).
En esta etapa de su vida comenzó a desarrollarse en forma notable sus facultades de videncias, y habiéndose dirigido a Londres, editó allí su primera obra de este género titulado De cultu et amore Dei(1745), a la que siguió Arcano Coelestia (1749/56). De regreso al año siguiente, en su patria promulgaba en su Nueva Jerusalen las leyes de la Iglesia Moderna, criticando las tradiciones y dogmas religiosos, y que la Iglesia antigua había tenido ya su último juicio en 1757. Acusado de herejía por el clero, fué llevado ante el consistorio de Gotemburgo y luego ante el Senado, pero por su sinceridad y su prudencia supo atraerse la estima general. En Amsterdam dió a luz De coelo et inferno evauditis et visit (1758), De ultimo judicio et Babylonia obstructi (1758), De equo albo de quo in Apocalipsis (1758), De Telluri Bis in mundo nostro solari (1758) y De novo Hierosolyma (1758). Por estas obras se le atribuye la intención de haber querido fundar una nueva religión por el hecho de hablar del cielo, del infierno y aún de ángeles y demonios, pero él mismo se justifica en una de las obras mencionadas diciendo: “Estoy bien convencido de que muchos insistirán en que es imposible al hombre conversar con los espíritus y los ángeles durante su vida y encerrado en la cárcel del cuerpo; muchos dirán que el trato con estos seres es una nueva invención; algunos, que he discurrido esta relación como un recurso para obtener popularidad; otros se opondrán de varias maneras. Por mi parte no me preocupo de cuanto se puede decir en contra, ya que no hablo sino de lo que he visto, oído y palpado.
Su Arcana Coelestia que es su obra más importante entre las últimas nombradas, contiene un sumario de todas sus principales videncias incluyendo la doctrina de relaciones, de acuerdo a lo cual cualquier cosa buena o mala tiene en el mundo natural su contraparte y su interpretación en el mundo espiritual. Aplicaba su doctrina para explicar la Biblia, considerando el agua, por ejemplo, como equivalente a la verdad. También afirma que el pecado original no existe pero sí pecados individuales por el abuso de la libertad. Que el Dios verdadero es uno, tal como lo revela el Antiguo Testamento, que la Santísima Trinidad es un absurdo, pero que Jesús, a quien llama Dios-hombre[3], obra incesantemente sobre nosotros para regenerarnos. Que de los principios de corrupción que los padres comunican a sus hijos nace el progreso del mal, el cual invadió el reino de los espíritus bienaventurados, amenazando arrastrarlos todos al abismo[4]. Que después de la muerte corporal de las almas van a morar a una región media entre el cielo y el infierno, desde donde ceden a las solicitaciones de los moradores de una y otra región extrema, viniendo a ser atraídos por los espíritus con quienes guardan más semejanza; que no existe la llamada resurrección, sino que cada uno recibirá un cuerpo nuevo.
En 1761 presentó al Parlamento sueco una famosa memoria sobre materia financiera, además de gran número de artículos de gran valor científico que escribió por ese entonces y que fueron publicados en las Memorias de la Real Academia de Ciencias de Estocolmo en 1763. Mientras tanto, siguió escribiendo sus videncias en numerosas obras escritas en latín y editadas en Amsterdam (1762/1768) y finalmente en Londres.
El gran mérito de Swedenborg, tanto en sus obras científicas como en sus doctrinarias, es la inagotable sinceridad que pone de manifiesto en ellas, sin tener la confabulación de los envidiosos, según lo demuestra en una carta al Rev., Tomás Hartley, en respuesta a una preocupación por éste expresada, carta que no carece de interés para ser reproducida.Dice así[5]:
“Mucho me satisface la amistad que Ud., me hace extensiva en su carta, y por ello le expreso mi agradecimiento; pero en cuanto a las alabanzas que la misma contiene, las considero referentes a las realidades contenidas en mis escritos, y que corresponde enviarlas al Señor nuestro Salvador, como de su pertenencia, pues en sí mismo es la fuente de todas las realidades. Es la parte concluyente de su carta la que atrajo principalmente mi atención, donde Ud., se expresa como sigue”: “Si después de su partida de Inglaterra surgieran disputas sobre los temas de sus escritos, y a fin de poder tomar la defensa del autor contra tales falsas noticias y difamaciones, como pueden inventar aquellos que no son amantes de la verdad para perjudicar su reputación, aunque tal vez no sea necesario, para poder repeler cualquier calumnia de ese género, creo será conveniente que Ud., me deje una corta narración sobre su persona, concerniente, por ejemplo, a sus títulos universitarios, los oficios que ha ejercido, su familia y relaciones, los honores que según se me ha dicho le han sido conferidos a Ud., y otras particularidades semejantes cuantas puedan servir para, en caso de ser atacado, defender su proceder, si cualquier prejuicio mal fundado pudiera aparecer o ser promovido. Estando en juego el honor y los intereses de la verdad, nos convendrá emplear todos los medios legales en defensa y sostén de las mismas”. Luego de haber meditado sobre el pasaje antes citado, me sentí inducido a acceder a su amable consejo, comunicándole brevemente las siguientes circunstancias de mi vida:
Yo nací en Estocolmo, el año de nuestro Señor, en 1689, enero 29. El nombre de mi padre era Gaspar Svedberg, quien era obispo de la Gothia Occidental, y durante su vida gozó de gran fama. El también era miembro de la Sociedad para la propaganda del Evangelio, constituída a imagen de la existente en Inglaterra, y el rey Carlos XII le nombró presidente de las Iglesias suecas de Pennsylvania y Londres. En el año 1710 comencé mis viajes, primero por Inglaterra y más tarde por Holanda, Francia y Alemania, retornando en 1714 a mi patria. En el año 1716 y después, he tenido frecuentes entrevistas con Carlos XII, rey de Suecia, quien gustosamente me ha concedido una cantidad de favores, y en ese año me señaló el cargo de asesor en el colegio metalúrgico, en cuyo oficio continué desde ese tiempo hasta el año 1747 en que abandoné el oficio, pero reteniendo siempre el sueldo correspondiente al mismo como estipulación vitalicia. La causa de mi separación de la ocupación de ese empleo fué, tener más libertad para dedicarme a esa nueva función a la que el Señor me había llamado. Por ese tiempo me fué ofrecido un cargo oficial de mayor categoría, el cual decliné a aceptar, a fin de no exponerme a una asechanza. En 1719 fuí elevado a la categoría de noble por la reina Eleonora y llamado Swedenborg, desde cuyo tiempo he tomado asiento con la nobleza de la Orden Ecuestre en la Asamblea Trienal de los Estados. Por invitación soy un individuo de la Real Academia de Ciencias de Estocolmo, pero nunca he deseado pertenecer a otra comunidad que la que corresponde a la sociedad de los ángeles, pues en esos seres espirituales y celestiales se hallan los únicos entes con quienes conversar y platicar; por cuanto en nuestras sociedades literarias la atención está completamente absorbida en asuntos relativos al cuerpo y a este mundo. En el año 1734 publiqué el “Regnum Minerale” en Leipzig en tres volúmenes en folio, y en 1738, comencé a viajar por Italia, residiendo un año en Venecia y Roma.
Con respecto a mis relaciones de familia, tuve cuatro hermanas; una de ellas estaba casada con Erico Benzelius, más tarde nombrado arzobispo de Upsa; por tanto me relacioné con los dos arzobispos que se sucedieron en esa diócesis llamados Benzelius, y el hermano menor del primero. Otra de mis hermanas se casó con Lars Benzelstierna, quien fué promovido a un gobierno provincial; pero ambos han muerto: sin embargo, dos obispos de mis relaciones, viven aún; uno de ellos llamado Filenio, obispo de la Gothia Oriental, actualmente oficia como presidente de la Orden Eclesiástica en la Asamblea general de Estocolmo en reemplazo del arzobispo que está enfermo; el casó con la hija de mi hermana. El otro, quien es llamado Benzelstierna, obispo de Vestmania y Dalecarlia, es hijo de mi segunda hermana, esto sin mencionar otros miembros de mi familia que fueron elevados a la dignidad. Yo converso libremente y mantengo relaciones amistosas con todos los obispos de mi patria, son diez en total, como asimismo con los dieciséis senadores y todos los demás grandes, los que me estiman y honran por saber que me hallo acompañado por los buenos espíritus. El rey y la reina mismos, como también los tres príncipes, sus hijos, me ofrecen amplio apoyo en todo sentido, y una vez fuí invitado por el rey y la reina a comer en su mesa (un honor concedido sólo a los grandes del reino) y luego del mismo modo por el príncipe heredero. Todos mis compatriotas ansían mi regreso a la patria, lo que demuestra cuán lejos estoy de todo peligro de persecución como Ud., parece temer y procura prevenir con tan amable solicitud; no me inquietará si pudiera ocurrir cualquier hecho de esa naturaleza.
Cualquiera de los honores terrenales y los bienes que puedan resultar de los casos arriba mencionados, los considero como cosas de escasa importancia comparados con el honor de este sagrado oficio al cual el propio Señor me ha llamado, quien tuvo la gentileza de manifestarse personalmente ante mí, su indigno servidor, el año 1743, para permitirme una visita al mundo espiritual y habilitarme para conversar con espíritus y ángeles, y este privilegio ha continuado hasta el día de hoy. Desde ese tiempo he comenzado a imprimir y publicar varios arcanos desconocidos, que he visto o me han sido revelados sobre el cielo y el infierno, la situación de los seres después de muertos, la verdadera adoración a Dios, el verdadero sentido espiritual de las Escrituras y muchas otras verdades de importancia tendientes a la salvación y la verdadera sabiduría: y el ansia de que la humanidad pueda ser beneficiada con estas comunicaciones ha sido el único motivo que me ha inducido en diversas oportunidades a abandonar mi patria y visitar otros países. En cuanto a mi situación material, tengo lo suficiente y no busco ni anhelo nada más.
Vuestra carta ha motivado que mencionara estas cosas, para caso que como Ud., indica, de tener que prevenir o rechazar cualquier juicio falso, o daño injurioso tocante a mi condición personal. Adiós y sinceramente le deseo prosperidad tanto en los asuntos espirituales como en los temporales, y no pongo en duda que Ud., continuará rogando a nuestro Señor, colocándolo siempre delante suyo. EMANUEL SWEDENBORG. Londres, 1769.
De la capital británica no hubo empero que moverse más. El día 24 de diciembre de 1771, sufrió un ataque de apoplejía del cual no logró restablecerse, falleciendo en su residencia de Great Street, Coldbath Fields, el 29 de marzo del año 1772 a la edad de 84 años.
Para juzgar las grandes facultades como así la misión a que se dijo llamado, no podemos arrancarlo de la época en que vivió, la misma sinceridad y rectitud que caracterizaron toda su vida han de sernos una demostración de que no quiso ni debió ir más lejos de donde ha llegado y su obra era de lleno para aquel entonces en que los seres aún podían prescindir de principios dogmáticos, y hubo de dar puntos no del todo ajenos a aquéllos, pero munidos de mayor moral y tendientes a presentar al Autor de la Vida Universal dentro de su injuzgable grandeza, como un ser racional, potente por leyes magnánimas y no por castigos y privilegios y otros factores que se anulan mutuamente como algunos se presentan con facultades de “atar y desatar”.
Su esfuerzo de basar sus juicios emanados de sus videncias sobre principios científicos y razonables, está fuera de toda discusión. Transcribimos para tal fin algunos párrafos de un tratado suyo sobre la naturaleza del influjo y que dice así:
“Tres opiniones diferentes han sido aceptadas como contribuyentes a la comunicación entre el alma y el cuerpo, y para la acción de cada uno y en conjunto. La primera hipótesis procura resolver el asunto partiendo del influjo físico o natural, lo que significa la acción del cuerpo sobre el espíritu. La segunda, de un influjo contrario, o sea el del espíritu actuando sobre el cuerpo. Y la tercera, basada en una ley de simpatía o armonía existentes entre ambos, e impuesta al ser creador”[6].
“La primera de éstas, a saber, el influjo material toma su dominio de la apariencia en la forma palpable. De este modo, los motivos de la visión que los ojos alcanzan a observar, suelen dar la sensación de poder profundizar en el alma. Con la palabra excitamos el sentido auditivo, mediante la impresión ocasionada sobre el oído por la vibración del aire; y así del mismo modo actúan al tacto y los demás sentidos. Ahora, estando los órganos de los sentidos en contacto con el mundo material, y las facultades del entendimiento aparecen heridos de acuerdo a las impresiones ocasionadas por la substancia sobre estos órganos, por ello adoptaron los antiguos filósofos y escolásticos esta hipótesis de influjo físico o natural”.
“La segunda hipótesis, llamada influjo espiritual (y por algunos influjo ocasional), está basada sobre la verdadera disposición de la naturaleza de las cosas; siendo el alma una substancia espiritual, y por consecuencia de mayor pureza que el cuerpo, es asimismo de naturaleza superior y más profunda, y por ser tanto más interno como externo debe tener preeminencia e influencia sobre aquello que es más denso, y no a la inversa; por consecuencia es el alma la que ve y oye a través de los órganos debidamente dispuestos para tal fin y no son éstos los que conducen lo visto y oído hacia el alma.
“La tercera hipótesis es llamada la de armonía o de conexión, establecida por la ley de la Creación y que está fundada sobre una conclusión errónea, o sea, de que el alma actúa conjuntamente y al mismo instante con el cuerpo, pues la consumación de toda acción es primero sucesiva y luego conjuntiva o simultánea para con el objeto sobre el cual actúa. Por tanto la operación sucesiva es llamada influyente, y la operación simultánea se titula armonía; tal como la mente, que primero piensa y luego habla, o que primero concibe la idea, para ejecutarla después. Por esto no es más que un engaño el falso razonamiento, el que establece una acción simultánea sin admitir antes aquello que es sucesivo. Además de estas tres opiniones o hipótesis referentes a la comunicación entre el cuerpo y el alma, ninguna otra puede ser concebida, ya que el alma debe actuar sobre el cuerpo, el cuerpo sobre el alma y ambos conjuntamente por consentimiento”.
Aparte del gran número de obras científicas y doctrinarias mencionadas dejó también cantidad de manuscritos inéditos de los cuales extractamos algunos párrafos:
“El afecto de sinceridad natural forma el hombre natural”.
“El efecto de sinceridad civil forma el hombre moral”.
“LAS BONDADES SON DE TRES CLASES: Espiritual: referente a lo cual cada uno tiene relación en la eternidad. Moral: esto es la real bondad humana, o bondad racional, de acuerdo a lo cual los hombres viven en unión fraternal y social, Civil: esta es la bondad de la vida con respecto a las leyes civiles, y es su principal elemento”.
“Las leyes del Decálogo son primero leyes civiles, luego se vuelven leyes morales y finalmente, leyes espirituales”.
“La caridad aprecia en primer lugar la bondad espiritual del hombre, luego su bondad moral y finalmente, su bondad civil”.
“Un hombre de bondad civil es un hombre del mundo terreno, de acuerdo a su bondad moral es superior al mundo, aunque inferior al cielo; y de acuerdo a la bondad espiritual es un ser celeste, o sea un ángel”.
“LAS VERDADES SON DE TRES GÉNEROS: Civil: Estas tienen relación con las que se refieren a lo que es justo y equitativo en cada reino. Moral: estas tienen relación a lo que se refiere a la vida de cada ser en particular con respecto a la sociedad y sus enlaces; en general se refieren a lo que es sincero y justo. Espiritual: éstas tienen relación a cuanto incumbe al cielo y la iglesia; en general se refieren a lo bueno del amor como la verdad lo es de la fe”.
1° y 15 de Noviembre de 1943.
BALANZA NÚMS. 260 Y 261.
[1] La invención del termómetro, de las máquinas de vapor, los globos aerostáticos, etc., que rompió el ritmo retardado de las épocas anteriores, fué motivo de que el siglo XVIII recibiera por sus contemporáneos el título de siglo de las luces, denominación que luego fué extendida a la centuria siguiente, y hoy lleva ese título el siglo actual.
[2] El hecho de ser considerado un joven aturdido, cuando a los 15 años se hizo proclamar mayor de edad a la muerte de su padre, Carlos XI (1697), y se dispusieron los estados vecinos a repartir su heredad, agudizando sus ambiciones de dominio y la política que siguió desde entonces parece indicar que resolvió vengarse con intentar hacerse dueño de la política internacional, cosa que para suerte del mundo frustró su prematura muerte.
[3] Su admiración por la virtualmente inimitable abnegación y la profunda sabiduría de amor que Jesús arrojó a raudales sobre el mundo ingrato, le habrá movido a usar ese término, lo mismo cuando anunció haber recibido encargos de Dios mismo, no queda duda de que se refirió a un espíritu grande encargado de dirigir la cosmogonía a que pertenece la Tierra. Su época y su nobleza personal no le habrán permitido expresarse de otro modo.
[4] Hasta hoy hemos visto confirmado esto en las nuevas generaciones que portadores de nuevo progreso se ven amenazados de ser vencidos en su misión y servir, anestesiados, a los fines de la injusticia.
[5] Es traducción directa de una copia del original publicado en Londres en el año 1788.
[6] El autor lo llama Armonía preestablecida (nota del traductor inglés de la edición de 1788).
Libro: Biografias de la balanza
Autor: Joaquín Trincado
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