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Joaquín Trincado

El uso de la carne es ley natural: El uso de la carne es ley de la naturaleza, y ella es amor

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 30 jun 2025
  • 4 Min. de lectura
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Antes de tender la pluma para este capítulo, me he pasado la mano por la frente más de tres veces; y eso que sobre mí está el Espíritu de Verdad, que con su soplo me guía. Pero es tan complejo este asunto; se ha condenado tanto en letra; se ha prejuiciado tanto a la humanidad en lo más bello y sagrado de la ley de la naturaleza, que por doquiera se mira parece que se hace un horroroso crimen el cumplir la ley más sublime por la cual aparecen los seres que han de llevar a término la obra de la creación del mundo, al que las familias de espíritus pertenecen por un período más o menos largo, para después pasar en comunidad a ocupar otro mundo más perfecto, al que lo rige, sin embargo, la misma ley y en el que igualmente nacen los seres de la mujer y por obra de varón, después de su aparición en las mágicas bolsitas.

   

Solo yo que he sido mandado por el Padre para enderezar por última y definitiva vez los entuertos de los hombres de la tierra y para lo cual de espíritu aprendí estas cosas en mundos mayores, y ahora, mientras corre mi pluma sobre el papel, mi espíritu se va hasta ellos; ve y rememora lo que ya sabía y aún vienen a mí los maestros de aquellas humanidades y me hacen oír su voz y sus cantos de amor. Sólo yo, repito, podía arremeter estas tareas de decir las cosas claras y desnudas sin temor al “escándalo”, que llamaría cualquier religioncilla, aunque ella fuese la cristiana, que, por ser falsa, es hasta apócrifo su nombre, como probé históricamente en mi libro “Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor”.

   

Al ser faltas tamañas el uso de la carne, ¿qué castigos no merecen los de la grey cristiana, que no sólo hacen uso faltando según ellos a la ley de Dios, sí que también al voto para ellos sagrado de castidad y quebrantando el celibato, carácter esencial del ministro del Dios cristiano? ¿No son ellos sabios de la ley católica? ¿No son ellos ministros de Dios? ¿No tienen que parecerse a los ángeles? Si esto es verdad, ¿por qué roban ellos la carne? No podrán decir que no es verdad, porque donde quiera hay pruebas de jóvenes seducidas, de esposas deshonradas y miles de monjas que han sido madres o han podido serlo, de lo que un registro médico nos

   

Mas no vea nadie en esto acusación individual. Recalco los hechos para que, a la par que condeno la falsedad de los preceptos y dogmas de la causa Iglesia, para tomarlo como prueba de que la ley de la carne nadie la puede burlar ni engañarla. Pide lo que es suyo, lo que la naturaleza le ha dado para perfeccionarse y perpetuarse; y es oponerse a una augusta ley que complementa las leyes divinas, el no usar de la carne con medida, a su tiempo y por modos naturales.

   

El espíritu tiene goces sublimes en la percepción del Creador, en la comprensión de su grandeza y de sus admirables leyes, y el alma no podría menos de tener goces equivalentes y relativos en aquello que embellece y progresa con su trabajo y con lo que convive una y miles de veces, y ésta es la materia de los cuerpos animados.

   

Pero la naturaleza ha sido tan sabia, que ha puesto toda la fuerza de sus esencias, en combinación con las sustancias y órganos más delicados y fibras más sensibles del cuerpo animal, para que se sensibilicen por mil casos y sienta la materia deseos y necesidad imperiosa de unirse los seres y hacer vibrar en armonía sus órganos, produciendo ese hecho el placer más sublime que tiene la naturaleza, por el que viene la procreación de los seres, por lo cual se llama amor. Es cierto que es amor de la materia; pero la naturaleza le ha impreso toda la fuerza y armonía de sus esencias, para que los seres se amen y se igualen. Pero es necesario que estas uniones sean metódicas en los seres racionales, para que produzcan los efectos que la naturaleza se propone.

   

En los irracionales, que no tienen discernimiento, lo ha regulado en tal forma, que es necesario que la hembra sienta la necesidad de la reproducción; de lo contrario, el macho nada conseguirá y esto debería decirles mucho a los hombres, no sólo en el respeto debido a la mujer, porque es la que se expone a grandes sacrificios en su cuerpo por un momento de goce, sí que también a comprender que esa ley es hoy sagrada, por la cual todos nacemos; y, por lo tanto, todos tenemos la obligación de usar la ley para dar vida a otros semejantes, cuando a ello la máxima ley nos llama a cumplimentarla.

   

La unión de los seres de todas las especies en el reino animal; la germinación en el reino vegetal, hasta en el cual sabéis que existen machos y hembras y que la palmera, por ejemplo, no da fruto, si cerca o entre ellas no hay un macho, nos dice claro que la reproducción es por unión de los seres y se promiscuan por el medio que la naturaleza les ha preparado; y, por lo tanto, en los racionales usar de esa ley que por la intimidad y la afinidad que debe haber, pasa a ser la prueba de amor entre dos seres, y no usarla, es contra la ley natural y divina.  


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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