top of page
Joaquín Trincado

El Renacimiento Eclecticismo y Positivismo

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 22 may 2023
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 3 oct 2023


ree

A mediados del siglo XVII, Esteban Condillac, francés, jefe de la escuela Sensualista, quiere llevar a la prueba los principios sensualistas: detiene en su estudio por un tiempo a muchos pensadores, pero no encuentra razón comprobante y revive la necesidad el Eclecticismo o estudio comparativo de las varias doctrinas, escuelas y tendencias dominantes, para de sus resultados establecer el positivismo.


El más notable de ese tiempo es Cabanis (1757 a 1808), que ha dado un largo paso atrás, apoyándose en las teorías de La Mettrie: quiso Cabanis sostener que “el alma es una función del organismo, y el pensamiento una función del cerebro”. ¿Pero la prueba? Le fue imposible a él, ni han podido darla los millones de hombres que lo han seguido en su afán de desconocer al espíritu, obrando sólo por él.


Les siguen a éstos muchos otros, tratando de aplicar las leyes morales, las naturales y aún creen modificar el sensualismo, acumulándole la sensación y la atención; pero no pudieron menos al fin que reconocer que “esas facultades eran tan primitivas como todas las cosas”.


Pero entre tanto el materialismo detiene a los hombres, porque gustan de la materia que les da satisfacciones; pero ignoran el porqué y no les importa desde que no tienen razón más que desconociendo la razón.


Maine de Birón, que se desengaña de los principios sensualistas de Condillac, toma otro camino y funda “el espiritualismo” bien intencionado, en contra del materialismo y empezó considerando la diferencia que existe en la manera de conocer el yo de los objetos exteriores y la de conocerse el yo a sí mismo.


Tiene razón Maine. El yo se resiste a conocerse mientras está identificado con las pasiones; pero en cambio se hace juez y parte en el conocimiento de las otras partes y objetos, aunque sea por la fuerza bruta; mas llega un día en que se colma la medida y entonces sí, empieza a tirar el lastre, se aliviana y flota por encima de la materia.


Un tanto bien lo entendió Maine, pues dice: “El yo es de este modo sujeto y objeto en el conocimiento de los fenómenos internos, haciendo aquí la conciencia el papel de sentido íntimo, semejante a los sentidos internos.


Ya es mucho esa tesis de Birón, porque afirma la existencia de un yo capaz de percibir lo real y la causalidad.


Sin embargo, Birón, a renglón seguido cae en un error capital, pues conceptúa al yo individual, debiendo haber comprendido que el yo individual, dependiendo unos de otros, se enlazan en cadena sin fin, por lo que la individualidad desaparece, aun para el goce y el dolor; pues éstos se comunican por reflexión forzosa en otros seres.


Admite Maine de Birón, también, una voluntad, derivándose de ella la personalidad humana; pero oponiéndose a Schopenhauer, que considera esa voluntad universal. Maine la individualiza, dando así mayor aclimatación al pluralismo. No olvidemos que en Birón gravita el prejuicio sensualista y además es religioso, por lo cual es espiritualista.


Lo anterior da base a Boyer Collard (1763 a 1843), que, admirador de la filosofía escocesa, combate a los sensualistas y materialistas y sostiene que: “La Filosofía debe fundarse en la experiencia interna y sentido común”, pero se pone enfrente de los idealistas y quiere sostener que: “La existencia de las cosas exteriores se comprenden directamente por las percepciones sensibles, sin necesidad de recurrir al raciocinio”; lo que es un gravísimo error, desde que no podemos prescindir en ningún caso del raciocinio y esto es absoluto.


En esta forma se debatieron los franceses y aún sigue el pleito, transigiéndose el materialismo más culminante y el espiritualismo más fanático, consagrando el dualismo en base del pluralismo, lo que llevará a Francia al precipicio insalvable: a falta de una idea moral, cae en un lamentable positivismo egoísta.


Pero estamos en la filosofía francesa, a mediados del siglo XIX, llamado de las luces, y Víctor Cousin (1792 a 1867), constituido en jefe del espiritualismo, teniendo como ayuda y buen discípulo a Teodoro de Junffroy, que trata de vencer sus arraigadas creencias religiosas y porque ve la necesidad de las ideas y doctrinas racionalistas.


Cousin prescinde de sus maestros, Birón y Collard, y para cambiar de ambiente se trasladó a Alemania y, ante aquel espectáculo de lucha ardiente entre los filósofos, concibió que, aquéllos, ni él ni los suyos tenían la verdad y la razón; pero que esos dos atributos estaban en el conjunto de todos ellos; con lo que Juffroy deja de ser espiritualista, declarándose espiritista; que aunque bajo el nombre de Eclecticismo hicieron base a lo que la ley de progreso del espíritu iniciaba para aquellos mismos días, en que empezaron los fenómenos espiritistas, trastornando a todos y dejándolos estáticos y desmentidos. Eran los días de León Denizart: (Allan Kardec).


Pero en ese especial Eclecticismo de Junffroy colabora la mayoría de los estudiosos, aunque sea por la curiosidad, que si es recta, es la mejor alcayata para el estudio; de este modo, vemos engolfados en experiencias con Junffroy a Garnier, Damiron, Frank, Bouillier, Gerusser, Jacques, Jonet y muchos más que llegaron a estos puntos:


1°) Los fenómenos internos deber ser estudiados con el mismo método que los externos, pero con un instrumento distinto: la conciencia y la observación interna. Son los que reúnen la escuela escocesa y la cartesiana.


2°) Cada sistema filosófico satisface hasta un punto capaz a alguna tendencia del espíritu humano; entonces, ha de procurarse la conciliación de los sistemas, hasta dejar satisfechas a aquellas tendencias aparentemente contradictorias; lo que es matar el dualismo y por ende el pluralismo.


3°) El sentido común debe servir de guía en el estudio de los sistemas filosóficos.


4°) Debe procurarse acuerdo entre el espiritismo, aceptando la experiencia como fundamento de la ciencia, pero admitiendo también la existencia de principios a que se subordinan los conocimientos, y sin los cuales es imposible el pensamiento.


5°) Bajo el punto de vista práctico, la filosofía debe preconizar una política liberal y moderada, como debe respetar la religión cristiana conociendo su valor moral y su importancia histórica.


Ya lo veis. Son hombres liberales: disciernen; pero caen por el atavismo en la traba que siempre los ató. Aman el peligro y es justo que perezcan en él. Son liberales y caen en el mayor mal, declarándose religiosos sin poder serlo, desde que estudian ciencia y la ciencia es contra la religión, ya que cada paso que da la ciencia es un paso que la religión queda atrás y ésta maldice a la ciencia. Son liberales, pero son cristianos por gravitación del ambiente y la educación y no vacilan en dar la supremacía y respeto a la religión cristiana, la cual desmiente los puntos que afirmaron; por lo que su obra no sólo es nula para ellos, sino que dejan la tea encendida entre todos los hombres y ninguna de las otras religiones aceptará sus conclusiones por lo que declaramos que, todos esos hombres dejaron un borrón que lo tendrán que quitar con más pagar el mal ocasionado, medido en las contiendas que ha debido sostener el Espiritismo con el Espiritualismo amalgama, fundado por ellos bajo su idea religiosa.

***

Hay otra pléyade de hombres en Fancia, que toman la ofensiva contra los espiritualistas y, Comté (1798 a 1857) fundaba la escuela positivista; pero empieza tan desastrosamente, que no admite la verdadera discusión crítica de los conocimientos; al contrario de Kant y Locke.


Si reputa que hasta las matemáticas son objeto de experimentación, no admite en cambio la discusión y crítica en los principios más errados que él quiere consagrar indiscutibles, como el de que “la ciencia se ha iniciado en el estado Teológico de los pueblos, pasando al estado Metafísico, en el que las causas Sobrenaturales fueron reemplazadas por abstracciones, como fuerza y substancia, llegando finalmente al período positivo en que se investigan las leyes de los fenómenos mediante el estudio de los mismos fenómenos”.


El absurdo, es mayúsculo; sólo puede tenerlo un juramentado en defender a costa de su honor, el error y el dogma. Y es el caso, que a Comté, no le falta luz; pero por esto mismo es un prevaricador consciente del prinicpio racional de libertad. ¿Será aun esclavo de la religión? ¿Podría probarnos, que su misticismo es el positivismo de las ciencias, las que no admiten religión?.


Algo enmendaron sus mismos discípulos Littré y Taine; pero es porque ya no pudieron resistir a la filosofía de Allan Kardec (1) que tuvieron la suerte de estudiar en cuya obra, prólogo de la que realiza esta nuesta Escuela, hubieron de ver las pruebas irrebatibles de que el espíritu lo es todo en todas las cosas de la vida. Hoy justificará Francia, quiera que no, que su defensa del catolicismo y cristianismo es el peligro para dejar de ser.


No ha de quejarse tampoco de que el Padre Creador no le diera a Francia, primero que a otras naciones, el Ancla de Salvación, lo que prueba que su enfermedad estaba también más avanzada que en las demás; pero no quiso aprovechar la medicina que era el Espiritismo expuesto por el Apóstol Kardec, en su filosofía de los espíritus, que Francia mixtificó, rechazó la medicina y... como el Creador no tiene otra... le decimos: “Justicia elevat gentes, miseros auten facit, populos pecatum”. La justicia eleva a los pueblos, mas el pecado los hace miserables. ¿Tendrá mejor fin Inglaterra?.


1 Kardec lEÓN Hipólito Denizard Rivail, nació en Lyón el 5 de octubre de 1804. Murió en París el 31 de marzo de 1869.


Libro: Filosofía Austera Racional (1ra parte)

Autor: Joaquín Trincado

 
 
bottom of page