El poder de María es omnipotente
- EMEDELACU

- 3 oct 2024
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Nada diría este epígrafe con ser todo lo que decir se puede si no lo razonara.
Ninguna sombra de las que se han envuelto a María por la religión rasgaría, sino fundamentara antes la razón del poder omnipotente del Espíritu de María, pues la religión la hace irracionalmente más que Dios, porque dogmáticamente la declaró Madre de Dios, y ser Madre en Ley Divina y humana es ser más y mayor que el hijo, aunque éste fuera Dios, si pudiera ser realidad un absurdo, como el sostenido (sólo es verdad por el terror del Dogma) por la apócrifa Religión Cristiana Católica.
Pues bien, en la primera parte os quedó probado que María no fue Madre de Dios ni tuvo a Jesús más que por obra y gracia del Amor del fuerte José, lo mismo que sus otros hijos.
Allí también queda esbozada la causa de la grandeza de María, por ser Madre natural y en Ley como todas las Madres, única forma invariable eternamente por la que se puede ser Madre, por obra de varón y única causa como primera y fundamento de otras causas de la grandeza de los Espíritus todos, el ser Madre, porque a este cargo la Ley Divina reserva, no por parcialidad sino por rigurosa Justicia, las ternuras y delicadezas de toda la Naturaleza, porque ser Madre representa el Amor del Creador en su más alta representación humana y esto no hay que argumentarlo, pues las madres lo conciben y vosotras Madres, fuentes de la vida humana me daréis la razón en vuestros sentimientos. Mas dejemos el amor para otro punto y veamos el porqué del poder omnipotente de María y cómo se lo ha ganado por su esfuerzo.
He razonado con toda Justicia y Lógica, que las condecoraciones ganadas e impuestas por el plebiscito equiparan equitativamente al condecorado con el Jefe Supremo del Estado y que éste tiene que oír la petición de ese intermediario porque él es “Vox pópuli”, y esto cualquiera lo comprende en razón y Justicia, como el condecorado y el Jefe comprenden y confiesan que ellos sólo son sostenidos y mandados del pueblo soberano, única autoridad por su fuerza colectiva y común y está Legislado de muy antiguo en la fórmula con que Aragón consagraba a sus Reyes y sólo esto es Justicia, lo demás, Non.
Mas el cuerpo de los hombres es temporario y relativo en poder, aunque sea el más grande emperador y relativo el poder e influjo del condecorado, que no puede ir más allá de sus fronteras, ni revestir más poder que el que le da la Nación al Jefe y el grupo colectivo que inviste al intermediario condecorado, son poderes plenipotentes, parciales, no son omnipotentes porque no es poder universal y lo tenemos probado en que hay más de un Rey y más de un reino con más de un condecorado.
¿Sería esto poder? Lo es, dentro de los límites de su acción y más allá no puede ir porque en él no cabe más, es la Ley de la medida, si se quiere llenarla más se sobrará con perjuicio, para abarcar más tiene que agrandar la medida al tanto de lo que quiere abarcar y en tanto no agrande la medida o recipiente, toda pretensión es vana, quimera y perjuicio y por lo tanto Injusticia: la medida se sobrará.
¿Cómo se agranda la medida, para que quepa lo que se quiere abarcar?, no hay más que un camino, el trabajo que es progreso y éste le llevará inequívocamente a su fin, por la amistad primero, por estrechas relaciones después, más tarde por la afinidad creada y de aquí entra la confianza, de la confianza la petición, de la petición el mandato y del mandato la autoridad y de esta escala puede evadirse para alcanzar poder, pero no la puede recorrer sin trabajo, sin sacrificio que representa Amor.
¿Queréis un ejemplo práctico por el que pasáis todas las madres?, en vosotras mismas está; recordad el primer encuentro con el amado de vuestro corazón, contemplaros cómo os sonrojabais a su primera palabra y vosotras os escudabais en vuestro recato, recordad cómo crecía con el trato vuestra confianza y que al fin os decidisteis a conceder el primer beso tímido, en el que luego pondríais todo el fuego de vuestro amor y subid de grado en grado por todos los pasos de vuestros amoríos, desde la primera vista hasta la alcoba nupcial, donde reunidos en cuerpo y alma engendrabais el fruto de todo aquel amor, que os colmó de caricias, mirándoos los dos en los ojillos inocente del niño.
Para llegar tú, Mujer a entregarle el depósito del amor de tu corazón al ya tu compañero del Destino en la alcoba nupcial, ¿cuánto escudriñaste?, ¿cuántas lágrimas derramaste?, ¿cuántas luchas debiste vencer? ¡Oh, qué página divina es ésta y aún por falta de Educación no habéis sabido estudiarla! Pero erais llevadas por el amor y éste es sacrificio y no ignorando que la entrega de vuestro cuerpo, arca preciosa de la vida humana a vuestro amado en el que ya habíais depositado toda la confianza, no ignorando digo, que esa entrega representa vuestro sacrificio de la vida corporal, muchas veces os entregáis a él para ser Madres y sufrís y volvéis al sufrimiento sin temor a los dolores, sin que os arrende la muerte del cuerpo, y ¿qué os empuja?, ¿qué fuerza os quita el temor? Os empuja la Ley Divina de la Maternidad, os quita el temor la fortaleza del ser amado que os protege y que es vuestro intermediario entre sacrificio y trabajo y el progreso y deber, Jefe Supremo de los destinos de los cuerpos que son las condecoraciones que únicamente nos pueden presentar al Espíritu que en nosotros se envuelve y que es el mismo Creador, porque nuestros Espíritus son consubstanciales de su autor, único Jefe, sin ser nombrado más que por sí mismo, pero reconocido Supremo por nuestros mismos Espíritus, porque ven y viven de su Luz en la que únicamente puede ser grande y por esto empujan a los cuerpos, instrumento con que el Espíritu agranda la medida que es su Alma, por el forzoso trabajo, para así poder llevar más conocimientos, más méritos, más victorias de los secretos de la Naturaleza, cuyos tres reinos le rinden homenaje dándole todo su caudal que convierte en Potencia Magnética de los infinitos grados y clases y con esta base el mundo reconoce el poder y grandeza de un hombre, por sus hechos, y es un escalón que sube el Espíritu y es un florón que agrega a sus condecoraciones, hasta tener las suficientes para llegar al Espíritu Maestro, Jefe de todo un Plano, o introductor al Jefe Supremo y así de grado en grado, de escalón en escalón, por el progreso de cada existencia llegamos a la omnipotencia Espiritual que la comunicamos a nuestros mismos cuerpos y de aquí la grandeza que ciertos seres nos muestran en los hechos de la vida humana.
En la Tierra por sus hechos, virtudes, sacrificios, Maternidad y Amor, la mayor omnipotencia corresponde a María, pero le viene como a todos, de la solidaridad, del Plebiscito Espiritual, que sólo este plebiscito es Eterno y continuado y en él es el mayor intermediario el que más condecoraciones presenta y ninguno entre los dos billones y tres mil quinientos millones de seres que a la Tierra pertenecen, presenta más ni tantos blasones como María, porque del fruto de sus sacrificios, del fruto de sus entrañas en tantas existencias, que ya os dejé referidas, todos los seres enumerados tienen carne de su carne y alma de su alma, porque ella es tronco del inmenso árbol de la humanidad regenerada y hoy refundida en la Raza Adámica, tronco nacido de la raíz Amor, Ley única y Suprema a la que María se parangonea.
He aquí en verdad de verdad la causa de la omnipotencia de María, por lo que es el primer intermediario de toda la humanidad entre el Juez y el Padre que lo mandó y es así real y verdaderamente en lo material, Madre de todos los hombres de la Tierra por lo que tiene también el poder y la autoridad de todos los hombres como tales y de todos los Espíritus por Ley de Solidaridad, por lo que es omnipotente pero no omnímoda, porque ella al fin es el mayor intermediario, pero no puede dejar de ser criatura y como todos sujeta a la Ley y ésta sólo es omnímoda porque es el Creador.
Yo afirmo los axiomas del Espíritu porque a ello fui mandado, pero en los axiomas humanos rasgo el crespón para que los hombres vean lo que el error, la malicia o la ignorancia les opaquiza por la Ley de la carne y como declaro que María es omnipotente como Espíritu, pido al mundo que declare a su Madre omnipotente de lo relativo a las fuerzas colectivas de la Tierra, porque todos sois sus hijos materialmente como os lo he probado desde Eva hasta María. ¿Y qué hijo hay que no quiera a su Madre en la mayor grandeza, en la mayor potencia? Sabe el hijo que participa de los méritos de su madre y sus blasones adornan su frente y regalan sus oídos las alabanzas dedicadas a la que lo encerró en sus entrañas y lo amamantó en sus pechos y todos sois carne de su carne y alma de su alma.
Libro: Vida de María
Autor: Joaquín Trincado
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