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Joaquín Trincado

El Oído

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 29 may 2023
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 8 oct 2023



Este sentido nos sirve, para apreciar las vibraciones acústicas del universo transmitidas por medio del aire, del agua y de los sólidos y también por la inspiración.


Las impresiones acústicas son análogas a las térmicas y eléctricas de la piel, en cuanto proceden de vibraciones estimulantes; mientras que las impresiones táctiles, mecánicas, gustativas y olfatorias, se originan por contactos de cuerpos sólidos, líquidos, gaseosos y espirituales; por vibraciones estas últimas.


Las vibraciones acústicas, no actúan directamente sobre los nervios auditivos (8° par), sino que han de sufrir necesariamente un proceso fisiológico a través de tres grupos de órganos, como se ve en la fig. 8.


Es preciso ordenar bien la descripción de este órgano, no el primeramente necesario, pero sí principal de nuestro desarrollo intelectual y social, para lo que vamos a correr por partes anatómicas.


1°. El oído externo que comprende: la oreja o pabellón, que forma el receptor o pantalla de entrada en forma de concha, que recibe y concentra las vibraciones acústicas y está en conexión con el conducto auditivo externo que da camino a las vibraciones recogidas que han de convertirse en impresión acústica.


Es tan previsora la naturaleza que, este conducto, segrega una cera viscosa, destinada a recoger y retener las partículas polvorosas, que pudieran ser arrastradas por las vibraciones y herir la membrana timpánica, que perturbaría sus delicadísimas funciones.

2°. El oído medio constituido por la caja timpánica que comienza en el tímpano o membrana que cierra el conducto auditivo externo.


Las vibraciones que por éste llegan del exterior, son reproducidas por la membrana timpánica y transmitidas al oído interno por medio de tres huesecillos ligados entre sí y al tímpano, que se denominan martillo, yunque y estribo.


La caja timpánica, además de su comunicación con el oído interno por el costado opuesto al conducto externo, comunica por su parte inferior con el canal respiratorio, mediante un tubo llamado la Trompa de Eustaquio. Esta tiene por objeto conservar el equilibrio entre la presión interna del tímpano y la externa de la atmósfera y renovar el aire absorbido.


3°. El oído interno, llamado laberinto que comienza en un vestíbulo adyacente a la caja timpánica de la que está separado por una ventana oval, cerrada por una membrana adherida a la plancha o base del estribo timpánico.


Del vestíbulo, parten cuatro conductos, distribuidos en los órganos. El superior, que está formado por tres canales semicirculares, dispuestos en distintas direcciones y rematan en unas ampollas en la desembocadura común del vestíbulo: y el inferior formado por el caracol de dos y media vueltas o sección ósea del laberinto y cuyo interior está ocupado por tres espirales que se muestran en la figura 9.

a) Escala timpanal, o espiral inferior que desemboca en la ventana ovalada, estando en comunicación con la caja timpánica.


b) Escala vestibular, o espiral superior; separada de la precedente por la lámina ósea del caracol y que desemboca en el vestíbulo, comunicándose directamente con el sáculo oblongo ligado a las ampollas de los canales semicirculares.


c) El canal coclear, o espiral intermedia, separada de la escala vestibular por la membrana de Reissner, y de la timpanal por el limbo de la lámina ósea y por la membrana basilar.


El canal coclear desemboca en el sáculo redondo del vestíbulo.


Aclaremos ahora: todo lo que propiamente llamamos laberinto contiene una substancia líquida llamada “Endolinfa”; y por ella las vibraciones acústicas retransmitidas por los huesecillos timpanales, son propagados dentro de los sáculos del vestíbulo, de las ampollas, de los canales semicirculares y del canal coclear del caracol.


Los nervios acústicos del 8° par cerebral se ramifican precisamente dentro de los sáculos, de las ampollas y del caracol, que se distribuyen del modo siguiente:


a) Rama vestibular del nervio auditivo. Provee de fibras nerviosas al sáculo oblongo y a las tres ampollas membranosas. Dentro del sáculo y las ampollas rematan las fibras nerviosas en unas crestas acústicas coronadas de pelos auditivos, cuyos movimientos, determinados por vibraciones propagadas en el líquido del vestíbulo, hacen el papel de generadores de las impresiones irregulares o ruidos.


b) Rama coclear. Se distribuye entre el sáculo redondo del vestíbulo y el caracol, al que penetra por los orificios de la criba que ocupa una parte de su envoltura ósea. Las vibraciones nerviosas del sáculo redondo terminan en crestas pestañadas iguales a las del saco oblongado y de las ampollas. En cuanto a las fibras nerviosas del caracol, forman sobre la membrana basilar el complicado aparato musical, llamado de Corti, entre el canal coclear y la escala timpanal.


Y bien: el aparato de Corti lo componen unas 3.000 fibras, sobre las cuales se hallan los arcos de Corti representados por bacilos acústicos internos y externos (puentes y cuerdas). Cerca de estas fibras existen varias series de células pestañadas que se comunican con las fibras nerviosas.


La onda sonora que ha puesto en movimiento o vibración al tímpano es trasladada por los huesecillos auditivos a la membrana de la ventana oval y de ésta al líquido del vestíbulo, en el cual toma dos direcciones diferentes, que corresponde a los sáculos y sus continuaciones.


La onda del sáculo oblongo corre por los canales semicirculares y pone en movimiento los pelos auditivos de las crestas acústicas, por medio de los cuales se cree que se transmiten sólo los ruidos, mientras que los sonidos musicales son llevados por el aparato de Corti.


En ese caso, la onda del sáculo redondo se comunica al líquido del canal coclear y pone en movimiento el aparato de Corti, en el que la membrana basilar débese mirar como un instrumento musical de cuerdas paralelas, en el cual vibran las diferentes zonas radiales en distintos períodos o intervalos, según la longitud y tensión de las fibras.


Las fibras de la membrana basilar transmiten sus movimientos a las células pestañadas que comunican con las ramificaciones del nervio auditivo, el cual lleva las impresiones al cerebro.


Teniendo como 3.000 fibras en la membrana espiral basilar, corresponden a cada medio tono de las Siete Octavas en que se ha dividido la escala musical, poco más o menos 49 fibras.


Wagner, entre otros músicos, ha distinguido diferencias mucho menos marcadas entre dos notas, apreciando hasta 1/64 de tono: de lo que dedujo, pues, que dos sonidos de ese valor corresponden a dos fibras diferentes, pero las más próximas de la escala de la membrana basilar, por la razón de su longitud diferente, y que se ponen en movimiento por las órdenes sonoras del ambiente, según el tono propio que les corresponde, produciendo entonces de 32 a 20.000 vibraciones por segundo, que corresponden a los tonos que el hombre de oído musical es capaz de percibir.


Las impresiones acústicas estimuladas por las vibraciones de los cuerpos elásticos proceden de tres condiciones del sonido.


1° La altura que depende del número de vibraciones efectuadas en la unidad del tiempo, subdividiéndose los sonidos en graves, naturales y agudos.


La escala musical está formada por siete sonidos fundamentales, ligados por relaciones aritméticas constantes entre sus respectivas alturas.


Vibraciones relativas: 24, 27, 30, 32, 36, 40, 45 y 48; notas fundamentales que se pronuncian: do, re, mi, fa, sol, la, si, do.


Con cuyo último Do se encabeza una escala superior más aguda, cuyas alturas son el doble de las precedentes. Conociendo entonces el número de vibraciones por segundo de cada nota en la escala fundamental, bastará tomar la nota respectiva más grave o más aguda para averiguar el número de vibraciones que han pasado por el oído, cuyo número absoluto se obtiene por medio de las contenidas en la nota fundamental La, que es de 435 vibraciones por segundo.


2° La intensidad, condición cuantitativa del sonido y que depende de la amplitud de las vibraciones, los factores de la intensidad son: la fuerza del choque inicial de las vibraciones; el medio más o menos conductor en que se propagan las ondas sonoras; la distancia entre el oído y el cuerpo sonoro, y la altura del sonido, porque el número de vibraciones está en proporción inversa con la amplitud de las mismas, siendo más pequeñas las más numerosas.


3° El timbre o condición cualitativa del sonido depende de la naturaleza del cuerpo sonoro.


La cuerda de un violín puede vibrar a la misma altura y con la misma intensidad que la columna de aire emanada de una flauta: pero es fácil distinguir ambas notas, por el timbre peculiar de cada instrumento, a causa de que las vibraciones de los cuerpos sonoros, y especialmente de los instrumentos musicales, se producen acompañadas de otras vibraciones secundarias y armónicas, determinadas por las zonas o partes del cuerpo sonoro y de los adyacentes, que vibran con independencia del sonido fundamental, cuyo regulador es el oído-material, accionado por el oído psíquico, sin el cual no habría armonía posible, la que consiste en medir los tiempos de cada nota: Y lo que demuestra evidentemente por el “oído psíquico”, que en música se denomina sentimiento, que en todo, el todo es el espíritu: y en las bellas artes, y especialmente en la música, cuanto más puro es el Espíritu, más armonías hace.


Libro: Filosofía Austera Racional (2da parte)

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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