top of page
Joaquín Trincado

El matrimonio dogmático es nulo ante la ley divina

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 3 jul 2025
  • 7 Min. de lectura
ree

“Cualquiera que despidiera a su mujer, dele carta de divorcio”, se lee en la Escritura. “El espíritu no está obligado a vivir con los que le son antipáticos”, nos repiten los espíritus. “Donde amas, allá está tu corazón”, dijo Jesús.

   

Implícitamente, está este párrafo ya probado en el párrafo 4°, del Capítulo 4°; los versículos que anoto son suficiente sentencia; pero es de gran importancia estudiar un momento el matrimonio según hoy se considera y veremos que es un atentado a la ley divina de “creced y multiplicaos” y al libre albedrío de los espíritus, a la inexorable ley de los afines, a la de justicia y, en fin, a toda la ley de Amor.

  

Las leyes naturales no han excluido a nadie del uso de la carne; esta ley no ha respetado al pontífice, al monarca, al sacerdote, al rico ni al pobre; todos sienten el aguijón de la materia irresistible, y es en vano acallarla con consejos ni amenazas; sólo la materia se acalla dándole lo que necesita, lo que en ley le pertenece, lo que en el párrafo anterior queda expuesto del desequilibrio moral y material que ocasiona el vicio de ambos sexos; pero al final, la causa principal es el matrimonio dogmático, ya sea canónico, que es un absurdo, y aun el civil, que si no pone trabas a la unión, las pone para el divorcio.

  

El divorcio es de necesidad, mientras existan leyes opresoras y dogmas despóticos que no dejan llegar al verdadero amor y, por esto, a la Comuna; momento en el que todas las leyes sobran y los dogmas serán la chacota más extravagante que los venideros verán, de todos los absurdos que hoy nos quieren regir y que sólo a costa de sangre y fuerza bruta se han hecho temer, pero nunca respetar. 

 

Para que fuesen temidos esos absurdos, el medio ha sido la ignorancia de los hombres, y se les quitó de las manos todos los medios de instrucción, no pudiendo ni cantar una copla que no llevara al pie: “con autoridad eclesiástica”. ¿Cómo responderéis, emperadores, monarcas, jefes de estado y jueces, ante las generaciones que ya empiezan a llegar a la tierra y son vuestros propios hijos, del coco que les infundió la fantasma religión? Porque, creedlo y os lo dice el Creador nuestro Padre; vuestros hijos vienen ya con juramento de “enderezar entuertos”, porque han sufrido el juicio final y vienen en el reinado del espíritu con el compromiso de establecer el reinado del amor en toda su santa libertad, bajo el régimen de la más justa comuna que les traza el juez enviado, al que conocen porque fue su juez y saben que representa al Espíritu de Verdad, el que representa al Padre.

  

El remedio lo tenéis en vuestra mano; pedid cuentas a las religiones de su falso dogma y terrorífico proceder y anularlas como causa, salvando los efectos, que son los inconscientes que, por la ignorancia, yacen en el error; y si sus ministros no os respetasen, someterlos por la fuerza, porque ellos de la fuerza usaron; pero sin dar ocasión al pueblo a mancharse de sangre.

  

Ellos representaron un Dios creado por ellos; pero el Juez os ha presentado al Creador de todo por Amor y en nombre de éste juzgué a ese Diosecillo antropófago y la justicia lo condenó al no ser.

  

Os he quitado ese Dios de crímenes y opresión y os di un Padre de Amor y libertad; os quité una doctrina de absurdos dogmas y os di la doctrina de axiomas eternos en el Espiritismo; os quité iglesias microscópicas y de error y os di a la iglesia universal con la verdad única y suprema; elegid, hoy no podéis alegar ignorancia, y sabed, que la tierra es sólo una heredad común; ésta es del Padre y el Padre la ha dado por un período, por el Séptimo día, al usufructo comunal a todos sus hijos que en ella han progresado y la ha hecho progresar por el trabajo y quieren seguir trabajando con voluntad; y los que no estén en condiciones de sabiduría, con disposición de trabajar en el jardín, tendrán que trabajar en el bosque de los mundos primitivos, que son tierras más duras.

 

No acusaréis en vuestro favor ser papas o sacristanes; monarcas o vasallos; magnates o barrenderos; todo eso será contra vosotros, si no habéis cumplido este Código de Amor. Yo amo la justicia y odio la iniquidad, pero no odio a los hombres de la iniquidad. Yo vengo a destruir las causas del mal y a salvar los efectos perjudicados, los hombres; destruyo errores y proclamo la verdad. Haced así vosotros.

   

Leed aquí el Párrafo II del Capítulo 3°, “Cómo apareció el hombre sobre la tierra”, y comprender si allí se podía señalar ni rey ni Roque; ni papas ni dogmas; ni leyes, más que la de afinidad y justicia; y éstas las traía cada ser, en cada bolsita; y se unieron y procrearon y no había sacerdote ni juez; que se unieron, nadie lo puede dudar porque existimos aún y nos reproducimos, porque nos unimos hembras y varones luego para la procreación y no había dogmas ni leyes, y para la unión de los seres no hace falta ni sacerdote ni juez; pero sí el consejo y dirección de los maestros, para mantener el imperio del Amor, única Ley.

 

¿Y cómo se constituirá y conservará la familia?, se observará. Ya dije lo que constituye la familia; la deuda y la afinidad de los espíritus es sólo lo que constituye la familia, y esto se ve en el espacio y no en la tierra. Y hoy no hay familia en la tierra, porque en ninguna hay unidad; y no hay unidad, porque en ninguna hay Amor.

  

No, señores; no hay amor en la familia porque no lo hay en la nación; y no hay amor en la nación porque no hay amor en todo el mundo.

 

Para que haya amor en la familia es necesario que haya amor individual, reconociendo cada uno que él no es más ni menos que el otro; y no puede suceder esto ya, desde el momento que el hombre es educado, reconociéndose igual a la mujer, siendo en la ley divina un axioma. Y como en millares de casos acontece que el hombre es libertino y sobre libertino supremático porque le ampara la ley absurda hecha por él y para él, el hijo aprende lo mismo, y ya, con la hermana, se mantiene en superioridad; y cuando la ley civil creada lo declara mayor de edad, ya se sobrepone también a la madre. ¿Dónde está aquí el amor? Y si no hay amor, ¿cómo puede haber justicia?

   

Abolir las leyes de conveniencia; dejad a los seres que se unan por voluntad; y si se han equivocado, dejadlos que se marche cada uno por su lado y no les obliguéis a vivir juntos por fuerza odiándose y haciendo la desgracia de los hijos. Poned la casa comunal y llevad allí esos hijos que son riqueza de la Comuna; pero observad que no habrá crímenes, ni tretas, ni vicios, ni enfermedades, porque el amor irá haciéndose camino y veréis armonía en la familia, en la ciudad, en la nación y en el mundo todo.

   

Las leyes que obligan al matrimonio son producto de un error no menos grave que todos los hasta aquí enumerados, y lo tocaré al tratar de la propiedad. 

   

Voy a terminar este párrafo diciendo; que las leyes de los estados, ni los dogmas, ni los cánones, han podido impedir las uniones libres y la procreación de los seres; ni que un hombre que juró en el altar o firmó ante un Juez, se haya unido a hurtadillas o al descubierto con otra mujer; ni con un hijo que en la ley de los afines o de la justicia, haya venido en cumplimiento de un deber o dar amor a sus padres afines y se haya separado por mil circunstancias aún en la menor edad; y si nada de todo esto pueden evitar todo ese cúmulo de leyes absurdas, es porque hay por encima de las absurdas leyes, otras leyes que se imponen; y, por lo tanto, el buen juicio impone abolir lo inútil, porque la lógica dice que hay que preferir lo útil a lo agradable; pero las leyes que se imponen a esos absurdos, que son las hasta aquí enumeradas en este Código, son agradables y útiles; y así, el no aceptarlas, es una insensatez.

  

Mas hay algo muy sugerente en la historia y es que, algún rey, ha pedido el divorcio al papa y éste lo ha concedido. Y confiesan y afirman que “el matrimonio es un lazo indisoluble”. ¿Cómo autorizáis ese divorcio? No me contestéis que os forzaron, porque si lo decís desmentís la indisolubilidad; y si me decís que se trataba de un monarca, os acusaré de parcialidad y de falsa vuestra ley y de embrollón a vuestro Dios.

   

El Dios que hoy se os descubre es más serio; no tiene componendas; no reconoce supremacías; para él es igual el monarca que el obrero; todos, todos han de amar; todos, todos han de ser sabios; todos, todos han de cumplir la ley y ninguno ha de perjudicar a nadie. Y de este Dios, que sólo así se puede admitir un Dios, son las leyes que os trae este Código.

   

¿Quién lo puede rechazar? Yo no os obligo; yo vine a dároslo y os lo doy; admitirlo si tenéis voluntad ahora; y si no, ya lo pediréis después de algunos siglos de trabajar en tierras más duras que el jardín de la tierra; pero sabed que he venido a destruir las causas del mal y las destruiré moral y materialmente, porque en la tierra se encuentran todas las partes que tienen que pedir y rendir cuentas; si los que tienen que darlas se oponen, tanto peor para ellos; más intereses tendrán que pagar; y lo peor es que tendréis que pagar fuera de la tierra, porque así está decretado en los  Consejos del Padre. Pero si queréis pagar vuestras deudas, no importa no tener fondos; porque si tenéis voluntad, el Padre es todo amor; el Espíritu de Verdad vive en su amor; y el Juez trajo ese amor y Jesús y María, con los demás misioneros, os recibirán en amor al pedido de vuestro juez y serán garantía del Padre de que pagaréis vuestras deudas trabajando y amando. ¿Cómo podéis conseguir esto? Aboliendo por vosotros mismos las leyes, dogmas e iglesias, clases, razas y estados supremáticos y dando comienzo a la implantación de la Comuna Universal, en la que nadie desciende; todos suben, pero en la más justa equidad, según el progreso, sabiduría y amor individual. ¿Queréis ser el mayor? Yo os señalo el camino; amar más y más desinteresado. El que más ame la justicia, amará más al hermano y ese será el mayor.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
bottom of page