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Joaquín Trincado

El lenguaje; demostración de las ideas

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 16 oct 2023
  • 11 Min. de lectura


El lenguaje es el instinto peculiar de la especie humana y aunque por la educación consigamos hacer pronunciar palabras al loro, no es instinto de ese animal, sino que es magnético y podemos imprimir en él nuestra sugestión, llevándolo a cumplir nuestro deseo de imitarnos; lo contagiamos de nuestro instinto peculiar porque su materia gris es la más similar a la del hombre.


No conseguimos este efecto del mono a pesar de su semejanza al ser humano, acaso para demostrar la naturaleza que el mono no es el padre del hombre, aunque gran parte de nuestra mímica la pueda imitar; lo cual revela que el hombre nació hombre como especie y no ha sido el resultado de transformaciones animales.


Vengamos ahora a la explicación científica, medio más pequeño que la sabiduría Metafísica, porque la ciencia es sólo una pequeña parte cada una de la metafísica, y entre todas las ciencias reunidas forman apenas el primer grado y escalón de la sabiduría.


En efecto; todo cuanto las ciencias pueden explicar no son más que los reflejos de la Metafísica; chispas, destellos de la sabiduría que nuestro espíritu refleja como puede en nuestro organismo, para poder obrar con menos trabajo y más provecho, lo que antes obró por el arte, sin reglas, sin pauta, instintivamente, hasta la palabra expresada, aunque fuera guturalmente; pero cuya mímica, la hizo signos convencionales, inteligentes.


Y entre los movimientos reflejos que son consecutivos de nuestros fenómenos internos, se encuentran los de las cuerdas vocales, ubicados en la laringe, y que modifican las columnas de aire introducidas por la boca, haciéndoles producir sonidos más o menos combinados.


Dichos sonidos (elementos del lenguaje oral, diferentes del lenguaje mímico, que es el medio ingenioso, artificial, de comunicación de ciertos estados conscientes), dichos sonidos, digo, proceden, por consiguiente, de movimientos simpáticos y peculiares que se suman de cuatro caracteres del hombre: musculares, funcionales, atávicos e imitativos. Caracteres y peculiaridades que no las tiene, que no puede tener ni adquirir el más perfecto animal irracional.


Así pues, los sonidos se producen por la vibración del aire en las cuerdas llamadas vocales, cuyo aire hemos aspirado por las vías respiratorias (incluyendo los poros de nuestra piel) y le hacemos salir de los pulmones, chocando con esas cuerdas, donde vibra.


La modificación de los sonidos es debida a las alteraciones en la tensión de esas mismas cuerdas vocales, como también a la extensión de la parte vibrante de las mismas, cuya extensión y tensión es debida a una volición inconsciente en el uso ordinario del habla, pero consciente en la declamación y el canto.


En verdad, con un esfuerzo de tensión sube el sonido y baja éste con la relajación de las cuerdas vocales.


En la producción de los sonidos bajos, toman también, parte los bordes de los cartílagos, mientras que en la de los altos, sólo vibran las cuerdas vocales, y para su producción se necesita una tensión de aire más fuerte en la tráquea que para los otros; de donde resulta que las notas altas se pueden cantan solamente fuerte y las bajas piano. Además, al elevarse el tono, sube también la laringe y al bajar ésta, desciende por necesidad el tono.


Desde luego, que las diferencias de voz, entre los individuos depende y están relacionadas con la magnitud de la laringe, por lo cual las laringes grandes dan el tono bajo en los sonidos, en tanto que los sonidos altos, agudos, son producidos de laringes pequeñas.


La mutación de la voz en las juventudes, proviene precisamente, del crecimiento rápido de la laringe en la época de su desarrollo, perdiéndose entonces el tono alto y delgado para ser substituido por el tono bajo y lleno.


La voz humana tiene una extensión media de 3,8 octavas musicales. Para producir la nota más baja de la escala, las cuerdas vocales efectúan 82,5 vibraciones en un segundo, y para la nota más alta, alcanza a unas l055 vibraciones; como medida o Diapasón normal, se toma la nota La, natural, que tiene por término medio 435 vibraciones.


Resulta, pues, que los sonidos constitutivos de la voz humana, emitidos y regulados en virtud de movimientos de igual naturaleza que los de la mímica, pueden, desde luego, ser clasificados como “signos acústicos” y más adecuados que los demás, por sus innumerables ventajas inteligibles y variaciones para representar todos los actos de la vida que nacen como fenómenos internos.


En cuanto al origen del lenguaje atribúyase (pero sin razón) a las escuelas griegas, las que fundaron así, dos sistemas antagónicos, referentes a la palabra humana.


El uno consideraba la palabra como una creación divina, y el otro que refutaba que la palabra es un signo artificial debido a las conveniencias humanas.


Estos dos sistemas que han llamado antagónicos, no lo son; y los dos tienen un fundamento mismo, aunque expresado diferentemente. Decir uno que sea creación divina, no le falta razón, desde que el espíritu inteligente es de origen divino, entendiendo por divino al Creador. Y refutar el otro que sea convención humana, está también en lo cierto, desde que entendemos en ello al espíritu humano que, por sólo encarnarse en un cuerpo, lo hace sensible y físicamente inteligente, que, para serlo, lo manifiesta en las palabras con las que demuestra la inteligencia por propia conveniencia.


Sobre esas escuelas controversistas, estudió Heráclito y opinó que “las palabras no son sino <sombras y reflejos> de las cosas, tal como las imágenes de árboles y montañas que se producen sobre la superficie tranquila de las aguas”.


Demócrito atribuye un papel más alto e importante a la actividad humana: las palabras para Demócrito son “estatuas vocales o sea obras artificiales del hombre, cuyo trabajo solamente había sido subordinado a las leyes naturales que imperan sobre la <materia prima> del todo del hombre”.


Con carácter más científico, huyendo de la metáfora, Epicuro descubre la evolución del lenguaje, como el desarrollo convencional de una aptitud innata que, primitivamente ha sido ejercida por los hombres de una manera inconsciente, como entre los demás animales.


De este sistema Epicúreo, sacan apoyos Darwin y Lucrecio; pero éstos no han entendido la parte de Demócrito, “Materia prima del todo del hombre”.


Nuestra Escuela, en su libro “Conócete a ti mismo” y “Buscando a Dios y asiento del Dios Amor”, expone, cómo de los signos mímicos y guturaciones, por la necesidad de la defensa, los hombres primitivos pronunciaron las palabras, aunque fuesen como aullidos.


Pero prescindamos por un momento de la parte metafísica del origen inteligente, único modulador de los modos de manifestación de la vida, que debió pasar por todos los tamices para llegar a pronunciar palabras. Hemos de reconocer un gran esfuerzo en las observaciones antropológicas de Darwin y Tylor, y los experimentos de Weatshone, Cordereau y Helmholtz, confirmando en estos tiempos las teorías de Lucrecio.


No sólo Darwin, sino también por polo opuesto, los espiritualistas como Flammarion, han comprobado que en los seres animales, aun perteneciendo a diferentes especies, se establece entre ellos una comunicación de signos demostrativos que equivalen a un lenguaje instintivo: pero eso lo tenía dicho Demócrito, en la “La materia prima”, por lo cual no podemos conceder a Darwin y siguientes precitados más que la parte experimental, que ni es poca su labor, ni se podrán quejar de nuestro reconocimiento justo, desde que tales espíritus no pueden menos que reconocer nuestra austeridad en los juicios, sin prejuicio.


Tylor integra la teoría darwiniana del lenguaje y hace constar en su notable estudio de las interjecciones que los gritos expresivos de cada animal obedecen a la ley de las imitaciones, habiéndose observado que muchos animales, como ciertos géneros de monos, anuncian la presencia del león u otra fiera, para lo cual imitan en lo posible el rugido del enemigo.


Estas observaciones son mínimas, pero de alto valor científico experimental; pero que las podemos observar sin tantos aparatos y con sólo la atención en los niños, los cuales invariablemente empiezan por designar a los animales domésticos por la imitación de sus expresiones: al perro le llaman guau guau, al gato miau, al carnero mee, etc., etc.


Sin embargo, nuestro lenguaje no es articulado como lo ha demostrado Cordereau, sino en punto a los sonidos que podemos emitir “dependiendo, dice, la conformación hereditaria de los órganos vocales”, lo que es un error en este caso la herencia, pero es verdad la conformación.


Hemos dicho que “Es un error en este caso la herencia” y lo aseguramos porque los efectos de conformación es a causa del menor progreso del espíritu, que es el que prepara sus órganos todos y nadie le ayuda porque así es ley, y los padres, ni la naturaleza, no hacen más que darle materiales; el artífice es el propio espíritu y sabe su destino en cada existencia, a cuyo cumplimiento ha de preparar sus órganos; y de esto (en general también) proceden los fenómenos que observamos en muchos seres, agregando las influencias que hemos anotado en el párrafo correspondiente.


Si es cierto que los sonidos elementales dependen de la masa, dirección y bifurcaciones de las corrientes de aire encerrado en la boca; y se puede demostrar verificando un sencillo experimento, mímico-Psicológico. Dispónganse los labios para pronunciar la vocal U, y sin alterar la intensidad del aire y soplo, váyase gradualmente abriendo la boca y escucharemos las transformaciones del sonido en o y en a.


Tomad un niño sin la dentadura completa e incitadle a que pronuncie la d, la t, la z y la s. Fracasará porque carece el niño de elementos orgánicos para modificar las corrientes de aire, en el sentido de producir los mencionados sonidos consonantes.


En este punto Taine ha dicho bien: “El niño comienza por utilizar de una manera refleja sus órganos vocales, ni más ni menos que los demás de su cuerpo”; por esto vemos que empieza por modular los sonidos más fáciles, la vocal A, asociadas a las consonantes labiales mamá, papá, etc.


Spencer ha demostrado que la voz humana obedece a las leyes de los demás gritos animales en punto a que las diferentes entonaciones de un mismo sonido, denuncian desde la infancia las distintas emociones internas.


Cada final de exposiciones traeremos a Helmholtz, que ha preconizado el primero con carácter demostrativo, por medio de sus famosos resonadores, la verdadera naturaleza acústica del lenguaje vocal.


Cada sonido verbal es compuesto de uno fundamental procedente del movimiento vibratorio del aire y de varios complementarios formados por las resonancias dentro de la boca, cuya capacidad está subordinada a los movimientos de las mandíbulas y de la lengua.


Los antecedentes que acabamos de exponer relativos a la facultad perceptiva del lenguaje, habrán hecho comprender que tal como lo hemos observado al tratar de los sentidos, el niño no puede ejercer la función de la palabra imitando las que escucha, sin estar formado el aparato orgánico del lenguaje verbal.


Hay que agregar a ese principio la parte correspondiente a la palabra, del hábito y la herencia, que es su complemento con la educación, lo cual es notorio, en la facilidad para aprender la lengua materna, el timbre etnográfico, el acento nacional, la pronunciación y la entonación local.


Reflexiónese para ese caso, acerca de la diferencia que existe entre el niño que aprende el idioma de sus padres y el adulto que aprende una lengua extranjera.


El primero tiene que luchar con la insuficiencia intelectual; se ve forzado a establecer directamente las equivalencias entre los sonidos y los fenómenos. El hombre que aprende un idioma extraño tiene de su parte la plenitud del desarrollo intelectual; su tarea se reduce a recordar las equivalencias entre los sonidos familiares y los extranjeros. Y, sin embargo, el niño adelanta velozmente en su integración del lenguaje, adquiriéndolo hasta con sus peculiaridades físicas, mientras al adulto le cuesta enormemente, poseer la adaptación del idioma extranjero que estudia y casi nunca logra la verdadera pronunciación característica. No están sus órganos, creados con arreglo étnico a aquel idioma. Lo cual nos prueba que, al espíritu, durante la gestación del feto, algo le sirve de modelo y patrón; y en este caso de la palabra o lenguaje, prepara sus cuerdas para el idioma nativo, con todos sus etnicismos.


Aquí hay un secreto que ya no puede quedar oculto. Si la dínamo no conservara un magnetismo remanente desde su primera excitación no podría producir corriente con su propia rotación habiendo que excitarla cada vez. Y si cada molécula que componen las diferentes partes de la dínamo, no conservaran su grado de magnetismo remanente de su vida en el Éter, no podría ser excitada la dínamo y jamás produciría corriente.


Pues bien, si el hombre puede aprender diferentes idiomas, y aun con sólo oír hablarlo a sus nativos los comprende y aun pronuncia palabras, es por que el espíritu ha vivido encarnado como hombre en el país de aquel idioma, persistiendo en él el recuerdo al oírlo de nuevo; esto pone necesariamente muchos hilos de inmenso valor en nuestra mente para entender la vida del espíritu y su misión de fraternidad universal, por lo que, el espíritu no tiene patria desde que no tiene fronteras; y es por este secreto que es fuerza llegar a la comuna universal que proclama esta escuela, sin parcelas y sin fronteras, bajo la ley de amor.


Volvamos a lo pequeño; a lo científico.


Se ha expresado bien Schleicher, dice: “El nacimiento y la formación de lenguaje en el hombre, se vincula con el desarrollo del cerebro y de los órganos de la palabra”.


Entended que no dice que nace la palabra del cerebro, sino que se vincula con el desarrollo del cerebro. Lo cual ha debido poner sobre aviso a los materialistas, si no fueran fanáticos y sistemáticos.


Efectivamente: de esa vinculación nace el carácter gradual de la evolución de la palabra en los niños; su lenguaje comienza por movimientos generales, lo mismo que en los organismos inferiores y por gritos inarticulados, como los de las crías de las aves y mamíferos; continúa obedeciendo a la ley de las imitaciones por la combinación de los elementos de su mímica y de su voz; y al fin, termina por producir los sonidos articulados que escucha, asociándolos a los fenómenos que percibe.


Desde luego, los animales se detienen en el segundo período de esa evolución del lenguaje (excepción hecha del caso del loro) período por el que, indudablemente también pasaron las razas humanas, imitando las voces de los demás seres organizados y formando onomatopeyas, con los ruidos periódicos de la naturaleza; pero que, el espíritu del hombre, no puede pararse y siguió su terrible trabajo depurando la materia, hasta que puede llegar al primer grado de perfección perfectible y entonces pudo dar a sus cuerdas vocales la consistencia y delicadeza necesaria a una vibración consciente, para convertir los sonidos en expresiones, en palabras.


Ha podido comprobarse que los pájaros adquieren su canto en pos de su desarrollo progresivo y se ha observado también que, niños criados fuera de todo comercio humano, entre cabras salvajes, proferían gritos análogos a los de esos animales; pero no carecían de la fonética necesaria para educarse en el desarrollo de la palabra.


Determinemos ahora los medios que conocemos en el niño, a constituir la facultad perceptiva del lenguaje. En primer lugar, es la inteligencia del espíritu y su necesidad para su obra del desarrollo de sus organismos para demostrar la vida racional. Luego, el sentido acústico; sin el cual es imposible que puede articularse ningún sonido en armonía con los demás seres vivos: en tercer lugar, la predisposición hereditaria de raza, de nación, comarca, o familia, en cuya virtud, los órganos vocales se encuentran listos para cierta clase de lenguaje oral; en cuarto lugar, los elementos de la experiencia infantil, durante la transición de los sonidos imitativos a los que reproducen las voces familiares, agregando el lenguaje excitativo de las personas que rodean y cuidan al niño.


Los dos últimos casos, son los más importantes en el desarrollo lingual del niño y en los cuales se debe tener mucha atención; porque, la relación constante entre la experiencia y el lenguaje que ya se inicia en la niñez, nos puede explicar la causa del progreso de las lenguas en las sociedades más civilizadas; es que, en estas, son mayores los estímulos de los sentidos y las necesidades que espolean los impulsos, por lo que, hay mayor suma de fenómenos Psicológicos.


En cuanto a que las ciencias y las profesiones tengan un lenguaje técnico adicional, es idéntica la razón que la anterior, y no es otro tampoco el origen de los Dialectos regionales, como las jergas usadas por grupos más incultos y viciosos en los grandes centros urbanos.


Todas estas usanzas, influyen demasiado en los países de inmigración sobre el niño y aun sobre los adultos, por que, ya por el gracejo o lo chocante se infiltran los términos en nuestra mente y dicción y sin un gran cuidado cultural, se corrompen los idiomas puros hasta el punto que, hoy, no encontramos ningún idioma, en el que no encontremos muchas palabras que no son de él y que por la influencia las escribimos y las pronunciamos mal, haciendo una desarmonía.


Más esto tiene sobre un mal un mayor bien, al que la ley inflexible nos lleva inconscientemente y es, a la formación de un sólo idioma universal.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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