El Gusto
- EMEDELACU

- 29 may 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 7 oct 2023

A este sentido, lo excita todo lo que es soluble y lo que tiene sabor, cuyos sentidos residen en la lengua, siendo las señales del gusto a causa de las secreciones de sus glándulas, las que contribuyen a la solución de las substancias sápidas.
La lengua es un conoide musculoso, cubierto de una mucosa llena de papilas, unas llamadas cónicas o filiformes, están muy divididas en su vértice. Estas contienen corpúsculos llamados de Krause, son táctiles y se encuentran extendidas por toda la superficie de la lengua.
Las otras, principalmente gustatorias, contienen corpúsculos especiales en forma de aceituna.
Las papilas gustatorias forman: ya pezones pedunculados erizados de papilas secundarias y entonces las califican de fungiformes: ya mesetas rodeadas por un reborde circular de la mucosa; y entonces recibe el nombre de papilas caliciformes.

Las papilas fungiformes ocupan los dos lados y la punta de la lengua, las caliciformes constituyen por su reunión en la base de este órgano una figura en V, cuya punta situada por la parte de atrás presenta a menudo una depresión cónica, que es el llamado agujero tuerto.
Los corpúsculos del gusto, contenidos en las papilas fungiformes y las caliciformes, están constituidos por dos órdenes de celdas: unas periféricas en forma de raja de melón; otras centrales en forma de bastoncillos: Estas son las celdas gustatorias que se prolongan por su parte inferior en una fibrilla nerviosa.
Los cuerpos sápidos depositados en la mucosa lingual, dan origen a cinco clases de sabores principales: azucarados, salados, ácidos, alcalinos y amargos.
Los sabores azucarados y los amargos, no producen nunca dolor, por concentrados que estén; pero no ocurre lo mismo con los otros.
Casi todos los fisiólogos están de acuerdo en que la base de la lengua, inervada por el gloso faríngeo, es la región gustatoria para los sabores amargos; mientras que la punta, inervada por el lingual, es impresionada más bien por los restantes sabores.
Pero hay substancias como el sulfato de soda que parece salado cuando se le gusta con la punta de la lengua y es amargo al tragarlo.
Por último el velo del paladar presenta cierta sensibilidad gustatoria que parece (según Wrisberg), se debe a un nervio que se le ha dado su nombre; pero lo que es indudable, que es, por la reflexión, desde que la boca es un laboratorio.
Libro: Filosofía Austera Racional (2da parte)
Autor: Joaquín Trincado
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