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Joaquín Trincado

El día del triunfo

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 4 Min. de lectura
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Grandes descubrimientos deben encontrar en esta relación, nuestra aún naciente astronomía, que se debate en el campo de las hipótesis por no haber entrado en la razón espiritual.

   

Pretender sujetar las leyes del espíritu a las leyes de la materia, es mayor locura que proponerse agotar los mares, puesto que éstos pueden ser agotados o transportados conforme a leyes de la creación, y conforme a otras, también secarse, y, en cambio, el espíritu la única metamorfosis que sufre es la del más, porque ésta es su ley.

   

La astronomía se ha ido a lejanas regiones para estudiar, teniendo en casa las cosas sin poner orden ni reglamento, por lo que sólo ha podido hacer hipótesis; pero esto no es más que hijo del prejuicio y de la materialidad, amén del orgullo, por lo que nunca tres astrónomos están de acuerdo en una hipótesis.

   

El telescopio está sujeto a leyes materiales y jamás podría por sí revelar las cosas espirituales. Pero llega al límite de lo material, desde donde debe ser sustituido por la razón espiritual, ahondando con el pensamiento, vehículo de la razón, que entre los dos forman las dos alas del espíritu; que, si éste sabe batirlas, llega desde el límite del telescopio al límite del progreso del espíritu; desde cuyo límite es sustituido por la comunicación de habitantes de aquel límite,  y así, y sólo así, se llegará al infinito y por grados; pero es cordura y es sabiduría no subir el segundo escalón sin haber aprendido y pisado el primero[1] (1). 

   

Es cierto que todo lo que han hecho hasta el día nuestros astrónomos no es más que desdecirse de lo que en sus existencias anteriores han afirmado; y sabed que Ptolomeo, que tuvo la candidez de afirmar que la tierra era el punto fijo y central del universo, es uno de los más ilustres astrónomos de hoy; y ya veis todos lo que hoy sostenéis y afirmáis, y sírvaos esto de base para espiritualizar el telescopio, que sólo debe serviros para guía del mundo al que os queréis dirigir a estudiar; si sabéis que no estáis locos, ¿por qué temer el desdoblamiento, que a pesar de todo lo hacéis, pero que matáis sus efectos por falta de razón y fe en vosotros mismos?

 

Hay otro punto que os devana los sesos, porque veis esos mundos, que a regañadientes llamáis mundos, y siempre estrellas, os cambian de color y líneas más brillantes o más opacas en cada fotografía; y a pesar de haberos descubierto el secreto, permanecen para vosotros en el misterio esas variaciones naturalísimas por la radiación de uno o más luminares y satélites, rotaciones, alejamientos y otras circunstancias.

   

Os debatís en esas alturas y no habéis explicado aún la tierra y hacéis miles de contradicciones sobre la luna; y hasta hay quien se ha atrevido a decir que la tierra procede de ella; pero un punto dejé dicho atrás y doble estudio tenéis cuando pronto tendréis para estudiar otro satélite que, como el actual, saldrá del globo de la tierra. 

  

Pero donde se ve, mayor… ¿candidez? ¿Aberración? (no quiero suponeros ignorancia) es en la cuestión cometaria. Recuerdo todo lo ameno de los anuncios del cometa Halley, y por unos “iba a perecer la humanidad envenenada”, por otros “asfixiada de calor”, y por otros “en la mayor algaraza y baile”. No, mis hermanos; en el universo no hay más que una ley, aunque haya eternas metamorfosis; pero éstas nunca alteran la ley.

   

Los cometas solo son de dos clases, que se dividen en tres, pero sólo son una misma cosa y dependen de una sola causa de la eterna creación.

   

Unos son mundos en formación, y éstos no pueden estorbar las órbitas de otros mundos en vida vegetativa, por leyes que sabéis; otros son mundos en disgregación, y éstos no pueden tener órbitas, porque ya perdieron la suya, y éstos, como veremos, nos dan mil fenómenos de estudio; y los otros, por fin, son el haz luminoso de los espíritus de un mundo feliz que terminó su misión, como luego diré.

  

Astrónomos, físicos, químicos, matemáticos, geólogos, filólogos y naturalistas[2] (1); en el Séptimo día tenéis que saber y enseñar y hacer comprender hasta el último individuo de nuestra humanidad, la verdad real de las cosas; la eterna universidad tenéis abierta y os señalo el primer jalón; desdoblaros siempre que dirijáis vuestros aparatos.

 

1)    Como ejemplo y con intención, hemos hecho una buena pieza teatral titulada: “Lo que no ve el telescopio”.

2)    No evoco a los astrólogos, porque estos sabían y saben si hoy los hay esos axiomas, a despecho de los… Astrónomos. 


[1] Como ejemplo y con intención, hemos hecho una buena pieza teatral titulada: “Lo que no ve el telescopio”.

[2] No evoco a los astrólogos, porque estos sabían y saben si hoy los hay esos axiomas, a despecho de los… Astrónomos. 


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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