El decrecimiento de la población es causado por el celibato
- EMEDELACU

- 30 jun 2025
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En cálculos hechos por los mismos pontífices de los cristianos han hecho ascender el 99% los clérigos violadores del celibato. Quizás han dicho 99% apoyados en la promesa de Dios a Lot, “si un justo encontrara en las ciudades del Mar Muerto, no las destruiría”.
Si 99% de los sacerdotes de todas castas usan de la carne, ¿dónde están los hijos que necesariamente han de engendrar o habían de engendrar?
De estos 99% quiero que la mitad tengan entrada en los conventos de monjas; y quiero aún más, que sean tan recatados y comedidos que se contenten con el disfrute de las esclavas del cementerio. Y los otros, ¿dónde sacian su apetito? En las mujeres del pueblo; en la hija que corrompen y en la esposa que deshonran.
Pero no es la mitad, sino todos los que disfrutan de la carne en las hijas del pueblo, porque su falta de trabajo, la no necesidad del trabajo porque se hacen pagar del erario público, no les hace necesario el trabajo y ya sabe todo el mundo lo que hace el vago y el holgazán; idear todo lo más entretenido y lo más placentero; y como viven en constante roce con la mujer; y como la mujer es mal educada porque la educaron en sus errores y le han hecho creer que El perdona por la absolución, un golpe hoy, otro mañana, la piedra se rompe; la esposa se deshonra y la hija se corrompe.
No tienen ellos la culpa más que en que saben que están equivocados, y en su egoísmo se desnaturalizan; y en que cometen toda clase de atropellos bajo la capa inviolable de ser ministros de Dios; pero la culpa es directamente de los gobiernos y del pueblo que se deja engañar por falsas creencias, haciéndose esclavos serviles y aún les pagan por corresponderles las hijas y deshonrarlos a ellos en sus mujeres.
Mas ya dije, y es Ley del Padre, que la procreación es obligatoria, porque es el fin primordial de la creación de los mundos; y el oponerse a ella es la negación de la ley, y sólo el celibato consagrado por la iglesia es lo suficiente para acusarla de prevaricadora y, por lo tanto, a la condenación del no ser, a su destrucción, por la dignidad del hombre.
Pero como el celibato entraña culpabilidad en todas las leyes sociales y encierra un sinfín de crímenes por los cuales la población disminuye en una proporción espantosa, es urgente poner el remedio más radical sin temor a faltar, dio ejemplo, condenándola sin misericordia.
Voy a poner un ejemplo que confirma histórica y matemáticamente que el celibato destruye la humanidad, dando cabida en las páginas de este Código a un estudio hecho al respecto, en Francia, España y otros países, el que es producto de registros de tribunales y otros medios fidedignos de observación, por la Sociedad de los Derechos del Hombre.
Señalo (como dije al principio) el 99% de los célibes (sólo de confesores sin contar las monjas) que no guardan el celibato; por indagaciones cautelosas, se comprobó que los sacerdotes jóvenes, en su primer año de confesores, habían conocido, carnalmente, una mujer por mes, y así doce en el año; se fue más adelante y se comprobó también, que aún había que añadir a ese número una nueva dama por año; de modo que, en diez años, ha conocido cada sacerdote, carnalmente, 22 mujeres; los confesores eran, por término medio, 49,500, y así son 1.078,000 mujeres cada 10 años que tienen comercio carnal con los célibes, y en 100 años 10 millones 780 mil mujeres del pueblo deshonradas por los confesores.
A éste número hay que agregar las monjas, y resulta que apenas quedan mujeres que no tengan comercio carnal con los célibes.
¿Dónde están los hijos que necesariamente habían de nacer de estas mujeres? Lo único que se ve es que las naciones donde dominan los célibes no crecen en habitantes con relación a sus pobladores y que todas estas naciones tenían más millones de hombres antes del celibato y no tenían ni casas del baldón, ni sala-cunas y apenas prostíbulos; luego, ¿quién puede negar que el celibato es su causa?
Voy a hacer un promedio de los crímenes que cometen, no con arreglo al número de mujeres con quien se solazan, aunque en realidad debería hacerlo, pero será una añadidura al número que resulte de mi promedio.
Son 50,000 confesores, y los no confesores, de órdenes menores y los legos de otras religiones y sociedades de educación como los Hermanos de las escuelas cristianas, etc., etc.; aunque sean más, haré números redondos: 100,000. Unámoslos a otras tantas mujeres, que serán las monjas y las que por haberlas corrompido ellos están en los prostíbulos, y veréis que no quedarán hombres sin mujeres ni mujeres sin compañero, porque la ley de afinidad y justicia pone en el mundo los sexos, con medida.
Sírvanos de patrón el promedio cierto que tenemos, que es cuatro hijos por matrimonio, y la vida media de éste, que son las bodas de plata, 25 años, y tenemos: 100,000 matrimonios por 4 hijos, 400,000 en 25 años y en 100 años 1.600,000 hijos.
Estos no están, porque ya los hemos casado, con las monjas y los prostíbulos públicos, y, por lo tanto, sólo Francia tiene un déficit de habitantes de 1.600,000 cada cien años, por el celibato.
Pero como éstos, los célibes, las prostitutas y las monjas usan de la carne y por la ley natural deberían tener hijos, si no los tienen es porque los han asesinado, ya sea tomando prevenciones, ya haciéndolas abortar, ya sofocándolos al nacer, son crímenes de que en justicia tienen que responder los célibes, porque desequilibran la humanidad.
Mas no para aquí; ellos han inventado los medios de destrucción, para evitar las consecuencias con la joven; ésta llegó a casarse, y por evitarse el dolor de parir y por no cargarse de hijos, se oculta en el momento sublime de la concepción y es un atentado de cuya responsabilidad acuso al celibato allí y en todo el mundo, porque a todo el mundo ha cundido esa prevención de los célibes, que sólo puede subsanarse con el cataclismo que se avecina y con la implantación de la Comuna.
Todo lo que antecede, que nadie en justicia puede rebatir ni aminorar y sí aumentar, condena a la causa iglesia creadora del absurdo celibato; y unido a las continuas guerras que el odio cristiano despertó entre las naciones por su ambición, la inquisición y otros actos, a la desaparición completa del mundo, hasta en la memoria; porque resulta autora del sacrificio de la mitad de la humanidad y de la imbecilidad e ignorancia de la otra mitad.
Este es el juicio que le celebra a esa iglesia el Juez, porque para eso lo mandó el Padre; y si los gobiernos de los pueblos aún le prestan su apoyo a la que es única causa de todos sus males, con ella rodarán, porque el pueblo está civilizado por el sufrimiento y porque oyó la voz del Espíritu de Verdad, por su representante, recordándole las palabras de Jesús, al que hemos salvado del baldón del cristo que esta Iglesia le agregó y queda comprobado que es la causa de la inmoralidad; de llenarse los prostíbulos de mujeres; de las traiciones de muchas esposas; de la corrupción de las jóvenes; de la degeneración de muchos hombres, y, en una palabra, del desequilibrio de la humanidad.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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