El amor y la libertad de la mujer mata el libertinaje
- EMEDELACU

- 30 jun 2025
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Como hemos visto, los efectos desastrosos de la imposición del matrimonio por la causa que sea, no se necesita mucho esfuerzo para sentar con fundamento el aserto del epígrafe de este párrafo; pero convenía ponerlo en este lugar, después de iniciada la casa comunal, porque ofrece facilidades extremas y de justicia para sentar las sentencias del divorcio.
Hay que considerar, sin embargo, una razón, que, aunque ya está esbozada en otra parte, hay que darle aquí asiento y valor de ley de justicia.
Sucede a menudo un caso de hastío en la unión de dos seres, aun habiéndose unido en libertad o sin imposición. ¿Cómo se explica esto? Las leyes de la materia, en los códigos civiles, religiosos o criminales, están faltos de fundamentos de las causas de las cosas, porque sólo de la materia se han instruido, y esto, sin profundizar aún las leyes de la materia; porque, al haberlas profundizado, se hubiera encontrado otra clase de fisiología que la que el mundo sabe, porque las leyes de la materia se enlazan con las del espíritu; y sólo en ese conocimiento se puede ir adelante en el camino de la verdad; no lo han hecho, y de ahí los equívocos, el atolladero de los jueces y el error sin nombre de los cánones.
Pues bien; en su no interrumpida vida los espíritus, y en sus continuadas y múltiples existencias de encarnados, contraen deudas pasajeras; se han encontrado dos seres en caso fortuito y han cometido un acto que no debían cometer, conforme a la ley de justicia, y ya los dos se obligan a pagar aquella deuda.
Voy a concretar un caso que explique claramente estos hechos:
Supongamos una guerra; un individuo que toma parte en ella ha hecho relación con una mujer, a la que fecundó; el soldado ha tenido que abandonar la población y queda aquella mujer con un ser en sus entrañas o en sus brazos; el militar no se acordó más de su hecho y faltó a un deber, pues deja imposibilitada a la madre, según las leyes sociales; pero el hijo hará justicia a la madre; y cuando todos están en el espacio, la ley los lleva a juntarse para pagarse mutuamente aquella deuda; pero hay un cuarto perjudicado; el afín de aquella mujer, que por haberse puesto por medio aquel militar no cumplió luego su deber de justicia, por el error de la educación prejuiciada, y aún habrá ofendido a la mujer que un caso fortuito la colocó en un caso irresistible, o quizás cedió por la fuerza. Pues bien; esta deuda se cumplirá; el militar, divorció moral y realmente a dos afines, siendo la mujer la más perjudicada, porque quedó con un hijo y padecía, y porque seguramente, aquel hombre, tenía otra mujer.
Ahora bien; han vuelto al mundo los tres individuos y fue acuerdo de ellos, más del hijo del caso fortuito; en este caso habrán tomado los tres el mismo sexo, y el militar de antes se unirá a la mujer que antes abandonó y tendrá sucesión que por el sexo le pertenecerá en ley al hombre y no será otro que el espíritu que antes abandonó; el afín no estará lejos y la mujer se entregará y se marchará con su afín, quedando el padre con el hijo que antes abandonó y se cumple la ley divina de justicia y compensación que en nada perdonan un adarme.
Según los cánones y las leyes sociales, códigos civiles y penales, será un pecado, un escándalo y un caso penable; pero en la ley divina es un acto de justicia, y el juez que esto castiga se condena a pagar él, en otra ocasión, la pena que imponga.
Pero en la Comuna este acto se sentencia sencillamente así: se tomaría al hijo y sería, como todos, hijo comunal; los padres, en su libertad, trabajarían, como todos, para el bien de la Comuna; y tenéis la verdadera justicia.
¿Sabéis estas leyes, jueces? ¿Sabéis estos secretos legisladores? En vuestro materialismo no podéis saberlo; y, sin embargo, esto es real y pasa; pero el Espiritismo lo sabe y puede legislar en justicia y equidad; y… No os sorprenda que legislen los espíritus de progreso en el día de la Comuna, que serán derogadas todas las leyes egoístas que hoy imponéis.
Tomé ese caso no meditado, ni siquiera pensado; pero no sólo pasa uno, sino miles y millones de otras formas fortuitas, pero que tienen su base en lo absurdo de las leyes que rigen al mundo hoy; pero que no sucederán más, desde que el amor será la ley; y porque todos tenemos nuestros afines y es la mujer quien más los siente y los sabe, y como será instruida en las leyes divinas y sabrá que el amor sólo es la verdadera felicidad, y sobre esto, como sabe que sus hijos son hijos de la Comuna y que todos los hombres y las mujeres trabajan por la Comuna, y que a los hombres sólo el amor y la justicia les guía, la mujer vivirá en su libertad declarándose al que vive en su alma, y el libertinaje no tendrá cabida, siendo el hogar un edén.
Pero como el régimen comunal, en toda su amplitud, no tendrá cabida hasta el completo paso de las tres generaciones, el remedio está en dar a la mujer amplia educación y dejarla en la más completa libertad en la elección de compañero y sin sujeción a leyes que hoy llamáis lazos indisolubles, y no hay más lazo indisoluble que el de la afinidad, la cual une a los seres por amor verdadero; pero esto no se puede lograr más que por la absoluta libertad de la mujer en declararse a su afín, y esta declaración no puede llegar sino siendo la mujer libre como el hombre y formando parte como el hombre de todos los asuntos de la vida; en la administración, en la legislación, en los trabajos, en las manifestaciones populares, de regocijo y tumulto.
Pero aquí hay materia interesante y me veo en el deber de hacer punto aparte.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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