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Joaquín Trincado

El amor de María

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 3 oct 2024
  • 14 Min. de lectura

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Dicho está en todo lo que antecede, el grado de Amor de nuestra Madre, pero, aunque sea repitiendo, es de Justicia este punto final porque el Amor sólo, ha sido el arma con que ganó todos sus blasones.


María en su Amor no reconoció límite en todas sus existencias y todo lo sacrificó al Amor a la humanidad en todas esas grandes misiones de cada lucha, y digo lucha porque María ni los Misioneros para su elevación a mayor grado del que el hombre es capaz de alcanzar en la Tierra, no necesitaban la prueba de la existencia en la Tierra, porque a ella vinieron para redimirla y por lo tanto traían todos los arrestos necesarios para arribar al Juicio Final y luego de establecer el reinado del Espíritu, bajo el régimen único y universal que es la comuna, con el solo credo Espiritismo y el sólo nombre adorado en Espíritu y Verdad del gran Eloí.


Si meditáis un momento en los hechos de cada una de las existencias de nuestra Madre que os he dejado anotadas, iréis aumentando el caudal de amor humano de unos a otros hechos hasta llegar al colmo de la medida en el calvario donde se laceró su alma con el mayor de los sacrificios, pero hay que hacer una observación en este caso, para hacerla resaltar como Mujer y Madre y la observación es que se resignó y si le hubiera sido dado estorbar el martirio, lo hubiera hecho por las dos máximas razones de Madre y cabeza de los Misioneros y ya os he dicho que se valió del medio más poderoso que hay para desviar al hombre del peligro, que es el Amor de una mujer y María le puso por delante a Jesús a María de Magdala que lo amaba con toda la intensidad con que puede amar una mujer, y en la mujer está el grado máximo del amor posible a los seres humanos por afinidad, que sólo puede superarlo el Amor de Madre.


No he de buscar ya ningún motivo más que os revele el grado de Amor de María y su Poder, en todo lo expuesto está dicho y aquí yo no hago más que relatar los hechos en su naturalidad y sencillez, porque el Amor de María no necesita de frases pomposas, ni moños de cintajos, para resaltar por sobre todos los seres de la Tierra y porque quiero que las madres, por el Amor de ellas, deduzcan el de María Esposa y Madre, a la vez que cabeza de Misioneros y tronco del árbol regenerador del mundo Tierra, que son los 29 Misioneros, que cada uno ha dado un fruto de 70 mil millones de seres regenerados, cuyo amor sumado es el Amor de María, y cuidado que en la historia hay ejemplos de Amor de grado superlativo, entre cuyos protagonistas está Teresa de Ávila, conocida por Teresa de Jesús.


¡Teresa…! ¿Por qué llegas a mi pluma en la última página de la historia de mi Madre? Habla por ti misma hermanita y dime, ¿por qué si has callado en el curso de esta reseña te presentas a escena al momento de firmar estas verdades?, dejo mi mano a tu influjo, muévela y escribe el motivo… “Perdóname Maestro, era mi deber, porque si yo cuando Iris fui la espina más punzante del corazón de la Madre de Antulio, como Teresa soy el último florón de su corona de amores y ella María mi Madre imprimió en mí parte de todo su Amor, todo el que en mi espíritu cabía y pude llegar por la lucha y por la ayuda vuestra, que miles de veces me encontrasteis en el camino y me ayudasteis hasta poder llegar a mi amado, el que al caer por la cicuta, fruto de la veleidad de Iris, me dijo: “Te perdono”, palabra que hirió mi conciencia hasta que pude llegar a ser el racimo último y agregado a la gran cepa de los bellos frutos y descansar ya en mi amado Jesús… por lo que si algo soy, si algo amo, amo y soy por María, por vuestra Madre, por mi Madre y me gozo en ser el último florón de la corona de María y Reina del Amor”.


Teresa de Jesús.


Tienes razón Teresa, eres un racimo agregado a la gran cepa y pues el mundo te conoce y te canta por error, la enamorada de “Cristo”, de hoy en más te conocerán amada y enamorada de Jesús, pues pudiste llegar a hacer el número 30 de la familia y aunque después del Juicio, en los Consejos del Padre y Consejera del Tribunal, y lo voy a decir al mundo, en tu presentación al Tribunal con tus mismas palabras, para que ya seas el último florón de la corona de amores de María, por tu grandeza y poder conocido y dado a ti en la Tierra por los hombres, aunque desfigurado como todo lo desfiguraron, para que comprenda el mundo y admire la grandeza del total por la comparación de la grandeza de Teresa, último florón de la corona de María.


Consejo del 23 de noviembre de 1912.


Presentándose un hermano con gran emoción y con el acompañamiento de los Consejeros dijo:


Por fin… gracias a todos pude llegar al lado de mi amado… No era Consejera, yo trabajaba y una sola vez pude entrar en el Consejo; pero pedía un puesto en el lugar de trabajo, y porque mi amado está en él y porque todos habéis tirado de mí, logré hoy mis aspiraciones; fui admitida en el Consejo del Padre en la Tierra, el que se formó para juzgar a los vivos y a los muertos, como mi amado había dicho y ya veis… ¿Cómo no ha de ser grande mi emoción al encontrarme al lado de mi amado y presidida por el Maestro de este Consejo, formado ya en Tribunal para las cosas de la humanidad de la Tierra, “in eternum”. Gracias a todos, ya estoy cerca de mi amado.


Corrí y trabajé largos siglos oyendo siempre de mi amado, “en el porvenir nos uniremos” y ese porvenir me mantenía en la esperanza. ¿Qué sería del hombre en el mundo si perdiera la esperanza? La esperanza es el Amor que dilata, es la fuerza para la lucha, es la resignación en los infortunios y es la balanza de la vida de los seres. ¡Bendita esperanza!, por fin mis anhelos son coronados, por fin mi esperanza se realiza, estoy al lado de mi amado tras del que tanto corrí, soy Consejera en el Tribunal que ha recibido al Espíritu de Verdad al que mi amado anunció y que no podía recibir y entender y cuando el hombre llegó y compuso el Tribunal Juzgando primero al Maestro Jesús en cuyo Tribunal quedaba como Consejero y Hermano Mayor Espiritual por afinidad, sólo entonces ha podido venir el que guarda los secretos del Padre y por mi amor al hombre y su Tribunal que justificó el primero a mi amado, pedía el Ancla Salvadora; yo necesitaba llegar a mi amor y el que lo juzgó me mandó en el día de las palmas a acercarme y abrazarme al que veía y no alcanzaba y por fin habéis tirado todos de mí y la Madre Amada era mi alcayata y hoy… soy a su lado en el Tribunal y para siempre.


Mas es tal la emoción que se siente al recibir la confirmación de Consejero, que mi Espíritu no conocía goce tan grande, porque sólo una vez llegué al Tribunal y ésta era para justificarme antes del día de la Justicia, donde hube de recordar mis anhelos y mis ansias, mis sufrimientos y esperanzas de cuando vine la última vez a la Tierra, siguiendo siempre mi afán y porque entonces era llegado el día de que se descubriera la tierra de promisión, y era la América y en ella se reunió el hombre con su Tribunal en el día de la Justicia y en ella ha recibido al prometido Espíritu de Verdad, que sólo él podía recibirlo después de justificar al Maestro Jesús y heme aquí formando parte con él, de los asesores del Juez, del que temían los mistificadores y traficantes de cosas Santas; del que diera siempre la Ley y la Luz que yo veía en esos artefactos por los mundos de Luz, por credencial de su mandato y… ¡Oh, mundo feliz de mis luchas! Glóriate en el Juicio del hombre que te sentenció en Justicia Divina; ya te llega en unos días más la Luz de tu misma vida, en estos artefactos hechos ya en la Tierra, como yo los veía en mis viajes por los mundos donde podía llegar.


Vine cuando se descubría la Tierra de Promisión y nací en aquella tierra noble, donde la Doctrina de mi amado, hasta entonces más pura que en parte alguna, porque la llevaron su hermano y la gran Madre y yo traía el archivo para rememorarla en el momento más tremendo en que se trataba de anublarla, porque sus Reyes se plegaron al Catolicismo obligados también por la fuerza del Monstruo Supremático, pero su poder bruto era tal que sólo la nobleza de mi hogar no les permitía anularme, pero las conveniencias para poder decir algo de lo que traía hubieron de cubrirme con el hábito de monja y bajo aquel hábito estaba el Archivo para rememorar las palabras de mi amado, mas mis escritos cayeron bajo el lápiz de la tiara y el fuego consumió el alimento del Espíritu que en sus páginas dejara.


Mi dolor grande me consumía aún más que las calumnias y buscaba a mi Amor y le veía y le preguntaba, ¿para qué hacemos templos y conventos? “Para acabar antes con las fuerzas del monstruo se me decía. Ahí el reinado de la concupiscencia acabará sus fuerzas”. Y yo levantaba más conventos para gastarles más oro, para dar trabajo al obrero, para quitar al supremático oro que era su fuerza porque era su Dios, y el que llegaba a manos del trabajador, ese no se gastaba en bacanales y los conventos son la sepultura de la Bestia cuya cabeza es la Tiara… la voz que me hablaba se cumple.


El pueblo era entonces y lo es hoy, la fuerza centrífuga que se escapa del centro de la centrípeta ciega, que es de corrupción en el globo por el supremático y había de sostener aquellas fuerzas para que no perdieran las esperanzas y el medio era hacer conventos y templos, gastar oro para que fuese a manos del que lo produce, preparándolo así la sepultura al Detractor.


Esto me daba algún consuelo en mis amarguras, pero vi en aquellos claustros la tiranía, la corrupción más espantosa y me veía apurada para que en mi presencia no se ultrajase mi Asilo-Convento, que, para ser respetada, por derecho, lo hice de mi propiedad y a la mujer pertenecía según la Ley.


Pero si mi materia se libró y mis ojos no presenciaron los actos bestiales de los secuaces de la Tiara, mi Espíritu presenciaba la corrupción y la depravación con las enclaustradas, que ya describí, cuando me fue permitido rememorar y dictar mi vida de Espíritu.


Vi también la debilidad de los Príncipes y Monarcas a las intrigas y Cruzadas de la Tiara y parecía que aquel coloso no caería; pero se descubrirá la Tierra de Promisión adonde irían los que comulgaban con los principios de Libertad y aquí en América los expatriados en voluntad se reunirían para quebrar al monstruo, como en voluntad se expatriaron de un mundo mejor, para salvar a sus enemigos.


Y hoy son los mismos que están en la batalla después de haber refundido en su raza a la primitiva y hoy toda la Tierra es cubierta por la raza reformada y sólo queda la menguada supremacía encerrada en los claustros que les sirven de sepulcros.


Veo en mi espíritu como vi en materia que son los mismos detractores, que con palabras hipócritas y presentándose harapientos y miserables, envenenan el sentimiento y sólo siguen el deseo del oro, no importándoles el medio cómo lo han de conseguir.


Pero tras aquella noche del tiempo de mi existencia en la noble España, anunciaba la aurora de un nuevo día, en el que el Padre se reconoce como el único Sol Creador y lo saluda el hombre a la luz del día, garantido por la libertad conquistada, porque el Juez le entrega un Código de Luz para el Espíritu y la credencial de Luz que dará vida a los cuerpos y expansión a las almas y ya el no sucumbirá aplastado en las minas y sus brazos no serán débiles ejes de las ruedas del progreso, porque estos artefactos llevan la Luz para anular la oscuridad en unión de la nueva Luz que llega de los Mundos y el día del Espíritu renace para no oscurecerse más.


La Tierra se transforma; la lucha del Juez y su Tribunal es titánica y aunque la conmoción del mundo es tan grande que parecerá por un momento que ha de verse envuelto el poder de este Consejo, su pacificación instantánea se hará y no es obra que os pertenezca por lucha al Tribunal, porque el Pueblo espera la consigna y el Pueblo es soberano (quita y pone Rey) y ahora sólo ve y sólo quiere el Rey del Amor alumbrado por la Luz del Código y la materia por la Luz de la Credencial.


Aquel porvenir, que siempre mi amado me decía y parecía no llegar, ha llegado y todo queda completado aun con mi ascensión a Consejera, porque la Ley es tan justa que nada deja de cumplir.


Pero sólo podía ser hoy, que la Tierra es jardín de bellas y olorosas flores; es cierto que él (Divino Maestro), y permitidme esta frase no porque sea Divino, sino porque sale de la explosión de mi Amor, es cierto que el trazado jardín se ensanchaba, pero no había jardinero que lo dirigiera, y el Espíritu de Verdad no podía sembrar las plantas aromáticas sin que el jardinero fuese experto para cultivarlas y hacer que las flores no se marchitaran.


El jardinero llegó y hoy ya el jardín es bello y embalsamador. Él pudo venir y poner las filigranas de la belleza, para que pudiera ser presentado al Padre por el que fue prometido por Jesús, que se lo presentó este jardín con el Espíritu de Verdad, a quien representa.


Es cierto que los hombres buscaron en los ríos y en las minas, la Luz para trazar los cuarteles del jardín y llegaron a planear por los rieles el Progreso llegando a aprovechar el movimiento de la catarata que accionó el dínamo, pero todo esto era prepararle verdín al jardinero y éste al llegar trae la Luz del Éter recogida en los artefactos que yo veía por los mundos, hoy nuestros solidarios, y es tomada sin dinamos, sin cataratas, sin minas lóbregas donde quedan sepultados los hombres, sin gases que asfixian y es la salud para los cuerpos, la belleza que a los mismos falta y es la perfección de los organismos y es el descanso de los trabajadores.


¡Saludad hombres, al nuevo día!, corred a abrazaros en los rayos saludables de esta Luz, que son los mismos del reluciente Sol que os calienta y viene a matar la plaga última del cheque, el que por lo general vale la firma del que nada produce.


Contemplad en potencia y deducid la potencia del Espíritu que la extrajo, el Amor de los mundos que lo instruyeron y la Justicia del Espíritu de Verdad, que descubrió el jardinero, representando toda la grandeza del Padre que dijo Jesús en el nombre de Eloí, que os da el Juez.


Tened presente que los primitivos se transformaron y que la raza salvadora de los Misioneros Voluntarios refundió a la primitiva y sólo así se pudo adornar el jardín que hoy se ilumina y nada temáis, porque el Tribunal representa a los obreros de las tres horas y todos reciben la herencia del Padre y… hasta vosotros negadores supremáticos tenéis herencia y si aún no la queréis recibir, después de aprender a trabajar en mundos más duros, por convicción la querréis recibir, pero os invitamos a que la recibáis ahora, cuando dentro de unos días la veréis lucir y entonces esperad el Código, para que acatéis la Ley; sino iréis al bosque donde ya fueron trasplantados los mistificadores del espacio, vuestros camaradas que hoy lloran en la lobreguez.


Y vosotros los prejuiciados, ¿qué esperáis?, sacudid la ceguera y saber que el tiempo de la Ley se ha marcado y es cargo contra vosotros que los trabajadores no disfruten de la Luz que el jardinero trajo para anular la oscuridad de los rincones donde se aposta el gusano que mataba las plantas y vosotros debéis resistir el vendaval y no ser como plantas de invernadero; porque la Tierra no puede sostener plantas que no resistan los vientos, porque al ser arrancadas se trunca la belleza del trazado y ese tiempo pasó y en el jardín no puede haber claros.


En mi amor a la Tierra de mis sufrimientos, pedí y me fue concedido, el relataros mis existencias para ejemplo de que, sólo luchando con denuedo se puede llegar a la cúspide de la montaña, y yo he llegado hoy, y en este momento en que soy confirmada Consejera del Tribunal, me llega del Espíritu de Verdad, por mi amado anunciado, un saludo y me dice: “… Tu constancia y tu amor lo ha merecido, este puesto no se regala, es premio al trabajo”… y yo os lo digo como lo recibo, para vuestra animación.


El Tribunal representa a la solidaridad y el Juez al Espíritu de Verdad y aunque mucho os opongáis, supremáticos, el Tribunal triunfa siempre en todos los mundos, porque en cada uno lo compone el jardinero experto, con las partes inteligentes en el cultivo de las plantas de aroma; no resistáis.


Los espacios están de fiesta, porque dentro de pocos días el Maestro unirá el circuito de la Luz, cuya llave le será entregada y si los espacios lo celebran por vuestro Amor, corresponded en Amor vosotros, porque a mí me ha puesto hoy el Amor, junto a mi Amor.


Gracias hermanos; gracias Tribunal porque de mí habéis tirado hasta hacerme llegar… y os doy mi Amor.

Yo, Teresa.


¿Qué más deberé decir? Si a Teresa la conocéis y la confesáis grande por su Amor a Jesús y ella misma justifica que es el último racimo de la gran cepa, el último florón de la corona de amores de María, y todos los racimos y uvas del mundo Tierra proceden de esa cepa y son carne de su carne y alma de su alma y es cierto que de los Espíritus pertenecientes a la Tierra o primitivos, Teresa sola logró hasta esa hora el poder ser Consejero por sus luchas y Amor, queriendo imitar a uno de los Misioneros y no al menor, a Jesús precisamente, para poder desmentir categóricamente que Jesús es inimitable y menos Dios, desde que Teresa siguiéndole desde que siendo Iris lo vendiera y en 28 siglos de lucha titánica siempre recordando y oyendo: ¡Te perdono!, y andando entre los hermanos del amado de su Espíritu, pudo felizmente arribar hasta él, con lo que queda desmentido el epíteto de Divino, que al decirlo Teresa, con sabiduría hace la salvedad del porqué lo pronuncia, que es del mismo modo que toda enamorada llama al ser amado con títulos de grandeza, o como las madres sus explosiones de Amor a sus hijitos los llaman Sol aunque no sean bellos, y Duques y Reyes aunque su padre esté cavando tierra y la madre lavando ropa para ganar el pan.


Es cierto repito, que sólo Teresa ha llegado al grado necesario para entrar en los Consejos del Padre, mas llegó ella y todos habéis de llegar y estáis en el camino; pero es cierto también, que la mayoría está en el camino y que todos tienen Amor y son florones o rosas menores, o aun simples hojas si queréis, pero todo ello forma la corona de Amor de María, que si Teresa es florón, nosotros todos y sobre todos las Madres, formáis el armazón y las flores y las hojas de esa Corona de la Reina del Amor.


¿Qué más dice? Diré por fin que no hay nadie en la Tierra que no llame y haya llamado a María y que no haya recibido su Amor, su consejo y su consuelo, porque en todas parte del mundo fue madre del Legislador y de todos los Misioneros, siempre emparentando y ligando afinidades hasta que tirando de ella, quiera o no, toda la familia humana de la Tierra está ligada a ella, como todas las fibras al pezón del capullo del algodón, en el que no podréis sin romper, tirar de una fibra sin que vaya todo el copo; así está María ligada a todos los seres de la humanidad de la Tierra y ella se enlaza en la solidaridad de los mundos de la cosmogonía, hacia donde es conducida esa carga preciosa que adorna la frente de María, nuestra Madre.


Nadie, repito, ha dejado de llamarla, porque en cada punto dejó nombres a los que atiende por su Ley de Afinidad, Justicia y Amor y hasta la comerciante Iglesia Católica, con ser su vilipendiador, le ha creado tantos nombres que más no caben en su calendario y aun se les puede perdonar y se les perdona con que sólo confiesen su malicia, porque por su comercio infame han hecho la gran propaganda de María y sólo con el nombre de María es conocida en toda la Tierra.


Por fin diré, que cuando la llaméis Madre, lo hagáis con la misma confianza con que lo haríais a vuestra madre carnal y contadle en vuestro pensamiento todas vuestras cuitas, zozobras, penas y alegrías, seguros de que os escucha y muchos le veréis sonreír, porque está en su potencia dejarse ver y hablaros, y sabed mujeres que, en la hora suprema del alumbramiento, María está con vosotras, ayudándoos cuanto puede dentro de la Justicia, porque de ésta no se sale ni para sus hijos y Misioneros.


¡MADRE!, me dijiste: “Tú serás mi apóstol” …, como hijo cumplo tu encargo; como Juez, te justifica y da fe:


El Anticristo.


Libro: Vida de María

Autor: Joaquín Trincado



 
 
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