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Joaquín Trincado

El amor consciente en la educación nacional

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 3 nov 2025
  • 14 Min. de lectura
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Los escarmientos de la ignorancia, trajeron como lógica consecuencia, matar la ignorancia.

Cuando el pueblo ha visto que la ignorancia lo hacía bruto y esclavo de los falaces, quiso ilustrarse, educarse y bastarse a sí mismo, en el conocimiento de las cosas de la vida.

 

En este conocimiento, el pueblo requiere que los que han de dirigir las cosas públicas, sean sabios doctores pues ha comprendido el pueblo, que no es posible, como dice el refrán, tocar las campanas y estar en la procesión. Es decir, que sabe el pueblo, que no puede estar en el trabajo manual agrícola, industrial o comercial y dedicarse al estudio de la técnica y economía de cada uno de los oficios, artes y ciencias y entonces, tácitamente, pero impuesto por la ley dominadora, el productor trabaja en la producción para alimentar y darle cuantos medios y emolumentos, el hombre de ciencia y el de gobierno necesitan.

 

Que existe este convenio tácito para las materias o cuerpos-hombre, es sabido y descubierto por sus propios espíritus porque cada uno se lo ha escrito en su destino y nadie lo puede negar, ni aun dudar, si se atiene a las organizaciones conscientes, existentes en cada pueblo, aún sin leyes escritas.

 

Entonces, cualquiera que rompa o desequilibre esa armonía: ese contrario tácito, se opone, o por lo menos causa trastornos en la marcha y economía del orden de las cosas y es culpable de usurpación y defraudación al común del progreso y afectará más directamente al oficio, arte, industria o carrera, que esté afectada por la acción de una ley.

  

Las carreras, como los oficios y las artes, no serán bien servidas ni provechosas al común de la sociedad, si los profesionales no las eligieron por vocación y sí por un modo de vivir.

 

Cuando la carrera, arte u oficio, se ha tomado por medio de vida, sin tener primero el interés del amor al arte o carrera, ésta nada progresará por ese profesional y corre peligro de estancar esa ciencia.

  

Esto, sin embargo, ha sido lo corriente y ha sido la culpa de las universidades, que dan títulos y aun exigen un juramento profesional, prohibiendo, además, el ejercicio de un conocimiento, a quien no haya cursado allí; lo cual es, dogmatizar la ciencia y sujetarla a que camine con paso de tortuga, si no es posible de cangrejo: parece que tuvieran miedo de que la ciencia se acabe.

  

No queremos decir, que al elegir la carrera, no se tenga en cuenta que es de ella que ha de cubrir el hombre sus necesidades, lo mismo que el agricultor de los frutos del campo; pero sí decimos: que no ha de ser primero el pensamiento explotador de la ciencia, sino la vocación a la ciencia y profesión; que las necesidades de la vida, sabe la ciencia misma, que tiene que alimentar de pan a sus sacerdotes; que tal debe ser el hombre en cada ciencia, arte y profesión.

 

Cuando un profesional, en cualquiera de los oficios y ocupaciones de la vida, lo es por vocación, ya veréis en él el sacrificado, al consciente, al que quiere, al que ama la profesión y la ensalza y la embellece, no le preocupa el producto pecuniario, ni los aplausos del mundo inconsciente.

 

Cuando un profesional, en cualquiera de los oficios y ocupaciones de la vida, lo es por conveniencia, por amor explotativo del título, lo veréis orgulloso y hasta supremático y desvergonzado y vende hasta el saludo; a éste le importa el aplauso de los inconscientes y no admite la crítica de los conscientes, a los que apostrofa con patadas, o retándolos a duelo. Este se hace respetar, el otro es respetado.

 

El que tomó carrera por vocación, fue a la universidad para aprender la mecánica de la ciencia; pero la ciencia, la saca de sí mismo: de la naturaleza.

  

El que tomó carrera por amor a la explotación, hace de la mecánica la ciencia y roba a hurtadillas a los estoicos que descubren y no se apropian; y éste, lo hace suyo, hasta patentándolo.

 

No es raro ver a verdaderos mártires abnegados, en cuchitriles y destartalados consultorios; en tanto que el explotador abre su mentido centro científico, en palacios y con boato provocador de la misma ciencia. Que no vaya el pobre allí a procurar lo que necesite; allí se llama con lo único que puede hacerle oír: con dinero. El sentimiento, no tiene allí asiento. Es ese profesional, un verdadero inconsciente.

  

Están ya retratados los dos hombres: el consciente y el inconsciente, o el que toma la profesión por vocación y el que la toma por modus vivendi. El juicio, corresponde al pueblo en su crítica muda o acaso mordaz; pero sobre todo, la misma ciencia juzgará inflexiblemente, entregando sus secretos sagrados al humilde y estoico de vocación.

 

Pero el amor consciente a la educación nacional, lo demuestra el pueblo, imponiendo al fin su querer a los fantasiosos y obligando a los que mantiene, a elevar la educación; unas veces formando el vacío al mistificador o traidor y otras aplaudiendo al que más lo educa.

 

Hay también casos muy injustos en el pueblo, sosteniendo en el candelero verdaderas nulidades y abatiendo los números de valor; pero son casos psicológicos ocasionales que hay que buscar sus causas, en reconditeces que aún no había penetrado el pueblo y ni acaso el estoico abnegado de la ciencia por vocación.

 

Nosotros nos hemos esforzado en buscar las causas de esos estados psicológicos ocasionales de los pueblos y lo dejamos expuesto en nuestra filosofía y muchos otros libros ya citados; pero recordaremos que sólo los prejuicios de religión y atavismos sociales, son la causa, y dicho en una sola causa, de esos estados de verdadera inconsciencia.

  

La plaga de vagos y holgazanes, dedicados exclusivamente al culto irracional de los Dioses, no ha podido por menos para sostenerse, que amparar a otra no menor cantidad de improductores; y como han tenido en su mano las religiones, todos los medios y fuerzas de la Magia o ciencias ocultas, forman (aunque no lo parezca) en muchas ocasiones un solo cuerpo, la religión y los hombres de la ciencia; pero jamás pudieron conseguir promiscuar la ciencia y la religión.

  

En nuestro Primer rayo de Luz hemos sido todo lo extensos que merece el asunto ciencia y religión en su incompatibilidad y allí os remitimos para este punto trascendental.

  

Si: la psicología ocasional del pueblo, nos la ha retratado de una sola vez el calumniado y no comprendido Pilatos, cuando aseguró a María, Madre de Jesús: Estoy al corriente de las prédicas de Jesús, con cuya doctrina estoy conforme: os aseguro que no ha faltado a las leyes del imperio: y si me llega a mí, no le sentenciaré: Pero todo lo temo del pueblo, porque éste es del último que le habla.

  

Y bien: no necesita comentario ese aserto; probado está en miles de casos históricos esa gran verdad de Pilatos. Hemos visto a menudo a un pueblo, detestar a un hombre aclamado ayer. Si eso fuera a causa de haber visto al pueblo, equívoco, lo tendríamos que ponderar como caso de conciencia. ¿Pero acaso no hemos visto vituperar a un hombre verdaderamente sabio y tenerlo en el ostracismo más criminal, por su estado o condición humilde y llevar al poder o mantenerlo siendo un inútil y más que inútil, al traidor y verdugo del mismo pueblo?

   

He referido la historia del gran e invencible Antulio, que como el austero Sócrates, sucumben al odio de los fatuos llamados sabios. Conocéis el caso de Galileo y millones más en la historia, en que el pueblo consciente con su silencio, o lo pide inconscientemente y sugerido por los falaces, la anulación, el destierro y la muerte de los que le dan luz y ciencia; pero que su austeridad sublevó a los encastillados supremáticos, civiles y religiosos, a los de carrera sin vocación, a los detractores de la ciencia y éstos, le hablaron y sugestionaron al pueblo con los nombres de Dios y Patria y las costumbres de sus antepasados, destruidas por el pensador racional.

 

Sabéis cuánto pesa el prejuicio entre la ignorancia y cómo dominan los atavismos; y todo esto es explotado por la falacia, para sublevar al pueblo y volverlo en contra del que antes aplaudía, pero inconsciente también, porque no le había llegado la baba venenosa de su propio enemigo, dominador por el fraude, el engaño y la mentira, en la que habían educado al trabajador.

 

Hasta que esos sacrificados han logrado despertar en el pueblo una semiinconsciencia saludable, para que pueda pensar en su condición de esclavo sin valor, han sucedido por miles los casos especiales de esa Psicología ocasional, que ha causado desastres inconmensurables en todas las naciones; pero que también han sido saludables lecciones que el espíritu copia y cada vez más iluminado en su experiencia, lo inspira a sus cuerpos, hasta llegar a formar atmósfera regeneradora de la dignidad humana, haciéndose consciente de su propia educación Nacional, en la que luego verá una barrera que le estorba, porque necesita más expansión.

  

No cupo el amor del hombre y su acción en el pequeño círculo del hogar y necesitó la ciudad: la ciudad le pareció más tarde una cárcel penosa y buscó la federación de la otra ciudad, hasta formar la región o patria chica.

  

Su deseo no pudo satisfacerse en la región y formó la Nación, en la que puso toda su conciencia para educarse en todo cuanto encierra el ya vasto horizonte, pero que tiene barreras y al hombre le estorban y las quita.

 

Pero hete aquí otro caso especial de Psicología Magnética que nos prueba El amor consciente a la educación Nacional: es lo más antipatriótico que pensar se puede, y sin embargo, inconscientemente, se nos impone ese antipatriotismo por los mismos patriotas, y sobre todo, por las mismas ciencias.

  

Expliquemos este hecho trascendental, que bien lo merece un punto Ético- Comunista, al que somos arrastrados inconscientemente por nuestro estado consciente de educación Nacional.

  

Sí, se nos impone la educación Nacional, exigiéndonos que sustentemos el amor a todas las cosas de la Nación; y esto sucede en unas y otras Naciones, como sucedió en unas y otras regiones, por cuyo amor expansivo hemos formado la Nación Ética e Idiosincrática.

  

La causa es metafísica y espiritual; pero que aquí nos basta para explicar este caso, la simplicidad de las ciencias, matemáticamente hablando.

  

En efecto; las ciencias son en todas las Naciones las mismas y hasta se da el caso superabundante de Comunismo en que el Ruso e Indú, el Chino y el Japonés, el Europeo y el Africano, el Asiático como el Americano, pueden hablar y tener diferentes idiomas y caracteres caligráficos; pero en tocando a los números, no pueden tener más que los mismos números, en valor y estructura.

  

Esto, que ha debido poner en cuidado a las religiones y sus Dioses, no han podido, sin embargo, crear otros números, ni cambiar sus valores. ¿Por qué es así? Pues porque los números son el resultado múltiple de la sabiduría procedente de la unidad. Por esto todo lo dominan los números, ya que sus ecuaciones son inflexibles y dicen la misma cosa en Francés, en Italiano, en Español, en Chino, en Ruso, en Inglés, como en toda la jerga de idiomas, que al fin también son reducidos a un solo idioma, como todos los números son hijos y parte integral del UNO.

  

La fuerza Magnética de los números sólo algunos viejos Magos la llegaron a comprender, pero no a dominar, aunque usaran de su fuerza; pero quedando ellos mismos sujetos y dependientes de los mismos números y su magnetismo.

  

Acaso y sin acaso, sólo el autor y fundador de la Cábala Mayor, el aún no comprendido Moisés, se acercó un tanto al conocimiento de los números. Los demás hombres, aunque parezcan consumados matemáticos, sólo llegan a la concepción del valor de los efectos o ecuaciones de los números; pero de los números nada saben.

  

Para probar el punto Ético-Comunista que nos ocupa, necesitamos estudiar los números; y como sería tarea infinita, vamos a tomar por ejemplo el número 3 representado en el mágico triángulo; pero lo haremos muy someramente y como estímulo al estudio de los números.

  

Moisés, aquel gran ignorante, según los grandes sabios de hogaño, vulgo Materialistas, concibió (para su Cábala Mayor, en la que encerró sus más grandes secretos) el número 3 en el triángulo en esta forma geométrica, que nos revela su... ¡ignorancia!... y se explica así:

 

KETHER. BINACH. CHAMAH. Palabras Sánscritas

 Kether. Razón Suprema. Poder equilibrador.

 Binach. La inteligencia que se agita e impele hacia adelante.

 Chamah. La sabiduría que resiste, pero cede a la inteligencia, lo que gana por su fuerza.

 Así resulta que de esta lucha se origina el movimiento, única razón de la vida.

 

En efecto, Kether, el poder supremo, el ser incomprensible, indefinible, porque no está en la ciencia positiva, que sólo es un efecto, pero que por ser la ciencia un efecto refleja en nuestra conciencia, y la ignorancia lo ha llamado Dios, en 72 nombres diferentes, que forman confusión; pero que, si los desnudamos de su materialidad y maldad religiosas, bajo esos nombres ya el hombre conoce al Creador su Padre, que tiene un nombre Universal en todo el infinito, que lo llama ELOÍ. Esto es, KETHER.

   

Binach. Es la inteligencia, la libertad bien fundada sobre  el orden Supremo de las cosas y es por esto la fuerza que todo lo mueve, causando, por consiguiente, toda iniciativa.

   

Chamah. Empero es la sabiduría, el ideal de la soberana Razón. Por lo que el ideal es la matemática pura de ese ser incomprensible, pero cuyo ideal sólo puede ser un miraje en el hombre de dos mundos; es decir, DÚO: de cuerpo y alma, hasta que, habiendo vencido la resistencia de la inteligencia obtusa, se descubre en la vida como iniciador de ella en el movimiento. Es decir, que el movimiento es por necesidad, para la demostración de la vida misma, en formas y es la misma vida, ocasionada por una lucha continua entre la actividad de la inteligencia y la resistencia matemática de la sabiduría, equilibradas esas contracciones que llamamos Flujo y Reflujo, por la suprema razón de las fuerzas, representado todo en el triángulo, que en lo divino es, Creador, Verbo, Luz: y en lo humano es Espíritu, alma y cuerpo. He aquí la verdadera Trinidad del Padre y la de su imagen e hijo, el hombre.

 

La primera, en la ignorancia, por llamarla Divina, la creen abstracta. La segunda, tangible y visible, es humana.

 

Para llegar a su trinidad el hombre, debe pasar por el número 1, Kether, y luchar con Binach, que lo impelía, por lo que era su antagónico, puesto que en él estaba Chamah, la sabiduría, embrionaria, sí, pero sabiduría al fin, que se resiste, por ser inmutable o lo abstracto; y sólo cuando de su razón sale la inteligencia en forma matemática, que se cuenta, que se mide y que se pesa, forma al tríplice, el triángulo, del que jamás puede separarse por ley también natural, convictiva e inmutable.

  

Eso es el ternario; lo invariable, lo fatal, en lo divino, moral y material, como en lo humano, físico y magnético. Esta es la Clave inequívoca de la Cábala Suprema, desconocida, porque Ley de la Cábala Mayor, porque aún los hombres no habían ascendido al descubrimiento del Espíritu, Creador único de las formas: y en ese misterio se fundaban las doctrinas y filosofías y ciencias ocultas: por lo que, ya descubierto el Espiritismo Luz y Verdad, el ocultismo dejó de ser.

  

Esto es, pues, lo ternario y las leyes de la Naturaleza.

 

Aún nos vamos a extender un momento más en este asunto de importancia suma, ya que por primera vez tocamos esta materia, que reúne en sí todas las causas, cuyos efectos son las ciencias matemáticas positivas, que absorben a los hombres, demasiado quizá, por no saber la causa de los números, ni su valor real, llegando equivocadamente a creer que los números sean una invención de los hombres de la tierra.

  

Hemos explicado el 3, en su forma y constitución o nacimiento; pero quedaría un tanto confuso, sin saber cómo se ha producido, y tenemos que, para el caso, explicar el 1 y el 2 y luego agregaremos las leyes de la analogía.

  

UNO. Encierra en sí todo el universo, porque éste es sólo UNO; UNO es el Creador, Padre Común de todos los Espíritus y del Universo; UNO, el mayor y primero en cada forma, cosa y especie; y UNO el Centro Vibratorio de donde toda vida procede.

  

En el UNO el Cabalista verá el principio y fundamento de todas las cosas y en el UNO ha de reunir todos los elementos de cada cosa que examina; y mientras no consigue hacer de toda la variedad una sola entidad, no aparecerá el necesario equilibrio en el movimiento.

  

DOS. No es más que la adición de un uno a otro uno, por lo que, DOS, es el antagonismo: el principio de la lucha en que, un instante imperceptible, pero que hay ese instante, se produce la quietud; de donde justamente, nace en seguida el movimiento, vencida la resistencia sabiduría, impelida por una razón de Justicia.

  

DOS es, por lo tanto, imprescindible en toda acción, por cuanto precisamente él es la acción combinada de dos unidades vivas, que por la igualdad se repelen; y de ese antagonismo, nace el movimiento, creando el magnetismo, que ya los enlaza como imán omnipotente: de ese antagonismo, pues, nace una existencia, que es ese movimiento que traza su línea atrayente y repelente, pero que ya no puede ser cortada.

  

Ese movimiento, pues, ha creado el péndulo, con el cual buscamos el equilibrio, que a donde quiera que gire, produce el movimiento equilibrador: y es hijo del antagonismo, de la lucha, originando la vida de las cosas.

 

TRES. Es esa línea formada por el movimiento del péndulo y que necesariamente une las dos líneas formadas por los dos unos, nacidos del mismo punto Kether, cuya línea del movimiento cierra el triángulo.

 

TRES, pues, es producido del movimiento de los dos unos y aparece en nuestra inteligencia, la plenitud de la Trinidad del Creador, siendo UNO; pero la comprendemos en Vida, Verbo y Luz: o Poder, Fuerza y Expansión.

  

Decimos que el hijo es el Verbo; pero entendamos ya, que es la forma hombre, con el Espíritu Luz: y así está concluido en la Ley de Shet, cuando dice:En él estaba la vida y la vida es la Luz de los hombres.

  

La Luz no es la substancia ni la inteligencia, sino el resultado de esa unión; y no es un compuesto de las dos, sino mitad substancia y mitad inteligencia; y es así, porque del trabajo de esa unión, el producto es Luz, que, como entidad, es simple en sí misma: no hay metamorfosis, porque lo era ya antes de mostrarse como resultado de esa unión antagónica, que la misma luz dominó, porque, por las inmutables leyes de la vida, es indivisible; como indivisible es su representante 3.

  

Hablando de esto, Shet, en su primera legislación Sánscrita, dice de la luz: Cuando él preparaba los cielos, yo estaba allí; cuando daba leyes a los mundos y los seres y una ley y un límite a las aguas, yo estaba presente; cuando distribuía el Firmamento y cuando colocaba los fundamentos de este mundo, yo estaba con Él, gozándome ante Él, gozando el Universo, y mis delicias no pueden ser otras que estar siempre con los hijos de los hombres.

    

Así, pues, Tres es el movimiento que eternamente no parará, y es la luz, que es vida de los hombres y de todo lo que existe.                                                      

 

*

No podemos menos, a estas alturas de la Ética-Comunista y Suprema, de hablar algo de las leyes de Analogía, para mejor comprensión de la página que hemos adelantado por amor a la educación Nacional, que es ya el estado del amor Universal.

  

Espanta la responsabilidad de los hombres de ciencia, que juegan con los números sin conciencia de su significado, y no acertamos a pensar cómo se han aberrado en forma tan escandalosa, para usar sólo para el mal, lo que no contiene el mal, salvo que entendamos que es un mal la vida y el vivirla. Y sólo nos podemos dar cuenta exacta de esa aberración en la multiplicidad de religiones, creando tantos Dioses irracionales, causa por la que, los grandes magos y su Jefe Moisés especialmente, encerraron en inmaculado e intransparente viril, bajo la Cábala de los números, toda la grandeza de la Creación con la causa de la vida, para que no le mancharan los hombres dúos; pero prometiéndose de antemano, descubrirlo por ellos mismos, pasado un tiempo matemático, en el que, la mayoría de los hombres, descubrirían la causa de su razón y de su vida, que es su propio espíritu.

  

En efecto: Abrahám escribe en su testamentoalianza: Y contaréis los tiempos por siglos de 100 años: y los siglos serán 36 desde que escribiré mi ley hasta que la tierra la sabrá: y de este siglo, mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre, que les darán mis espíritus, lo que se ha cumplido y por lo que se les puede adelantar a los hombres esta lección.


Libro: Los cinco amores

Autor: Joaquín Trincado 

 
 
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