El amor ciudadano es más perfecto que el amor de familia; El amor a la amistad
- EMEDELACU

- 23 sept 2025
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Ya estamos en un marco un grado mayor; subimos al segundo peldaño de la escala de los amores: ya se respira un ambiente menos caldeado que en el estrecho recinto del hogar.
Estamos en la ciudad, en el amor a la porción de la tierra que nos meció en nuestra infancia y buscamos la amistad de los que conviven nuestro ambiente.
La estrechez del hogar, no nos ahoga; pero sí nos extorsiona y deprime, imponiéndonos una restricción en nuestros vuelos de cualquier clase y tendencia y buscamos nuestra expansión a la vida real, en la amistad.
La amistad, entre muchas otras cosas, encierra las siguientes principales:
A.- Afecto benévolo, puro y desinteresado, recíproco de ordinario, porque nace y se forma del trato de nuestros semejantes;
B.- Ayuntamiento de los sexos en ley o extra ley;
C.- Ayuda, merced, favor;
D.- Maridaje, alianza, buena junta, o liga que hace de una cosa a otra cosa;
E.- Pacto amistoso entre dos o más personas;
F.- Despertar de deseos, afición y ganas de alguna cosa.
Para ser explícitos, debemos hacer cada una de estas letras un punto separado; pero advirtiendo, que no nos separamos de nuestra “Filosofía Austera Racional”, donde todo eso está fundamentado.
A
Afecto benévolo, puro y recíproco de ordinario, porque nace y se forma del trato con nuestros semejantes.
No es que en el hogar de nuestra familia no exista todo eso en esencia, pero que se circunscribe a los pocos miembros del hogar y no puede desarrollarse, porque la consanguinidad no admite la justicia rigurosa que impone la reciprocidad del amigo, para conservar la amistad armónica.
En la amistad del vecino ciudadano, no cabe el desdén, ni la rutina familiar, porque se son necesarios los amigos el uno al otro y suman las facultades, no sólo de ambos, sino de sus familias, ensanchándose así el afecto, el conocimiento y el respeto mutuo y sincero, a todo el círculo tejido por esas consanguinidades, que se alargará por lo menos a todas las ramas de sus árboles genealógicos; de sus apellidos.
La pureza del afecto, se impone por la necesidad de conservar la amistad, obligándose tácitamente los amigos o amistades a guardarse todas las formas de la delicadeza y esto es una reciprocidad formada del necesario trato, para la vida ciudadana.
La amistad, es una necesidad, pues, y crece ésta con el tiempo que se conserva; pero que si la amistad arraiga por la afinidad de ideales, de cuerpos, de necesidades y de espíritus, pronto la amistad se convierte en cariño, llegando a sellarse en el amor, en una o variadas formas.
Cuando ha llegado a ese punto la amistad, se ha confundido la estética y la ética y la vida moral y materialmente de los amigos, se desarrolla en dos o más hogares, pero son por sentimiento un solo hogar; se agrandaron los hogares consanguíneos.
Todo esto tiene la gran consecuencia de comunizar ideas e intereses varios en un mismo querer, y es por lo tanto un amor más expansivo, más amplio y de más provecho, que el amor de familia.
La amistad, impone suavemente una obligación fraternal y una benevolencia tolerante entre los amigos, pero que se corrigen uno a otro para identificarse hasta en el pensamiento y en el obrar.
B
“Ayuda, merced, favor”. Son productos de la amistad menos concentrada: de la amistad derivada de la mayor amistad de dos o varios sujetos que amistaron a esas familias y a las amistades de esas familias; por ejemplo: Tú, caro lector y yo, hemos hecho una amistad que representamos el contenido de la letra A. Es decir, somos dos inseparables amigos que contamos nuestras vidas como una sola. Tú entras en mi casa y yo en la tuya cual si nos fuera la misma casa. Por de consiguiente, “No hay pan partido”, como se dice de los verdaderos amigos. Mis padres, o mi esposa y mis hijos, te consideran como a un miembro de la familia, y yo me encuentro en las mismas condiciones en tu casa. Dicho está que, si tú sufres, yo sufro; si yo tengo, tienes tú y mis triunfos te tocan a ti como a mí.
Pero tus parientes (como los míos) necesitan un servicio, una ayuda, una merced, de mí, por ejemplo, que por mi posición, relaciones o empleo, puedo conseguir; pero les falta amistad acendrada, la confianza del amigo para llegarse directamente a mí, y claro está, llegan a ti por la consanguinidad y tú, con perfecto derecho, le prometes en mi nombre y vienes a mí y me dices: mira, fulano, necesito esto para mi tío, mi primo, etc., o para un diablo cualquiera que se dignó por cualquier casualidad en pedirte a ti. Yo, que tengo el deber de que tú cumplas tu compromiso, uso de mis poderes y lo consigo y es agradecido un individuo que está al margen de nuestra amistad. ¿Ves, aquí, cómo se agranda el conocimiento de los seres y se ensancha la amistad en el trato ciudadano? ¿Te das cuenta como aquí es más perfecto el amor ciudadano que el de familia? Pero no olvides que la familia es la base (a pesar de su imperfección) de este amor ciudadano, que nos impone la ayuda mutua, el favor desinteresado, la merced galante.
Libro: Los cinco amores
Autor: Joaquín Trincado
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