Edad en que los seres pueden hacer uso de la carne
- EMEDELACU

- 3 jul 2025
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Es muy seria esta cuestión hoy, pero no lo será luego que el amor puro reinará en los seres y éste pondrá norma a los individuos, mayormente cuando tendrán clara percepción de las leyes divinas y el régimen comunal pondrá a salvo las grandes necesidades que hoy siente la humanidad, que la desequilibra en todos sus actos.
La humanidad tiene, en todas sus generaciones tres épocas: la de la educación, la de la fuerza y la de la sensatez; la primera nunca será la edad de la procreación; ésta solo tiene la naturaleza de los seres, fuerzas suficientes para hacerse útiles a la sociedad y desarrollar su educación y fuerzas físicas; en la segunda, la de la fuerza, es la de la procreación; el trabajo y el estudio de ciencias y conocimientos superiores, pondrá límite y cordura al uso de la carne que, con la debida instrucción de los deberes de cada uno, no será difícil habituarse al uso moderado, del que resultarán hermosos vástagos; la tercera época, o de la sensatez, no es decir que no pueda el hombre procrear pero como su compañera habrá pasado de su regla, guarda en su naturaleza sólo el amor para su compañero y para ella misma; entonces está el amor acendrado y reposado en una y otro, y la naturaleza está satisfecha de su cumplimiento y no les niega su pago del goce supremo de la materia que se prolonga por largo tiempo, si el hombre fue comedido, y no es raro ver hombres de ochenta años con vigor, lo que no sucede con los que abusaron sin medida quedando vergonzantes impotentes a los 30 años.
En nuestro mundo raquítico, hasta esto pasa pronto; pero con arreglo a la vida de las generaciones, que apenas es una existencia nada comparada con la larga vida de los seres de otros mundos, está bien equiparado.
Tenemos a nuestros vecinos de Marte que viven doble que los de la tierra, pues sus años son doble largos que los nuestros y su régimen comunal les permite una más completa salud y virilidad que a la tierra hoy, y el uso de la carne, por tanto, es doble largo, como todas las demás cosas.
Pero en Sion y demás mundos de perfección, donde el amor se respira en su atmósfera, he presenciado cantos y escenas de amor que sólo en espíritu las podemos soportar los hijos orgullosos de la tierra; si nos fuese dado presenciarlos en cuerpo, estallaría nuestro corazón; y para aquellos felices habitantes, que fueron tan infelices como hoy nosotros, son tan naturales como para nosotros nuestras emociones de amor; todo está en la ley: allí, que como anoté en el libro “Buscando a Dios” “la mujer da cien hijos en una sola existencia”; nuestro año son 10 días suyos, y un siglo de ellos nada menos que 3,600 años de la tierra, y el hombre conserva su vigor siempre. Allí, sin embargo, la ley es como aquí y como en todo el universo para la procreación y no es de otro modo que, por la unión de los seres, que aparte de la gran perfección de la materia, son de nuestra misma estructura, de los mismos miembros y los mismos órganos para la procreación.
Con la educación correspondiente en los dos sexos, la naturaleza marca la edad de la procreación y del uso de la carne; pero debo decir que en la mujer, salvo condiciones anormales, lo marca su salida de la pubertad; y en el hombre, cuando sus facultades demuestran capacidad de educar al niño; esto en regla general; pero si los padres o maestros tienen conciencia de la educación del varón, la edad de los 21 años arriba será adecuada a los fines de formar familia, salvo que la ley de los afines adelante la edad.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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