Economía Moral
- EMEDELACU

- 29 sept 2025
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Recordad aquí nuestro prólogo de la “Filosofía Austera Racional”, porque entraña lo necesario a la comprensión de que, sin la moral eficiente, no puede haber ninguna clase de economía.
La economía moral consiste en disponer todo lo concerniente para que una obra, antes de entrar a su ejecución, sea ya la obra, es decir, que se debe pensar bien todo en la mente del actor, para que la idea sea convertida en la realidad con un bien mayor y menor costo de fuerzas.
Es decir, que yo estoy ocupado, v. g., en escribir; y si tiendo la pluma sin pensar y meditar lo que debo dar y decir (prescindiendo de la inspiración si fuera posible), es seguro que llenaría el libro para no decir nada, ni dar soluciones a ninguno de los problemas que hubiera querido solucionar.
Pero si antes de tender la pluma me concentro en mí mismo, pensando las leyes de lo que quiero exponer, una vez que he hecho la hilaza del tejido, sale la pluma avanzando sin parar y sin tener que tachar ni corregir las palabras, ganando tiempo y papel, y hago obra de provecho, por esa economía moral.
Suponed que un ingeniero inexperto idea una máquina y no proyecta para medir las fuerzas ni figurar las partes que deben encargar al taller: tendría el que ha de hacer las formas en bruto, bien en madera, yeso o barro, que delatar de incompleto y de ningún valor el estudio.
El ingeniero o idealista, tampoco es el artista; pero dará la idea en imágenes rústicas, que el artista acabará conforme a la idea transmitida. Si el ingeniero idealista no tiene esos grados de moral científica, no puede tener economía moral y sus proyectos son obra perdida. Pero si tiene esos grados de moral eficiente a suciencia, por la economía moral, ideará planeando con la ayuda de la matemática, la que le dirá rigurosamente las fuerzas necesarias, los espesores de las partes y así estudiado con toda la moral económica, acotará sus planos y figuras y la máquina saldrá bien, como un buen nacimiento, que luego experimentará y perfeccionará, precisamente buscando el máximum de las economías, y será la corona de todo ello la economía moral.
La economía moral es siempre más atrayente y más digna que el trabajo bruto, es decir, que en el primer caso expuesto, estuvo ausente el director Espíritu, único idealista. En el segundo estuvo presente, porque su alma y su cuerpo lo reconocieron en sus funciones.
Con este ejemplo tenéis bastante para saber que, más vale pensar y pesar, que fracasar inmoralmente, por no haber puesto nuestra mente al concurso de la acción que íbamos a ejecutar.
Concluyo diciendo que: la economía moral no quiere ni admite atolondrados, ni consiente la economixtificación.
Libro: Los cinco amores
Autor: Joaquín Trincado
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