Desiderio Erasmo


DESIDERIO ERASMO nació en Rotterdam el 28 de octubre de 1467. Según algunos historiadores, sus padres, Gerardo y Margarita, no podían casarse, por razones desconocidas. No mucho antes de nacer Erasmo, Gerardo tuvo que ir a Roma. Tenía la intención de regresar pronto para contraer matrimonio; pero se detuvo más de lo esperado. Mientras tanto algunos parientes le hicieron creer que Margarita había muerto y él, desesperado, se hizo sacerdote. Cuando se enteró de la verdad ya era tarde y su hijo nació fuera del matrimonio.
Muchos consideran esta historia como una falsedad inventada por sus enemigos. Tal vez sea así, tal vez sólo sea verídica en parte. Erasmo afirmaba ser segundo hijo. Su hermano Pedro era tres años mayor que él.
Como tenía buena voz, su madre quiso que aprendiera canto. Pero carecía de verdaderas aptitudes para esto y tuvo que abandonarlo, entrando a los 9 años en la escuela del célebre Alejandro Hegius en Deventer.
Al morir sus padres, dejó la escuela y él y su hermano quedaron a cargo de tres tutores. Estos gastaron la herencia y para librarse de los muchachos decidieron mandarlos a un convento.
No estaban aún en edad de pronunciar los votos, pero ante las conveniencias y hasta las leyes de la iglesia se dejaban a un lado. Era muy común en aquel tiempo librarse de parientes indeseados mediante los votos eclesiásticos.
Vivieron por espacio de unos tres años en un convento de Jerónimas en la ciudad de Hertogenbosch (Bois-le-Duc), capital del entonces ducado de Brabante, Rumbold, maestro de Erasmo, quiso que éste se quedara, más no pudo conseguirlo.
Volvieron al lado de sus tutores. Era evidente la necesidad de elegir una carrera.
Erasmo, un joven de talento, debía caer en manos del clero. La iglesia no podía perder la oportunidad que se le presentaba, de hacer suya a quien veían convertirse en una de las mejores cabezas de su tiempo. Por eso secundó los planes de los tutores del joven Desiderio.
Todos los medios posibles fueron empleados para atraer a los dos hermanos hacia algún convento. La vida conventual era descrita con los más vivos colores. La virtud, la ciencia, los libros, todo lo bueno del mundo, se acumulaba en el interior de los sagrados recintos. Fuera de ellos la gente se veía expuesta a las acechanzas del diablo, que jamás podría traspasar los umbrales de un convento.
Erasmo y Pedro, permanecieron irrevocables en su negativa. Uno de sus guardianes (maestro de escuela), se enfureció y comunicóles que rompía las relaciones con ellos. Otro de los tutores, un banquero, al ver que por la fuerza no se conseguiría nada, los hizo venir a su casa. Recibiolos cariñosamente, y les habló largo rato, con tanto entusiasmo y fingido afecto que el mayor de los hermanos aceptó llorando lo que se le proponía.
Desiderio quedó solo, sin una amistad sincera en que apoyarse. Lo acorralaban cada vez más, hasta que un día, mediante un plan premeditado, con apariencias de casualidad, llegó al convento de agustinos de Stein. Allí estaba Cauterio, a quien conocía desde su niñez. Confiaba en la veracidad de sus palabras y se dejó convencer.
En apariencia no lo obligaban en nada. Tenía autorización para quedarse algún tiempo, como prueba. Si no le agradaba la vida de monje podría retirarse.
Erasmo era muy amante de los libros. En ese convento se encontraba una de las mejores bibliotecas. Le permitían estudiar todo lo quisiera, y durante el tiempo de su noviciado apenas lo interrumpían para que cumpliera los deberes que le imponía la religión.
Llegó el momento de decidir. Él no tenía mucho interés en hacerse monje, pero los libros por un lado y por el otro los ruegos y las insistencias hicieron que pronunciara los votos a la edad de 17 años desaprobando en el fondo lo que estaba haciendo.
Una vez monje, las cosas cambiaron por completo. La ceremonia que acababa de realizarse dejó caer un velo sobre los aspectos agradables de la vida conventual de los que hasta entonces había gozado.
Los libros le fueron prohibidos; tuvo que aprender todas las lecciones de santa obediencia y las prácticas religiosas se hicieron más frecuentes de lo que él pensara.
La moral de los conventos de aquel tiempo no era elevada bajo ningún aspecto (excepto en las apariencias). Erasmo mismo contaba años más tarde, que todos los vicios le estaban permitidos, pero el estudio o cualquier tentativa de desenvolvimiento intelectual era desaprobado.
Sumábase a esto que el joven tenía una salud muy precaria. Para mantenerla debía comer poco y regularmente; los ayunos le hacían sufrir mucho. En fin: no servía en absoluto para la vida monástica.
Felizmente la deseada libertad no se hizo esperar. Por su fama de latinista fué designado para acompañar al obispo de Cambray a Roma. Pero el viaje se retrasó mucho y él se quedó con el obispo. Este lo mandó a París para que terminase sus estudios. Se instaló en el colegio de Montaigu, pero a los pocos meses enfermó gravemente, tal vez por culpa de los alimentos, y regresó. Más de un año descansó: Ya en Inglaterra, ya en Holanda con sus parientes. Prosiguió luego sus estudios en París, pero sin la protección de antes, pues su mecenas había fallecido. Se vió obligado a ganarse la vida dando lecciones.
Uno de sus discípulos, Guillermo Mountjoy, lo acogió en su casa. todos ayudaban en lo posible a este hombre que sabía ganarse las simpatías de los que le rodeaban.
En el sur de Francia, lugar hacia el cual huyó escapando de la peste que azotaba a París, conoció a la marquesa Ana de Vera. Esta le señaló una pensión de cien florines y Erasmo escribió una “Oratio de Virtude aplectana” para su hijo.
Al poco tiempo se dirigió hacia Orleans, donde permaneció tres meses en casa del catedrático Jaime Tudor. En el año 1497, Mountjoy, lo llevó consigo a Inglaterra y le adjudicó una pensión de 1,000 coronas por año. Visitando las Universidades de Oxford y Cambridge conoció a los humanistas más insignes de su tiempo. Tomás Moro, Juan Colet, Guillermo Crocyn y Hugo Latimer. También le presentaron al rey Enrique VIII.
En la Universidad de Oxford terminó sus estudios de griego, idioma sólo conocido en aquel tiempo por personas muy eruditas.
De vuelta nuevamente a Francia, escribió numerosas obras. Adquirió tal renombre que magnates y poderosos solicitaron su amistad. Hubiera deseado ir a Roma, pero sus perennes estrecheces económicas no se lo permitían. Entonces se dirigió a Inglaterra donde le habían reservado una cátedra en la Universidad de Cambridge.
Por fin en el año 1506 realizó su deseo trasladándose a Italia. Se graduó de doctor en teología, en Turín. En Bolonia, el Papa Jacobo II lo saludó invitándole a ir a Roma. Allí fué muy bien recibido. En Venecia trabó amistad con el impresor Aldo Manucio, gran conocedor del griego. Más tarde Erasmo escribió una sátira contra este hombre titulada “Sórdida Opulencia”. Muchos consideran esto como señal de manifiesta ingratitud.
Después de recorrer otras ciudades italianas se instaló en Roma donde el éxito de sus “Adagios” le valió nuevas amistades. El Papa Julio II le dispensó de los votos hechos anteriormente y le permitió una mayor libertad en sus costumbres y vestimenta.
Al subir al trono de Inglaterra Enrique VIII que lo conocía desde hacía varios años, deseó que se quedara con él, en el año 1511, el arzobispo de Canterbury le dió el curato de la ciudad de Addington, donde permaneció un año.
El estado de su salud le obligó a cambiar de clima. Recorrió en 1513 las ciudades más importantes de Alemania, y se quedó algún tiempo en Basilea. Nuevamente volvió a Inglaterra donde permaneció hasta el año de 1516 y luego se dirigió a la corte del entonces joven monarca Carlos V de Alemania. Este le nombró consejero y le asignó una pensión de 400 florines, dejándole en completa libertad para que se radicara donde quisiera. Con este dinero se instaló en una casa apartada dedicando el dinero que le sobraba a subvencionar a jóvenes estudiantes que se interesaban por los estudios filológicos y literarios.
La reforma terminó con su tranquilidad. Lo acosaban continuamente pues querían que se uniera a uno y otro bando. El no quiso, despertando así la desconfianza de todos los partidos.
Aplacadas en parte las luchas ideológicas marchó a Roma donde el papa Pablo III le dió un priorato en Deventer (pequeña ciudad holandesa, entonces capital de la provincia de Overyssel).
Cerca ya de los setenta años, siendo rector de la Universidad de Basilea, le llegó una invitación del duque de Brabante para visitar su corte. Deseoso hubiera accedido a tan gentil pedido, pero su enfermedad lo detuvo. Mejoró un poco y comenzó a escribir sus comentarios sobre las obras de Orígenes; más esto duró poco tiempo. Dice Stephan Zweig sobre esta última etapa del gran filósofo.
“Finalmente, la gran portadora de paz se acerca a su lecho. Y ahora que está cerca de ella, de la muerte, a la que Erasmo ha temido de un modo tan excesivo durante toda su vida, el hombre fatigado la contempla tranquilo y casi con gratitud. Su espíritu aún permanece claro hasta su despedida, todavía compara a los amigos que rodean su cama, Froban y Amerbach, con los amigos de Job y conversa con ellos en el latín más bruñido y rico de ingenio. Pero después, en el último minuto, cuando ya la falta de aliento le aprieta la garganta, ocurre algo extraño; el gran sabio humanista, que durante toda su vida sólo ha hablado y escrito en latín, olvida súbitamente esta lengua habitual, y para él la más natural, y en el temor primitivo de la criatura ante la muerte, sus labios entumecidos, balbucean de repente el “lieve God”[1], aprendido de niño en su patria; la primera palabra y la última de su vida tienen idéntico acento neerlandés[2]. Y después sólo un suspiro y tiene ya lo que tan profundamente ha anhelado para toda la humanidad: la paz”.
Los escritos de Erasmo revelan la capacidad y sabiduría de su autor. Tradujo gran número de autores clásicos y publicó escritos de otros autores griegos y latinos como San Cipriano, San Agustín y San Jerónimo. Se hizo famoso por los ataques que dirigió contra los conventos.
Tuvieron gran aceptación dos trabajos que publicó: uno sobre el estudio del griego y otro para el estudio del latín. Este último, intitulado “Colloquia” no hace honor al buen sentido pedagógico de Erasmo. Este libro acabó por quedar completamente proscrito, pues no se lo creía suficientemente moral como para ser puesto en manos de los jóvenes estudiantes. Lutero decía al respecto; “Yo debo prohibir a mis hijos la lectura de “Colloquia” porque Erasmo enseña muchas cosas impías y detestables, tanto más temibles por cuanto las revista de un carácter religioso por medio de personajes que él mismo inventa”.
La obra titulada “De ratione Studii”, sus diálogos “de Pronunciatione” y “Ciceronianus sive de optimo desde di genere”, son fieles exponentes del genio de su autor.
La obra más conocida de Erasmo es una ligera sátira intitulada “Elogio de la Locura”. En ella la locura sube al púlpito para alabarse a sí misma.
De este libro son los pasajes que continúan:
“Citemos de paso al comerciante, al soldado y al juez, que, separado de sus huertos, un óbolo para la Iglesia, está convencido de que esto ha bastado para purificar todas las manchas de su vida: perjuicios, orgías, embriagueces, disputas, muertes, mentiras, perfidias y traiciones. A su juicio, ya todo está rescatado en buena y debida forma, tan bien rescatado, que se cree habilitado para volver a empezar la serie de sus delitos… Imaginad que en medio de estas gentes, aparece un inoportuno y proclama unas verdades, de esta laya: “Tu muerte será buena si lo fué tu vida. Te salvarás del castigo de tus pecados si agregas a tu dinero el odio de tus faltas y las lágrimas, las vigilias, los rezos y los ayunos; en una palabra, si cambias por completo de condición. Para hacerte propicio a un santo será suficiente que imites su vida”. Que venga un sabio a proclamar estas duras verdades y otras parecidas y veréis enseguida cómo se altera la dicha de los mortales y cómo sus conciencias se perturban…. Ellos (los apóstoles adoraban a Dios en espíritu de acuerdo a las palabras del Evangelio; Dios es su espíritu, y hay que adorarlo en espíritu y en verdad. Más no parece que les haya sido revelado en parte alguna que una mala imagen de Cristo hecha con un carbón sobre un muro mereciera análogo culto que el mismo Cristo en cuanto tuviera dos dedos extendidos, una luenga cabellera y una aureola de tres rayas sobre el occipucio…
Hablando de los monjes: “La sandalia tendrá tantos nudos; el cinturón será de este color; el vestido estará cortado de aquella manera; el referido cinturón será de tal paño y tendrá tanto de largo; la capucha deberá ser de tal forma y tal amplitud; la tonsura será de tantos dedos de tamaño; se dormirá tantas horas. ¿Quién no se da cuenta de la desigualdad de semejante igualdad en tan infinita variedad de temperamentos y caracteres? No obstante, a causa de estas bagatelas, no se contentan con burlarse de los laicos, sino que se desprecian e insultan entre sí; estos hombres; que profesan la caridad apostólica, vomitan rayos y truenos contra cualquiera que lleve un hábito que no sea el suyo y de un color algo más oscuro. Rigurosos observadores de los estatutos de su orden, unos llevan de modo ostensible un hábito de paño burdo y debajo de él una camisa de lino; otros; en cambio, gastan una camisa de bayeta y sobre ella un hábito de lino. Algunos se apartan del contacto del dinero como un veneno, más no piensan que es pecado el beber y el acariciar a las mujeres. No es su ambición parecerse a Cristo, sino no asemejarse entre ellos. Los motes que se dan contribuyen mucho a su felicidad. Unos se enorgullecen del nombre de franciscanos, y entre éstos sobresalen los recoletos, los menores, los mínimos y los bulistas. Luego vienen los benedictinos, bernardos, brigitinos, agustinos, gileristas y jacobitas. ¡Por lo visto el nombre de cristianos no es suficiente!... Nadie querría comprar un trono al precio de un perjurio o de un parricidio si se reflexionara en la enorme carga que se impone el que desea reinar de verdad… Desde hace mucho, los soberanos pontífices, cardenales y los obispos imitan con éxito y casi sobrepasan los procederes de los príncipes. No obstante, si uno de ellos pensara que su roquete de resplandeciente albura es emblema de una vida inmaculada; que su mitra de dos puntas atadas por un mismo nudo significa el conocimiento a fondo del Antiguo y del Nuevo Testamento; que sus guantes le indican qué debe administrar los Sacramentos con manos puras que no se han contaminado por el contacto de las cosas humanas, que su báculo le aconseja la mayor vigilancia para el rebaño que se le ha encomendado; que la cruz que lleva sobre su pecho anticipa la victoria sobre todas las pasiones; si uno de ellos, vuelvo a decir, llegara a hacer estas reflexiones y otras muchas de idéntico género ¿no viviría lleno de melancolía y de ansiedad? Sin embargo, muchos prelados de hoy tienen bastante que hacer con alimentarse ellos mismos; en lo concerniente a la custodia de sus ovejas, se las confían gustosos a Cristo, o más bien, se desprenden de este cuidado en esos frailes a los que llaman hermanos vicarios suyos. No recuerdan ni su nombre de obispo que significa trabajo, vigilancia y solicitud. Más, cuando se trata de atrapar escudos, ¡oh, si son unos obispos excelentes”![3].
El tema predilecto de Erasmo eran los abusos eclesiásticos, la vida conventual. Al hablar de ello sus palabras adquieren más expresión. Él hubiera querido ver la religión reformada. No por la fuerza ni empleando medios ya más bruscos como hacía, por ejemplo, Lutero.
Era enemigo del fanatismo y de la violencia. Quería arreglar las cuestiones religiosas mediante la mutua tolerancia y comprensión. Deploraba que la cuestión religiosa provocara tantos crímenes.
Cuando apareció Lutero en el escenario de Europa, se mostró partidario de su causa. Le escribió recomendándole prudencia. Pero Lutero traspasó los límites de la moderación predicada por Erasmo y éste lo dejó. Desaprobaba su modo de proceder, no tanto de pensar. Cuando más tarde lo incitaron a que optara por uno de los dos partidos, no quiso hacerlo. No era partidario ni enemigo de Lutero. Además, su norma no era unirse a ningún partido, sino aprovechar los puntos buenos de cada uno. Este modo de proceder lo atribuyeron más de una vez a cobardía o miedo.
Durante toda su vida Erasmo mantuvo una activa correspondencia, no sólo con eminencias científicas y literarias, sino también con estudiantes.
A continuación va un párrafo de una carta que escribió desde Orleans a un estudiante de Lübeck:
“Lee primero los mejores libros sobre el tema que tienes entre manos. ¿Para qué aprender lo que luego habrás de olvidar? ¿Para qué cargar tu mente con demasiado alimento o con alimentos envenenados? Lo importante para tí no es la cantidad de conocimientos sino la calidad de lo que sepas. Divide tu día y da a cada parte de él una ocupación especial. Escucha a tu profesor; aprende de memoria lo que te dice: escríbelo si quieres, pero recuérdalo y hazlo tuyo. Nunca trabajes de noche; ello ofusca el cerebro y daña la salud. Recuerda por sobre todo que nada se aleja tan pronto como la juventud”.
Erasmo tenía muchos discípulos en España. Allí gozó su nombre de especial predilección y son numerosos los estudios que se escribieron como puede verse en “El Erasmismo en España” de don Manuel Milá y Fantanall. También don Américo Castro lo recomienda por sus enseñanzas.
Erasmo al efectuar su testamento dejó todo lo que poseía así como lo que diesen de utilidad sus obras, para ayudar a los estudiantes huérfanos.
Cabe recordar aquí, como detalle accesorio, que uno de los mejores retratos existentes, es el de Erasmo, pintado por Hans Holbein.
Sobre él dice Stephan Zweig: “Incomparable, inolvidable, el cuadro de Holbein que representa a Erasmo en el más sagrado momento de su existencia, en el instante creador del trabajo; esta obra maestra de las obras maestras del pintor, acaso pudiera ser calificada como la más perfecta representación pictórica de un escritor, en quien la palabra viva se convierte mágicamente en la virilidad de lo escrito. Siempre se acuerda uno de esta imagen – pues ¿quién que la haya visto podrá nunca olvidarla? –, Erasmo está en pié ante su pupitre e involuntariamente percibe uno hasta el temblor de sus nervios; está solo. Pleno silencio reina en este recinto; la puerta, detrás del hombre que trabaja, tiene que estar cerrada; nadie anda, nada se mueve en la estrecha celda, pero cualquier cosa que en torno ocurriera no sería advertida por este hombre hundido en sí mismo, embelesado en el trance de crear. Parece de una tranquilidad de piedra, en su inmovilidad; pero, si se le mira más despacio, su situación no es de quietud sino de quien está plenamente encerrado en sí mismo, un misterioso estado de vida que se desarrolla por completo en lo interior. Pues, con la más tensa concentración, su resplandeciente mirada azul, como si se derramara luz de sus pupilas sobre las palabras, sigue lo escrito sobre la blanca hoja de papel, donde la mano diestra, flaca, sutil y casi femenina, traza sus signos, obedeciendo a una orden que viene de arriba. La boca está fruncida; la frente resplandece serena y tranquila; mecánica y fácilmente, parece que el cañón de su pluma coloca sus runas sobre la pacífica hoja de papel. No obstante, un pequeño músculo que se hincha entre las cejas revela el esfuerzo del pensamiento que se realiza de modo invisible y casi imperceptible. Apenas material, este pliegue convulsivo próximo a la zona creadora del cerebro, deja presentir la dolorosa lucha por la expresión, por estampar la palabra auténtica. El pensar se nos aparece, con ello, como cosa directamente corporal y se comprende que todo es tensión e intensidad en este hombre cuyo silencio está atravesado por corrientes misteriosas; magníficamente se ha conseguido representar en esta imagen el momento, en general inescrutable, de la transmutación química de la fuerza de la materia espiritual en forma y escritura. Horas enteras puede contemplarse este cuadro y estar al acecho de su vibrante silencio, porque en este símbolo de Erasmo trabajando, ha eternizado Holbein la santa gravedad de todo productor espiritual, la invisible paciencia de todo verdadero artista”.
1° y 15 de Abril de 1943.
BALANZA NÚMS. 246 Y 247.
[1] Querido Dios.
[2] Este hecho que tantas veces se ha repetido en infinidad de casos nos habla claro de la influencia del suelo natal de cada individuo, obedeciendo a causas fatales pero cuyo origen ha permanecido en el más oscuro incógnito debido a la obstinación en desconocer la existencia o por lo menos el papel que desempeña el espíritu, verdadero animador de la materia y artífice de los cuerpos que moldea según las ingentes leyes del universo tienen asignado a su grado de responsabilidad adquirido. Por esto mismo es tan interesante estudiar estos casos de conservación postrera sólo del conocimiento del idioma narrativo, sin perjuicio que este lenguaje sea o no básico.
[3] A todos los cargos que se pudieron hacer a los sacerdotes en los tiempos que se precedieron a la imposición de las ciencias, el más grave consiste en que sintiéndose dueños de la situación, no tuvieron en cuenta que su propia imposición les acarrearía un deber con el que jamás soñaron y que moldearon según su conveniencia, sin preocuparse por las graves consecuencias que cargaban sobre sus espaldas, pues el gobierno de la vida Universal ni podía tener en cuenta ni entender de simulaciones desde que en todas las moléculas de la materia existente, ha sido impresa la grandeza que ha dado forma a los mundos y sus cosas.
Libro: Biografias de la balanza
Autor: Joaquín Trincado
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