Deducción Inversa
- EMEDELACU

- 23 oct 2023
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Actualizado: 26 oct 2023

Por lo que toca al método deductivo-inverso tiene por objeto indicar la ley o las leyes, de las cuales pueden inferirse aquéllas que se pretende explicar.
“La explicación de una ley por medio de otras se puede efectuar del modo siguiente:
1ª. Considerándola como una resultante común de varias leyes concurrentes y cuya coexistencia y colocación producen un efecto que es igual a la suma de los efectos de las causas componentes.
2ª. Descubriendo un término medio entre los que parecieron causa y efecto respectivamente, como, por ejemplo; la impresión fisiológica entre un estímulo y su sensación consciente.
3ª. Descubriendo una ley más general que la explicada y que la comprenda a esta última: así, por ejemplo, la ley de la gravitación explicó la de los movimientos terrestres, que comprende la gravitación y la hace más grande y a la vez más comprensible.
Como se ve, los tres modos precedentes de explicación de las leyes se combinan entre sí, lo mismo que las cuatro formas fundamentales del método inductivo, como lo confirma Liebig en la función respiratoria, como resultante de las varias leyes del organismo concurrente y combinadas con otras intermediarias.
Tras de esto, sólo nos resta detenernos a considerar un auxiliar muy valioso para el método deductivo, y es lo que llamamos Hipótesis.
La hipótesis, desde luego, es una proposición prudente, es una suposición previa, que admite el estudio con libertad de desechar o recoger las demostraciones del estudio.
Por consiguiente, la hipótesis es una suposición formada sin pruebas suficientes y destinada a servir de fundamento a deducciones concordantes con hechos comprobados. Sirve además la hipótesis para explicar fenómenos, convirtiendo a estos en supuestas leyes de causación.
Como la hipótesis tiene por objeto reemplazar la inducción no comprobada aún, que debe servir de base al procedimiento deductivo, es evidente que debe sujetarse a los resultados que se obtengan en la verificación final, pero no empíricamente, porque no basta que la verificación resulte concorde con la suposición inicial, es preciso que el fenómeno supuesto como causa sea conocido de antemano, o que la causa imaginada sea susceptible de ser encontrada por otros medios. Ejemplo: la teoría del Éter explica perfectamente los fenómenos de lo calórico, de la luz y de la electricidad, pero no reviste carácter científico, por ser imposible de comprobar la existencia de esa substancia elástica e imponderable. Igualmente sucede con la vida, pero como la vida la vivimos y el éter lo respiramos, es una verdad universal que se impone y nada ni nadie la destruye. Para la sabiduría es una verdad, una ley, un axioma cerrado, en tanto que para la ciencia será siempre una hipótesis, pero hipótesis incambiable.
Ahora bien; fuera de estos y algunos otros pocos casos como el del Creador, el espíritu y la reencarnación, todas las hipótesis deben en más o menos tiempo terminar, pasando a ser leyes científicas o desapareciendo vencidas por un axioma, como les pasa a las religiones, a las ciencias sin espíritu (materialistas) y al espiritualismo. Volvamos a lo universitario.
Libro: Filosofía Austera Racional, Cuarta Parte.
Autor: Joaquín Trincado
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