Conocimiento de María como mujer y madre
- EMEDELACU

- 3 oct 2024
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“No llega a Doctor el niño, aunque haya cursado los grados de la Universidad, sino cuando los años y la experiencia le den conocimiento de su deber, será Doctor en su carrera”, me ha dicho el Espíritu de Verdad.
La verdad de este apotegma es indiscutible y entraña la sabiduría máxima y encierra un mundo de enseñanzas buenas, sólo puede pronunciarlo la autoridad del Espíritu Maestro por primera vez, pero ya dicho por él, queda de nuestro dominio y posesión por razón de la solidaridad común.
Es cierto, sólo la experiencia hace sabios y los hombres viejos dicen con autoridad que “La experiencia es la madre de la ciencia”.
Discurramos pues bajo la razón de esos apotegmas, frases felices que se crean en la sabiduría para vivir Eternamente y vamos a ver cómo ser mujer por el sexo no basta para ser Mujer, ni tampoco haber concebido y parido basta para ser Madre, sino que es necesario saber ser Mujer y saber ser Madre en el más alto significado del sustantivo.
Por lo expuesto en todas las existencias que he señalado de María, desde Eva, se ve en ella los más altos caracteres de saber ser mujer, pues la vemos unir siempre la delicadeza y atractivo a las más grandes cualidades de dignidad, sensatez y cordura en las intrincadas y difíciles misiones de cada existencia, sin mirar en nada su conveniencia sino la obligación del deber.
Se nos señala en todas ellas con el sello de su grandeza amoldándose al ambiente y las circunstancias y atrayendo sobre sí las cargas todas de la familia, uniendo su cargo de esposa con el de amorosa Madre, no descuidando por los hijos al compañero, de quien siempre era la consejera acertada.
Hay dos casos sorprendentes de Justicia, Abnegación y Sabiduría que sólo pueden ser comprendidos por la verdadera madre y por la verdadera esposa, y son el caso de Esaú y Jacob cuando fue Rebeca, como Madre y el caso de los celos de José como esposa.
Si necesitara yo componer libros para hacer resaltar la grandeza de María, en estos dos casos tendría material para llenar muchos volúmenes con grandes filosofías; pero eso sería querer alumbrar al sol con la luna, no teniendo ésta más luz que la que recibe del sol; el sol brilla por sí solo y María con sólo su nombre brilla refulgente en los corazones de todos los hijos de la Tierra aún hoy que no es conocida más que erróneamente, pero hoy ya su Luz será apreciada en su magnitud, porque destruido el nombre que la desfigura de Virgen y Madre de Dios, los hombres y sobre todo las Madres la llamarán con la misma confianza y aún mayor que a su madre carnal o a su íntima amiga, para confidenciarse y contarle sus cuitas, sus penas y sus zozobras y sus amores y sus alegrías, porque además de la Mujer y Madre en toda la Ley, verán en ella a la gran Maestra que sabe resolver los más grandes problemas de la familia como lo vimos en Rebeca, los más horribles cumplimientos como lo vimos en Jacabel y los más tremendos golpes a la dignidad y al amor como lo vimos en los celos de José cuando María y las más grandes hazañas de sus hijos en sus misiones, como la vimos en Ceres ayudando a Jun, en Sarabasti preparando los caminos a Brahma y en María plegándose a la propagación de las doctrinas de todos los tiempos, entonces predicadas por Jesús y sostenidas en su pureza por Jaime el que fue a ayudarle para dejar bien sembrada la tierra que Ceres y Jun habían labrado siglos antes.
Creer que la mujer sólo tiene su deber y acción en el hogar y la alcoba, es el error de los errores, y sólo puede sustentar ese principio la Religión supremática, cualquiera que sea, porque saben que en la concesión de derechos a la mujer está la muerte de las causas del error y de aquí el empeño en dominar, anestesiar y esclavizar a la mujer, haciendo de un arca de sentimientos que es la mujer, una muñeca sin corazón, porque no otra cosa puede ser la mujer en la ignorancia y muertos los sentimientos.
¿Qué necesita la mujer por más confesor que el padre de sus hijos? ¿Qué más sacramentos quiere que el amor de esposos? ¿Qué más bendiciones necesita que los niños que de su amor nacen en cumplimiento de la Ley Divina de la procreación? ¿No vale cada una de estas tres cosas más que todos los dogmas de todas las religiones juntas? Porque valen más, quisieron envenenarlas bajo fórmulas grotescas y sacramentos impúdicos y tremebundos y por esto hay malos hijos, porque hay esposas traidoras y esposos déspotas y libertinos que es todo lo que se proponen todas las Religiones y como entre todas la Cristiana Católica, en la que se deshonra a toda mujer porque su madre María en ella está deshonrada y vilipendiada, bajo el irracional epíteto de Virgen y Madre de Dios, de lo que su espíritu protesta porque quiere ser lo que es, Mujer y Madre en la Ley general de las Madres, único modo en que puede ser grande la mujer entre todos los seres.
La acción de la mujer es más grande que la del hombre, porque además de incumbirle toda la Ley del hombre, le incumbe la maternidad, para la que la Ley guarda las filigranas de los sentimientos, porque la mujer está puesta por la Ley para ser la alegría, el perfume y la armonía del Jardín del Padre, lo mismo en esta parcela que llamamos Tierra como en todos los mundos del Universo, y en tanto el hombre no comprende en sabiduría este dilema, el hombre sufrirá y habrá dolores lágrimas y malestar en la humanidad.
La mujer tiene la percepción de la vida y de su destino más claramente que el hombre por razón de su mayor sensibilidad, pero esa misma sensibilidad la ha perjudicado en sus derechos, porque el hombre la anestesió con errores y falsa educación, para así el hombre entregarse al libertinaje a costa de la esclavitud de la mujer, que por el amor de sus hijos tenía que sufrir un yugo ominoso y esto las endurece en sus sentimientos y la falta de libertad las hace adormitar primero y luego convertirse en muñecas, con lo que el hombre pierde, porque no encuentra en su compañera esas delicadas filigranas, que la Ley guarda para el corazón de la Esposa, tomada como tal.
El ambiente hace tanto, que hasta en José siendo nada menos que Adán y Abraham, hirió por un momento esas filigranas del corazón de María, pero esta Maestra de las Esposas y de las madres sin quejarse ni demostrarse ofendida pide en silencio y humildad al Padre, Luz para José, y la Luz llegó rápida como el rayo y desvaneció los celos del trabajador y entonces María abre los brazos al fugitivo y con todas la delicadezas y amor de que tenía lleno su Espíritu, su alma y aún su cuerpo, calmó al que en un momento de ofuscación creyóse herido en su dignidad de hombre.
Ya os dejé relatado el caso de Esaú y Jacob, en lo que representaba la dualidad de los dos mellizos, pero tengo que estudiarlo aquí bajo la forma fisiológica para que se vea claro la percepción de la Madre, el poder de Rebeca-María y las causas que originaban la debilidad de Isaac, porque por Ley se regía bajo la costumbre, tradición o Ley humanas y aunque peligró el triunfo de la familia Misionera no faltaba Isaac en querer dar la primogenitura al que vio antes, indudablemente, la luz del sol como hombre, pero estaba en las tinieblas de la Luz del Espíritu y ésta es primero, porque al Espíritu no lo sujeta ninguna Ley humana, ni se somete más que a la Ley Divina; pero en realidad Esaú, no nació antes que Jacob, pues ya expliqué que antes de que Esaú sacara todo el cuerpo, Jacob sacó la cabeza y salió ganando al calcañal de Esaú, obrando aquí la fuerza y rigor de la Ley Divina que jamás puede ser vencida ni burlada por la travesura, insidia o malicia, porque ella es la dominadora Eterna del Universo.
Las causas de la debilidad de Isaac, que es nada menos que el Maestro Moralista de la familia de Adán y Eva, son, primero precisamente el cargo de Maestro Moralista, por todo lo que encierra en sí este cargo y no olvidar que Isaac es el mismo Jesús que en compensación a la Ley Divina, tuvo que ser rebelde en Ley humana, cuando Jesús por el peligro que entrañó su rigidez en la observancia de la Ley humana para querer dar la primogenitura al que en rigor humano le pertenecía y que no dejaba de ser, como hombre, una virtud moral, pero como Misionero que no puede tener en cuenta la hipocresía o conveniencia de las Leyes humanas era una debilidad, que pudo traer funestas consecuencias a la causa de Adán y Eva, que es la Redención de la Raza Primitiva y por esto hubo de ser luego Jesús y sufrir lo que sufrió, iniciando ya en él la realidad de la Redención, no por su sangre que ésta no puede redimir nada, sino por su rebeldía a las Leyes opresoras oponiéndoles con la prédica la Ley de Libertad, y con ella pagó a la Ley Divina una deuda contraída cuando Isaac.
Sara, madre de Isaac, en su sabiduría de ochentona y de Espíritu Maestro y cabeza de la Misión Neptuniana, sabía la debilidad fisiológica de su hijo Isaac, por la razón científica de la senectud de sus progenitores y como Jefe en Espíritu de la misionera era Sara advertida en todo momento de lo que sucedería y se apuró a desencarnar para tomar otro cuerpo fuerte y bello y ser Rebeca y esposa del débil Isaac, para suplirlo ella con su fortaleza a la par que pagarle Amor y dejar indeleble este principio: “Que no basta el progreso sólo la moral, sino que tiene ésta que ser acompañada de la estrategia, del valor de la astucia y de todos los ardides que restan fuerzas al enemigo sin dañarlo en sus derechos humanos, siempre que éstos no sean un obstáculo a la causa Mayor”, es decir, que hay que tomar del mal el menos y sacar bien del mal y esto lo sabía Rebeca y es la más alta sabiduría humana.
Aquí nos da Rebeca el mayor ejemplo de esposa, cargándose con toda la lucha de la casa de un débil esposo y por añadidura ciego de la vista corporal que providencialmente perdiera, para que Rebeca pudiera obrar la Justicia de la Ley Divina, dando la primogenitura al Legislador, que era ordenado en designio del Creador.
¿Qué hubiera pasado si Rebeca no hubiera sabido ser esposa y Madre, atendiendo a la vez el dictado de su percepción? Isaac habría dado la primogenitura a Esaú y quedaba en Ley humana el enemigo de la Redención como cabeza de los redentores y aparentemente el Legislador y Juez subyugado y sujeto al Legislado y Juzgado y esto era ser vencida la Raza Misionera y en Ley Divina no podía ser y no fue, y el pueblo depositario de los secretos del Creador fue fundado por el Legislador definido y ordenado por el Creador y es debido a Rebeca que sabe cumplir sus deberes de esposa, de Madre y de cabeza de los misioneros y sólo así pudo cumplir su Juramento de salvar al Mundo.
Porque en realidad de verdad ella es la que contrajo el compromiso al levantar la bandera de la Redención en Neptuno, porque el Legislador tenía el deber de Justicia de venir a la Tierra, solo o acompañado, porque en Neptuno había actuado de Juez y había desterrado conforme a la Justicia aquellos 3,500 millones que no quisieron allí someterse a la Ley y escarmentados ya en la Tierra llamaban al Juez para que los absolviera y al pedido de Justicia había de venir, por deber de la misma Justicia, pero la que levantó bandera era también allí la Madre del Juez que era obligado a descender a la Tierra que más que una sociedad de hombres era una jauría hambrienta por sus pasiones, y por voluntad impelida por el Amor y aún más por la afinidad al que en deber tenía que expatriarse para una ruda y secular lucha, llama aquella mujer a sus más afines y sabios Maestros y la siguen sacrificándose por voluntad en aras del Santo Amor de Eloí veintisiete más, y el Juez al ver tal arrojo la da a aquella mujer el honor de la vanguardia y parte delante llamando la atención de toda la cosmogonía, y el Legislador viene escoltado por los 27, cuyo acto y desfile es bendecido con la admiración de todo el Universo, que le prometió su ayuda a la Intrépida Abanderada y esta es María.
¿Para qué contar las proezas y valor de su séquito?; todas las cosas en general se corresponden y con el sabio se reúnen los sabios, con el fuerte los aguerridos y con el Amor los que saben amar, pues las cortes corresponden a las cualidades del Rey. Ya sabéis lo que es María y por ella colegid a sus hijos.
Ahora bien; comprendéis la grandeza, el poder real y positivo y omnipotente de María. ¿¿Cómo la queréis más? ¿Bajo el irracional y absurdo epíteto de Virgen y Madre de Dios, con lo que es deshonrada y vilipendiada, o como Mujer, Esposa y Madre en la Ley única y general de las mujeres, Esposas y Madres?
Si la queréis como Virgen y Madre de Dios sólo podréis oír de su Espíritu estas palabras: “Ved si hay dolor que iguale a mi dolor”, y se lo ocasionáis llamándola Virgen y Madre de Dios, pero si la queréis como Esposa y Madre en la Ley general y única os dirá: “Ved que no hay alegría igual a mi alegría porque soy Madre y los hijos son la alegría de las Madres”.
Como Virgen y Madre de Dios, María no os podría escuchar ni vosotros confidenciarle vuestras cuitas; como Esposa y Madre es como vosotras podéis serle sinceras y con entera confianza, como hijas a madre, podréis confiarle y consultarle todo lo referente a vuestra maternidad, porque de ello es la Maestra y su Amor sólo desea y sólo ansía daros consuelo y consejos, porque sabe que la Madre es el molde de la sociedad, porque es el arca de la vida de las humanidades.
María sin dejar de ser el Jefe de los Misioneros voluntarios, fue la alegre joven, la ejemplar esposa y la recta Madre y siempre como mujer y como Espíritu el Intermediario entre Dios y los hombres, porque su lema es Libertad que ella no perdió y coraza que ya le es congénita, el Amor, que es lo que quiere para todas las Madres, Libertad para matar el libertinaje y Amor para transformar las generaciones, porque escrita está la sentencia: “Y la faz de la Tierra, fue renovada”.
Tiene María a su disposición por toda la Ley Divina el poder todo de los seres de la Tierra porque todos tienen hoy en sí carne de su carne y alma de su alma, porque ella como Eva es el tronco de la Raza Adámica y de él ha salido la savia por sus hijos para refundir toda la humanidad en su familia, por lo que, Racional, Matemática, Fisiológica y Psicológicamente es Madre de todos los seres de la Tierra y nadie puede negarlo ni nadie tampoco quiere negarlo; aún antes lo han de reclamar todos los seres por su estirpe y grandeza, pero esto puede hacerse hoy que es el día de la verdad y el mundo está Juzgado y separados los pocos, muy pocos, que se negaron a reconocer la Justicia de la Ley, por lo que María encarnando a toda la humanidad en poder es plenipotente como Intermediario Condecorado en absoluto plebiscito terráqueo.
Mas este poder es ínfimo, aunque sea muy grande, con ese poder podría poco más que cero, desde que para alcanzar algo tendría que venir el Jefe al mediador y esto es contra toda Ley y Justicia; es el mediador el que ha de acudir al Jefe, para lo que necesita ser reconocido por los ministros o consejeros que rodean al Jefe, para así tener libre acceso, y esto María ya lo traía consigo cuando vino a la vanguardia de los Misioneros voluntarios, lo mismo que un General que organiza un cuerpo de hombres para ir a defender los derechos o dignidad de una Nación, lleva ya toda la autorización y ayuda moral colectiva del pueblo afligido a quien va a defender y las cortes o cámaras del Jefe le dan todo su haber para jugar el todo por el todo, pues su triunfo o su derrota será el triunfo o la derrota de las cámaras, cortes, pueblo y Jefe y en esta circunstancia se ponía la intrépida abanderada que apareció siendo Eva y acabó hasta hoy siendo María y por lo tanto traía el poder de todo el Gobierno del Plano Primero, cuyo Jefe es el Espíritu de Verdad y para la acción mandaba por deber uno de los mismos Consejeros de aquel Gobierno para que Legislase y Juzgase los lechos y con esta potencia completa María su omnipotencia, que la agranda y la embellece con el máximo del Amor de que es capaz su Espíritu en los mundos donde actúa y así es María, no omnímoda pero sí omnipotente en su poder individual como intermediario, blasón ganado en sus luchas con su esfuerzo, llegando por Ley, porque obra por el poder de toda la cosmogonía y los Maestros de ésta están enlazados en la Solidaridad hasta el Centro Vibratorio, donde nace la vida y reside el Creador, único omnímodo en sí, llegando, repito, por esta cadena a ser omnipotente omnímoda como lo es todo Espíritu que obra en la Ley Divina.
Esta es María en la realidad y así era Justicia que la conocierais y os la muestro en mi deber, no sólo de hijo, sino de Juez del Padre, al que el Espíritu de Verdad en justificación de la acción de la familia Misionera, pudo decirle después de celebrado el Juicio de Mayoría: “¡Padre, he aquí a tus hijos que consumieron en breve tiempo la obra de muchos siglos, Bendícelos!... y el Padre admitió al Juez a su presencia y lo auscultó y en él a toda la familia de titanes que habían realizado en 57 siglos la obra de 45 millones de siglos.
Libro: Vida de María
Autor: Joaquín Trincado
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