Conclusiones de este capítulo
- EMEDELACU

- 10 jul 2025
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Las conclusiones que lógicamente se desprenden de la exposición de los tres párrafos anteriores son bien tristes por cierto para la humanidad presente, porque manifiesta queda la imposición de las religiones y la inteligencia de los poderes civiles con esas mismas religiones, que a ellos mismos los reduce a ser pantallas encubridoras de las fechorías y crímenes continuados cometidos contra el pueblo, único a quien persiguen y aplastan unos y otros, en pago de sufragarles todos los derroches y hasta los hombres mismos, para que sean su verdugo sin entrañas.
Se ha cantado y se canta, por todos los beneficiados y por todos los ignorantes, que la religión ha sido necesaria al mundo, y nunca mayor error que tal creencia; pues no han servido más que para la destrucción de los hombres y para encender los odios, crear castas y clases odiosas y razas, despreciables, las unas de las otras.
Si la religión nunca hubiera existido, la fraternidad humana hubiera sido un hecho ha muchos siglos y el progreso humano estaría mucho más alto moral y materialmente y las miserias no se hubieran conocido, porque no hubiera habido divisiones nacionales, y el hombre no sería extranjero en ninguna parte. Se dirá que no hubiera habido estímulo y no se podría haber ascendido en conocimientos hasta donde hoy se conoce, y este es otro error; porque la emulación habría sucedido igualmente y con más intensidad, porque la verdadera autoridad de un pueblo es el hombre más sabio, y esto es bastante emulación para el progreso, que sería incesante, porque los hechos son los que hacen justicia; y como por la sabiduría de otro podría ser sustituido en su autoridad, el sabio dirigente, que aunque esto sería honorífico en justicia, en justicia también sería sobrepuesto al sabio otro más sabio, sin que nadie pudiera quejarse; pero ni aún sabrían de quejas, porque el régimen era de justicia; por otra parte, el espíritu tiene impuesto, por el Padre, el progreso infinito; y conoce y sabe el espíritu que en cada ascensión de mundo a mundo su goce es mayor y se habrían dado prisa en llevar a la tierra, a todo el progreso que ésta puede tener, hasta su perfección relativa.
Los espíritus han traído siempre el progreso; pero como en la tierra reinaba el desconcierto, porque la religión y sus derivados ha sido siempre servida por espíritus materializados y aberrados a la supremacía, han sido aniquilados los hombres de progreso. De ahí la tardanza de la tierra en llegar al principio del progreso que hoy tiene; pero no ha sido hasta que ha habido una pléyade de hombres antirreligiosos; y eso que éstos han tenido que militar en el materialismo para ser menos perseguidos, pero esto era una medida tomada en los consejos de Sion, hasta formar doctrinas y cuernos fuera del fantasma religioso, que apoyara al propio tiempo a los estados y poderes con la ciencia, ya que la religión no podía admitir los principios de la ciencia que la desmiente en sus errores.
Esto estaba conseguido a la mitad del siglo 19; y para el fin de ese siglo, contra la voluntad de la religión, habíamos conseguido hasta el dominio de la electricidad y de los aires; pero la Iglesia se vengó miserablemente y encendió las guerras por odio al progreso y excomulgó a todos los hombres de progreso, y tenéis la confirmación en el “Syllabus” que extracté en mi libro “Buscando a Dios”.
Desde aquella fecha, el progreso en la tierra ha superado en cada diez años, al conquistado en 10 siglos bajo las religiones; pero es que, desde entonces, los espíritus hablan a los hombres, porque ese era el fin que se proponían, porque no podían esperar más, desde que estaba cumplido el plazo señalado a la humanidad terrestre para llegar al progreso.
Por tanto, afirmo. Que las religiones no han sido necesarias en la tierra, como no lo son en ningún mundo, ni existen en mundos superiores, por lo que, todos los profetas, misioneros y mesías del Padre que han venido a la tierra, ninguno (a excepción de Salomón, que más que profeta fue sacerdote y rey y está probado en todos su escritos que habla sólo de destrucción y no se ve en ellos amor, si no es a la caterva de 300 concubinas, además de las mujeres propias), ninguno, repito, de los profetas y mesías, ni Juan ni Jesús, predicaron religión ni templos, sino que predicaron su destrucción y la de los sacerdotes y supremacías; predicaron sólo adoración al Padre y sin palabras, en espíritu y verdad y amar el hombre a sus hermanos, y todos éstos, como a los que les han seguido, los aniquilaron; pero no han podido aniquilar las doctrinas que traían, contenidas ya en el testamento de Abraham; y por innecesaria la religión pequeña, se ha decretado, por el Padre, su destrucción, la implantación del espiritismo, única congregación universal que no es religión, sino adoración en comunidad y solidaridad de todas la humanidades del infinito y donde no hay más ritos que el recogimiento del hombre dentro de sí mismo; ni más culto que la sabiduría, el progreso y el amor fraternal y universal que desde hoy se establece, quedando derogados cuantos ídolos con el nombre de Dioses, se le han enseñado erróneamente a la humanidad.
Que los poderes y los estados; las naciones o imperios que han sido creados por las discordias de las religiones y que tienen carta constitucional, reconociendo derechos al estado religioso, o que sin reconocerlos en la constitución tienen concordatos y alianzas en detrimento de la libertad de pensamiento, o amparen con sus fuerzas los templos y cultos permitiendo la confesión y demás sacramentos, se hacen reos con la misma religión; y ante la universalidad infinita de que forma parte la tierra, no son reconocidos y quedan en la misma situación que la religión; pero pueden revalidarse bajo un plebiscito fraternal, única forma de gobierno admitido hasta la implantación de la Comuna Universal de Amor y Ley.
Que los ejércitos, las armadas de guerra, el solo hecho de poseerlos una nación, así como toda otra prevención que dificulte el libre cambio comercial, intelectual y moral, se considera hecho criminal. La guerra es un asesinato premeditado en cuyo delito incurre desde el primer magistrado hasta el último individuo de la nación que tenga uso de razón y cometen el delito de perpetración del crimen y el robo, mientras están al servicio de esas instituciones; porque no hay más ley que la voluntad del plebiscito, que será sabio o criminal, de odio o de amor, según haya sido educado y tratado el pueblo, de lo que son responsables los gobiernos y los tribunales de justicia civil, criminal y militar, porque son la amenaza continua al cambio de ideas, al libre examen, a la libre discusión y a la vida de los individuos; y todo esto es contrario a la Ley de Amor del Padre, al progreso y la inflexible y santa ley del trabajo, que fue impuesta a todo morador de la tierra, hasta su perfección; en cuyo momento, la misión de los hombres en la tierra ha terminado, pasando en comunidad todos los espíritus ya en luz y sabiduría a mundo mejor, para un nuevo progreso, hasta el infinito.
Ahora bien, gobiernos; vuestro impositor religión, queda desmentido y sentado que no es necesario ni nunca lo fue; sois, pues, cómplices con ella y habéis cometido toda clase de atropellos contra el pueblo y contra el Dios verdadero y único de amor. ¿Qué haréis? La resistencia por conservar la supremacía es inútil; si no cedéis a la Ley de Amor, cederéis a la de justicia implacable y veréis, de todos modos, esfumarse vuestros dominios en el curso del paso de tres generaciones, o mucho antes si provocáis a la justicia, porque entonces veréis con horror hundirse parte de los continentes en el fondo de las aguas.
La sentencia se dio; el juicio final de la humanidad terrestre se celebró y todos estamos sentenciados y se os dice para que no aleguéis ignorancia y os salvéis en el plazo perentorio de vuestra existencia, acatando este Código y dando principio a su ejecución, único modo de no ser vuestros espíritus expulsados de la tierra y poder volver luego a trabajar en la comunidad; en amor os lo dice el Juez y lo escribe, para atestiguar al Padre que os lo dijo y que cumplió su deber. Cumplid vosotros.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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