Comprobaciones por sus hechos
- EMEDELACU

- 3 jul 2025
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Todas las religiones llamadas positivas tienen una página negra y de sangre, ocasionada por la concupiscencia y supremacía. Todas han tenido y tienen en sus códigos, pero sólo en letra, el principio salvador del alma humana; pero esto sólo para aprovecharlo como defensa de la supremacía de los sacerdotes, que en todas las religiones se han llamado ministros de Dios; cosa que el Padre no ha concedido a nadie, porque él no tiene hijos privilegiados.
En todas las religiones vemos que el objeto de sus ministros ha sido y es el dominio de los demás; librarse ellos del trabajo y rebajar a la mujer quitándole todo derecho, no dejándole más que el de ser madre, y esto con desprecio, convirtiéndola así en bestia destinada al placer.
En todas las religiones fue y es su arma principal la ignorancia de la mujer y el error de los hombres, haciéndolos partícipes los sacerdotes del falso conocimiento de la inferioridad de la mujer; la que, para conseguir algo de sus tiranos, tenían y tienen que humillarse presentando al mismo tiempo sus encantos y sus hijos, e invocando el nombre de Señor; esto siendo joven y bella, que no teniendo grandes atractivos y siendo ya, no digo vieja, sino en la edad madura, ésta debe recluirse al olvido, al encierro dentro de sí misma; al no ser.
En todas las religiones fue y es el acaparamiento de las riquezas, sin producirlas, su móvil y su fin, porque con ellas se imponían a los reyes y se mutilaban unas a otras religiones, porque, una vez fanatizado al hombre, se acometieron como fieras y se destruían, llevando sus riquezas y siempre un botín de esclavas mujeres jóvenes y hombres robustos; viejos y niños de ambos sexos, cuando no eran pasados a cuchillo, eran abandonados a la mayor miseria, que aún por dichosos se podían tener los sacrificados, que acababan sus sufrimientos en un momento de horror.
Todo esto debió acabar en el tiempo que fue dictada la ley a Moisés, en que el Padre ya tomó parte descubierta hasta por letras en las cosas de sus hijos, que habían prometido reconocerlo y confesarlo al tomar posesión de la tierra; pero que no habían cumplido porque encontraron goce en la carne de la cual habían hecho un dios, que también les hubiera llevado al verdadero Dios, a no haber habido sacerdotes que sembraran odio entre unas y otras religiones y entre la mujer y el hombre.
Pero el Padre, por sus hijos de progreso, ha ido refundiendo todas las religiones y fusionándolas en el menor número posible, no existiendo en la actualidad más que dos que tengan preponderancia, que son el budismo y el cristianismo; porque, aunque hay otras muchas; son racimos de las mismas uvas y bajo diferentes formas obran igual.
Más de estas dos, el budismo tiene el principio sano que trajo Adán y escribió Shet; pero envuelto en la barbarie primitiva por los sacerdotes, que llevan sus cultos a lo más grotesco e irracional; el cristianismo tiene aquel mismo principio bajo la ley escrita por Moisés; pero con todas las leyes de sacerdotes y reyes de aquel período que la anulan por completo, lleva también, pero del todo corrompidas, las manifestaciones de Jesús, envolviéndolas en dogmas y misterios alrededor del Cristo, que Jesús venía a derribar y derribó moralmente, hasta que lo resucitaron los sacerdotes en el siglo IV de esta era apócrifa, con el engaño a todas las demás religiones que facilitaron sus textos y aun firmaron la alianza, en un deseo inspirado por los espíritus de progreso, de unificar todas en una sola doctrina, en la base de la de Jesús, que se conocía en conjunto en toda la tierra, hasta en la del budismo en la India, donde la llevó Tomás.
La religión, ya católica desde principios del siglo IV, aprovechó unos y otros principios y no cumplió su compromiso haciendo un código de unión, sino que se abrogó toda la supremacía, haciendo un código de artículos de fe ciega. Y las religiones que esperaban el código de unión, recibieron legiones de soldados que les llevaron guerras con el nombre de cruzadas y aún no han acabado aquellas luchas en el presente. Por lo que la dominación de la Iglesia católico-cristiana es la única responsable de todos los males que afligen y han afligido a la humanidad toda de la tierra desde el año 13 del siglo IV que se inició la alianza, firmándose en Constantinopla el año 325 después de Jesús.
Desde aquella fecha, aparte de las innumerables guerras que esta despótica Iglesia, en nombre de un símbolo apócrifo y vergonzoso como es el Cristo, llevó a todas partes, levantó patíbulos y encendió hogueras que eran alimentadas por cuerpos humanos, cuya horripilante historia es el baldón de la humanidad, que anestesiada por el veneno del error de los pontífices, presenciaba impasible esas escenas, llegando a acusarse padres a hijos, esposos a esposas y hermanos a hermanas; y para llegar a este extremo, inventó la bajeza mayor que se puede imaginar, que es la confesión auricular, dicen que secreta, pero no lo es, con la que está en posesión hasta de los pensamientos íntimos del esposo, que la esclavizada mujer dirá al sacerdote, porque a ésta no se le ha dado más instrucción que el terror del infierno, que no existe más que el que ellos crean en las conciencias que al fin estallan en el odio, la venganza, el crimen y todos los vicios que los sacerdotes enseñan y fomentan practicándolos ellos, como demostré en el capítulo “El celibato”, de este Código, y en el estudio de las religiones del libro “Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor” y confirmado en las manifestaciones de los espíritus en la “Filosofía Universal”. Lo que prueba que las religiones son la causa del desconcierto universal; pero que la católica cristiana es responsable como entre todos, por lo que no puede existir un momento más, según el decreto del Padre dado en los Consejos de Sion; y con la desaparición de ésta, desaparecen las demás, que viven sólo por antagonismo, y porque son sostenidas por los espíritus de amor, para evitar la mayor degradación que llevaría a sus dominios la religión cristiana, sirviéndole así de freno a sus concupiscencias.
Por tanto, es obra de amor y necesaria a la proclamación del amor, ley del Padre, la anulación de todas las religiones, porque todas han prevaricado del principio santo del amor, único significado de la ley del Sinaí, la que manda adorar a Dios como lo predicó Jesús, en espíritu y verdad; y a los hombres como hermanos que somos por el Padre común; cuya bandera enarbola el espiritismo, en el que se adora al Padre en el templo infinito del universo, desde el altar del corazón, teniendo como único sacerdote la conciencia, que no puede prevaricar; siendo, toda la doctrina, una sola palabra: Amor; todos sus ritos: Amor; y todo su culto: el Amor.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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