Características de los mundos; En la casa de mi padre hay muchas moradas", dijo Jesús
- EMEDELACU

- 3 jul 2025
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“Los mundos son infinitos y el hombre ha de vivir en todos los que hoy existen, pero la creación sigue y no se acaba”, dice el testamento de Abraham.
En este párrafo he de enumerar nada más que seis clases de mundos, como codificación; la descripción también será muy sucinta, porque la di en el libro “Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor”; en el curso de la filosofía universal se encuentran comunicaciones de mundos superiores a la tierra; los menores a ésta o más retrasados no pueden, si no es por intermedio de otros espíritus comunicarse; y los espíritus de la tierra se comunican con los inferiores inmediatos por mandato de la Ley de Amor, lo que podéis comprobar con la “Divina Comedia” del Dante, porque es un prefacio a la obra que se realiza en estos momentos; el Dante fue un misionero que vino a descubrir aquel secreto, y allí podéis ver las descripciones, que son realidad, de lo que sufre o goza el espíritu según su estado de conciencia y progreso.
Yo solo voy a decir las características de los mundos, para saber cómo llegamos al grado que hoy tenemos en la tierra y el momento de pasar a mundo mejor.
La creación de los mundos es igual para todos, empezando en el estado gaseoso, pasando al líquido y de éste al sólido, en el que cumplen su misión. Cuando han cumplido su misión se disgregan, uniéndose sus partículas a otros mundos en formación, pero ascendiendo en progreso y perfección; y esto, os dirá la justicia de la ley, que aún la materia que creemos inerte va al progreso; su vida también está en relación con su magnitud (es decir, la materia vive siempre, pero digo vida en la unidad de que sus partículas está compuesto un mundo), y así cuanto mayor es el globo de un mundo, tanta más materia tiene, y, por tanto, tanta más vida tiene que dar y tanto más tarda en llegar a su perfección, que se marca cuando en ese mundo, sus habitantes, nada más pueden progresar, y su fin es llegado; pierde su órbita y se disgrega, siendo atraídas sus partículas por mundos en formación, de más progreso; esta es la ley de la formación de los mundos y creación continuada de los mismos. No es esto una teoría ni una hipótesis, sino un axioma que el espíritu sabio lo sabe y lo comprende y vine yo a afirmarlo en nombre del padre Creador, cuando es la hora del Juicio de Mayoría y nuestro mundo entra en la solidaridad de los mundos de progreso.
Ahora bien; cada mundo es creado para un humanidad y obedece a la ley de los afines; los espíritus embrionarios, o sea los que aún no han encarnado nunca, y que son inocentes, sencillos e ignorantes en la maldad, son lanzados a la lucha; pero, en ese estado, no tienen conciencia y toman carne en un mundo, que por lo mismo llamamos embrionario; aquí el espíritu, diríamos que no tiene más fin que tomar forma humana; si pudiéramos llevar allí uno de los que nosotros llamamos hotentote, sería lo que aquí en la tierra la mayor lumbrera al lado de él: en esos mundos, el espíritu toma humanidad y llega al instinto de que vive, de que es algo que se mueve; allí la ley lo mueve y no puede tener luchas, ni hay nada que le sea hostil; pero no podría llegar a más, y cuando todos han llegado a ese instinto, emigran a donde la ley les lleva en comunidad.
Mundos de prueba: después de la emigración del espíritu, de mundo embrionario, donde adquirió el instinto de que vive en un cuerpo, entran en posesión de otro mundo de prueba, donde ya, como sabe que vive, allí, al fin de travesuras como niño inexperto, llega a encontrar sus afecciones y su instinto se convierte en deseo y lo hace luchar consigo mismo y le lleva a sentir los goces y los dolores, pero sin conciencia de las cosas que hace; en estos mundos, ya los elementos se les muestran para llamarles a la conciencia del Creador; cuando todos alcanzaron esa conciencia, aquel mundo no tiene más que dar para ellos; por la ley, emigran en comunidad: ellos no saben el tiempo que transcurrió, pero han pasado muchos millones de siglos y ya, aquellas almas, llevan el archivo de los dos mundos por los que han pasado y la esencia de la materia de los dos.
Mundos primitivos. Ya están aquellos espíritus, que lo son, aunque analíticamente no los encontremos, porque van envueltos en la rudeza de la materia de los mundos que han vivido; pero ya hacen conciencia de que son seres y que hay por encima de ellos algo mayor; lo que no saben es si es bello u horroroso; pero ellos vieron las trombas que los barrió, las tempestades que los horrorizó y una luz, débil, negruzca, que les permitió ver formas y nada más. Pero que como él se creía ser y no tenía conciencia de que a dos pasos podía haber un vecino y a aquél le sucedía igual, es decir, que cada uno era solo, habían luchado luchas de perros y se habían matado; pero allí no habían tenido más misión que la de hacer conciencia de que eran seres y que algo había por encima de ellos y fueron, diremos, trasplantados a los mundos primitivos, donde ya deben reconocer al Creador.
Estos son los descriptos por el Dante; en ellos aún no llega el ser a poderse llamar hombre, pero allí la lucha es titánica; el poder del Creador lo muestran los elementos; siempre huracanados vientos barren sus continentes en envolventes trombas de arena candente, que les obliga a vivir largos períodos de tiempo sumergidos en los ríos, aún humeantes; porque el bosque es horrible y se lo disputa la tremenda fiera; el derecho es de la fuerza bruta, y el volcán los aterra y sus humos azufrados y la atmósfera que han de respirar les va dando sentimientos.
Por fin, en siglos, ya conquistan el bosque, y aunque luchando con las fieras y viendo de continuo las lenguas del volcán, oyen la voz de su espíritu que les dice: “contra el Creador nada podemos”; y reconocen que aquella potencia que les domina tiene algo mejor y los llaman; ya reconocen al Creador; aquel mundo nada más puede darles, pero están rendidos y con una carga tremenda; una deuda muy grande; se han matado, se han comido, pero conocen que son, pero que de alguien dependen, y éste es el primer destello del espíritu; no son todos iguales en progreso, pero sí en el reconocimiento de la causa y, a su pedido de clemencia son sacados en nueva emigración y hay un descanso, para en él rememorar lo pasado y hacer propósitos.
Mundos de transición. No corresponde el nombre de mundos, porque en realidad no lo son, desde que no son mundos habitados por humanidades; son éstos los satélites de los mundos de expiación, que deben ocupar luego humanamente; allí rememoran sus luchas, se fortalecen con la visita de espíritus de progreso de otros mundos de expiación, semejante al que han de ocupar y se les instruye en el trabajo; los medios que han de emplear; y la ley de los afines prepara las cosas para tomar materia y los distribuye y aparecen en las bolsitas, quedando otros, que la Ley de Justicia señala, para que luego encarnen y formen el propósito de amarse mutuamente y entran en posesión del mundo de expiación.
Mundos de expiación. Ya estamos en nuestro mundo, el que debéis conocer como la propia casa que habitáis; nada hay en él ajeno a ninguno de sus moradores; y en él, como en todos los mundos de su categoría, que en mi libro “Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor” extracté uno, que he estudiado y que se llama “Gomelia”, es bastante para ver su similitud.
En estos mundos, el espíritu, después de las tres tremendas luchas, en los tres mundos anteriores, en los que llegaron a la conciencia de que son, pero que sobre ellos había algo mayor, tienen que pagarse mutuamente las deudas entre sí; apagar los odios; reconocerse hijos del mismo Creador; confesar a éste y proclamarlo como tal y amarse mutuamente, y así hacerse aptos para el estudio de la naturaleza, lo que supone el primer grado de progreso espiritual (o sea dicho para nuestra compresión), llegar al bachillerato para estudiar las grandezas del universo, y sólo se puede conseguir por el amor puro y mutuo; y esto se consigue por la verdadera igualdad, en la más amplia libertad de acción, en la más estricta Comuna de Amor y Ley.
Pero el espíritu lleva, en su envoltura alma, gérmenes indómitos y vivos de los otros mundos y el trabajo consiste en depurarse de toda aquella materia anterior, que no es ni puede ser sino a fin de muchas luchas y pruebas, en las que debe dejar un hábito anterior; mas como entra en la materia otra vez, sí más purificada que la de los mundos anteriores pero que al fin es materia y el espíritu aún no es sabio y no tiene más que sentidos materiales, y la materia le brinda con goces que antes no sintió porque no tenía sentidos; más que el instinto que lo llevaba a la procreación, en muchos casos, sin más ambición que la de crear un bocado sabroso para devorarlo en un festín; al sentir el goce de la materia, ahora que ya empieza a sentir, corre en busca de la hembra, a la par que le hablan ya por dentro; él lo siente en su conciencia; pero como están en su alma los instintos criminales de los anteriores mundos y aún no conoce al Creador ni vio derechos ni obligaciones, se entrega a la materia y el goce es su primer Dios; hizo mal, pero sólo tiene un pequeño remordimiento pero que ya le es un freno y no llega a la crueldad de los anteriores mundos.
Lo atacan algunas enfermedades, la tempestad le horroriza y huye despavorido; es que esto le recuerda en su espíritu los horrores del anterior mundo; y oye voces en su interior y oye llorar a la hembra y al infante, y, por fin, cuando vuelve al espacio, ve su error y vuelve otra vez a una nueva lucha; ya no cometerá aquellas faltas; pero, ¡Ay! ¡Tiene un archivo tan grande de errores que quitar! ¡Tiene tanto que aprender para conocer la causa!... Pero, ahora conoce que está en él el medio y que tiene libertad para tomar los medios y las medidas y sabe que en el espacio lo acompañó un ser que le llamó hermano; que le dijo: llámame, y hasta le dio un nombre; ya esta vez luchó con más conocimiento; ideó algo que en su interior sentía, pero él no palpaba más que la materia, e hizo de la materia un símbolo; de ésta resultó una religión, porque él presentía lo que en el espacio presintió. El necesitaba un desahogo a sus impaciencias, a sus incertidumbres, y aquello, más tarde, le dio también un desengaño; era obra de sus manos y lo que él presentía no lo podía hacer y adoró al sol, los astros, la luz y el fuego, y todo esto le obligaba a aprender cada vez más, hasta llegar a la ciencia.
Aún está el hombre en estado primitivo; pero ha tirado ya la mayor parte de su lastre antiguo; lo que no ha podido tirar es el dominio de la materia, y no lo puede tirar porque ésta le da el goce máximo que experimenta, y porque en la ley no está el tirar a la materia, sino dominarla, vivir en ella dignificándola, haciéndola progresar, pero emancipado de ella en el espíritu; más su ignorancia aún no le permite tener el valor de relegar a la materia el puesto secundario que en la ley suprema se le designa; es la más tremenda lucha; son dos potencias supremas, y el espíritu tiene su fuerza en la sabiduría y en el amor. La materia tiene la fuerza bruta y el placer y el hombre ve que de la materia salen otros semejantes y el espíritu es rendido muchas veces, hasta que es suficiente sabio y ama la verdad y por el amor y la sabiduría vence a la materia y forman la unidad hoy unos pocos, mañana otros y luego otros, hasta que los que aman y los sabios están en mayoría y es llegado el momento que el Padre señala la última etapa, con un juicio, en el que hay premiados, diremos, y no premiados, pero que ninguno es desheredado; son separados los bachilleres de los malos estudiantes, pero son avisados los moradores con muchos siglos de anticipación por los mismos espíritus del mismo mundo que se elevaron al bachillerato los primeros, y se convierten en misioneros enseñados por los misioneros Maestros que el amor y la justicia les mandó.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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