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Joaquín Trincado

Bernardo O´Higgins

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 29 abr
  • 14 Min. de lectura

BERNARDO O'HIGGINS héroe de la independencia chilena, vió la luz el día 20 de agosto de 1776, en la ciudad de Chillán, ciudad que luego del terremoto catastrófico del 20 de febrero de 1835 fué reedificada un tanto desplazada de su primitiva ubicación, pero al repoblarse también ésta, llegó a constituir un barrio con el nombre de Chillán Viejo.


Bernardo, descendía por parte paterna de europeos llegados al país en busca de horizontes más amplios y por la materna, de la raza americana fundida con la sangre hispana tal como lo establecían los reales decretos iberos en contradicción con otras naciones poseedoras de colonias en esta parte del Nuevo Mundo, pues notorias son las precauciones tomadas por algunos gobiernos que ordenaron el envío de mujeres para evitar que sus súbditos mezclaran su sangre con la población natural, para así mantener siempre latente un concepto de mayor “dignidad” de los europeos sobre los americanos. Y si la acción colonizadora española no estuvo tampoco exenta del mismo mal, constituyó ello una desobediencia personal de los tantos déspotas que alcanzaron encasillarse en la península misma, o de aventureros sin escrúpulos que por desgracia tanto abundaron en estas tierras: crisol donde habían de fundirse todas las razas, tema tan perseguido por todos los detractores de la verdad.


Es que el partidismo es el enemigo más declarado de la razón y los grandes hombres que cimentaron las libertades de América, todos sin distinción demostraron no reconocerlo más que en la apariencia, desde que de otro modo era imposible sujetar los pueblos oprimidos y faltos de la cultura, que amargados por los oprobios que pudieron iluminar ante sus conciencias el significado de ese mandato interno que se movía de sus almas adentro y les señalaba el sol naciente como emblema de libertad que sólo a fuerza de grandes sacrificios y desengaños podía llegar a ser el crisol de todas las virtudes, verdadera ancla de la Justicia Universal.


El padre de Bernardo, Ambrosio O´Higgins era natural de la provincia irlandesa de Leinster, en un pueblito labriego del condado de Meath, uno de los doce en que se subdivide la mencionada provincia. Aunque su familia era de origen humilde, no le faltaban miembros acaudalados por haber tomado los hábitos del sacerdocio, y así fué que, habiendo Ambrosio por su carácter emprendedor, captado la simpatía de un tío suyo que pertenecía a la Compañía de Jesús, resolvió éste, hacerse cargo de la educación de su sobrino, llevándolo a España, a la ciudad sevillana de Cádiz, donde no tardó en trabar relaciones con personas prominentes y que indudablemente influyeron en sus triunfos posteriores.


Iniciado en el comercio, embarcose para Buenos Aires y de allí para Lima. Después de haber colocado ventajosamente las mercaderías que llevaba, dirigióse a Santiago de la Nueva Extremadura (la hoy Santiago de Chile), desde donde trató de establecer una ruta comercial entre esta ciudad y la región de Cuyo que en aquel entonces (hasta 1776) perteneció a la Capitanía General de Chile.


Siendo ya una personalidad, capitaneó un cuerpo del ejército en la acción contra una de las sublevaciones de los indios araucanos, aventura que le valió ser ascendido a coronel.


En este empleo se hallaba con ya cincuenta y cinco años a su espalda, entabló relaciones con Isabel Riquelme que contaba sólo quince años de edad. La familia de esta jovencita no era de la clase acaudalada aunque sí muy considerada por su honradez y ascendencia, pues según se asegura descendía de los primeros pobladores que a las órdenes de Pedro de Valdivia (1541) fundamentaron el comienzo de la industria de estas tierras con la explotación de algunas minas de oro y de cobre.


Los padres de Isabel, Simón Riquelme y Manuela Meza, se opusieron desde luego a la realización de una unión tan desproporcionada. Pero la niña por uno de esos imperativos del espíritu que llaman misterio o extravagancia, contra toda oposición se impuso para cumplir la misión que traía de dar vida al propulsor de la independencia de uno de los pueblos más señalados del Nuevo Mundo.


Los historiadores difieren en su relato, pues unos dicen que Isabel Riquelme casó con el padre de su hijo y otros aseguran que éste fué fruto de una unión ilegal; sea como fuere, el niño fue reconocido por su padre que acababa de ser ascendido a generar una brigada; era de carácter un tanto despótico aunque no exento de sinceridad, hecho de que da fe la popularidad que adquirió entre sus contemporáneos. Tal vez fué su intención de repetir en su pequeño vástago la ruda educación que él mismo había tenido en su juventud y a la que atribuía sus éxitos como hombre en una sociedad donde triunfaba el más fuerte; la cuestión es que a los pocos meses sustrajo a su hijo a los cuidados maternales para confiarle a su amigo íntimo, el hacendado Juan Albano que vivía en las inmediaciones de Talca y en cuya compañía recorrió las selvas de Maule, llegando hasta más allá del río Bío-Bío que marcaba el límite entre la Capitanía General y el país de los araucanos y dentro de cuyos límites había organizado su padre un convento de misioneros para que en su aula se educaran los caciques araucanos, cuya altivez indomable dió tanto que hacer a las autoridades españolas primero y a las chilenas después. Y gracias a esta difusión lenta y progresiva pudo el gobierno chileno, en la segunda mitad del siglo XIX poner fin a las dificultades que acarreaba la independencia del territorio araucano – reconocida por España en 1773 – atrayendo pacíficamente a los araucanos hasta hacerles reconocer definitivamente la soberanía chilena luego del alboroto que originó un aventurero francés, un tal De Tounens, quien titulándose príncipe araucano primero y rey después, bajo el nombre de Orelio Antonio I, intentó convertir a ese país en un protectorado francés, (1861-62).


Así creció y vivió Bernardo O´Higgins hasta que en el año 1786 fundara el misionero evangélico Francisco Javier Ramírez de Chillán, el Colegio de Propaganda Fide y dentro del mismo una sección para niños de familias nobles, resolviendo entonces Ambrosio, quien ese mismo año había sido nombrado intendente de Concepción, cargo de suma importancia por aquel entonces, que su hijo regresara a su ciudad natal, donde tuvo por maestro en la citada escuela al fraile franciscano Gil Calvo; se atribuye mucha importancia al hecho de ser el mencionado fraile quien se ocupara de la educación del joven Bernardo ya que Gil Calvo alcanzó a ser toda una eminencia dentro de la iglesia católica, porque no sólo fué en 1802 superior del colegio fundado por Ramírez, sino que dos años más tarde (1804) fué nombrado comisario del Tribunal de la Inquisición.


Cuando en 1789 fue Ambrosio elevado a la nobleza con el título de marqués, coincidente con su ascensión a general de división y el empleo de Capitán General de Chile, resolvió que su vástago se inscribiera en el Colegio del Príncipe de Lima, donde estuvo hasta 1795, en que su progenitor dispuso que completara sus estudios en Inglaterra, dirigiéndose con tal motivo rumbo a Londres, recomendado a unos relojeros judíos que integraban la razón social de Spencer y Perkins, no sin antes haber hecho escala en Cádiz para visitar a Nicolás de la Cruz conde de Maule, íntimo amigo de su padre y a quien había sido confiada la tutoría.


Llegado a Londres, enviáronle a la pequeña ciudad de Richmond.


En esta Ciudad ingresó O'Higgins en una modesta pensión y aún cuando sólo a partir de Octubre de 1798 tenemos relación directa de él por comenzar en esa fecha a copiar sus cartas y hacer anotaciones en un cuaderno que se conserva, se sabe que tuvo allí buenos profesores, haciendo grandes progresos en inglés, francés, geografía, historia, música y dibujo, como así también que se adiestró en el manejo de las armas.


Pero no solo era esta cultura, sino que se templaba su espíritu para la lucha futura que sostendría por la libertad de su patria con otros hombres abnegados. Hacían falta cimientos firmes que convirtiesen al pensador en un luchador inconmovible. Por ello, frente al más completo abandono por parte de su padre que mientras tanto había ascendido a virrey del Perú, destacándose las relaciones que entabló reservadamente con el héroe venezolano Francisco Miranda, el hombre que anteriormente ya había luchado al lado de Jorge Washington en apoyo de los ideales libertarios que independizaron las trece colonias inglesas de Norte América y que corrió en apoyo de la revolución francesa, en cuyas vacilantes venganzas y confusiones trató de afirmar la mayor rectitud posible en beneficio de la justicia humana. 


Miraba se hallaba por aquel entonces en la capital británica fin de aunar fuerzas para iniciar una campaña en Hispano América, donde ya tantos vanguardistas venían luchando para acumular medios que en un día habían de servir para sostén de la magna empresa que implantaría la libertad de América y desde ella en el mundo entero, y contra cuya causa luchaban y lucharían a su vez tantos déspotas con el apoyo de grandes masas inconstantes por detener todo avance justiciero.


La amistad entre Miranda y O'Higgins se ha hecho célebre en la historia, no solo por la influencia que puede haber ejercido sobre la futura acción del joven chileno, sino porque señala que los grandes prohombres de América no eran descontentos y sí convictos de que la vida tiene un fin que no surge del acaso sino de un pensamiento universal, del cual en la Tierra nuestra humanidad es su brazo ejecutor y contra el que se agitan cuantos no han sabido estudiar las pasiones ni el origen de ellas para convertirlas en fantasmas,  alimentadas con todo cuanto se gloría contra el bien, la virtud, la dignidad y la moral humana.


Con la mayor precaución acudió el hijo del virrey a esas entrevistas y cuando finalmente el conde de Maule respondió a los prolongados y angustiosos llamados de su tutelado, quien se había visto desamparado por parte de los judíos encargados de su educación, le envió finalmente los medios para dirigirse a Cádiz, dispidióle Miranda con estas palabras: La juventud es la edad de los ardientes y generosos sentimientos.Entre los jóvenes de vuestra edad encontraréis fácilmente muchos, prontos a escuchar y fáciles de convencerse. Pero por otra parte, la juventud es también la época de la indiscreción y de los actos temerarios, así es que así es que debéis temer estos defectos en los jóvenes, tanto como la timidez y las preocupaciones en los viejos. No permitáis que jamás se apodere de vuestro ánimo ni el disgusto ni la desesperación, pues si alguna vez dais entrada a estos sentimientos, os pondréis en la impotencia de servir a vuestra patria. Al contrario, fortaleced vuestro espíritu con la convicción de que no pasará un sólo día, desde que volváis a vuestro país, sin que ocurran sucesos que os llenen de descollantes ideas sobre la dignidad y el juicio de los hombres, aumentándole el abatimiento con la dificultad aparente de poner remedio  a aquellos males. He tratado siempre de incumbiros principalmente al principio de nuestras conversaciones, y es uno de aquellos objetos que yo desearía recordaras no solo todos los días, sino en cada una de sus horas. ¡Amáis a vuestra patria! Acariciad ese sentimiento constantemente, fortificadlo por todos los medios posibles, porque solo a su duración y a su energía, deberéis hacer el bien. Los obstáculos para servir en vuestro país son tan numerosos, tan formidables, que llegaré a decir, que solo el más ardiente amor por vuestra patria podrá sostenernos en vuestros esfuerzos por su felicidad.


Una vez en Cádiz, y viviendo con su antiguo apoderado, mientras hacía los preparativos  para el regreso a su patria, entabló estrecha amistad con dos abogados hispano-americanos, los canónigos José Cortés Madariaga, chileno y Juan Pablo Fretes, paraguayo, tribunos populares ambos, defensores de la causa de la libertad americana. Así, las enseñanzas de Miranda en Londres, fueron continuadas en Cádiz por la tertulia de la casa del conde de Maule, y que acabaron de moldear al joven O´Higgins.


Si a consecuencia de la guerra con Inglaterra que en 1796 declaró el rey Carlos V de España, presionado por su disoluta esposa María Luisa y el orgulloso favorito Manuel Godoy, hubo O´Higgins de agradecer mucho de sus contratiempos hasta su arribo a Cádiz, (Diciembre de 1799) mayores sinsabores acarrearía sus intentos por llegar de regreso a su patria.


Se embarcó en la fragata “Confianza” (3 de abril de 1800) que se disponía a burlar el bloqueo británico, pero tuvo tan mala suerte que apenas tres días de navegación cayó la nave en poder de los buques de guerra ingleses que se habían lanzado en su persecución. Como era en tiempo de guerra, fué tomada presa considerada botín de guerra, a lo que no escapó tampoco el joven O´Higgins quien con el barco fué conducido a la colonia inglesa de Gibraltar, donde hubo de dejar cuanto poseía en poder de los vencedores y aún sentirse muy feliz de poder marchar nada más que con la ropa que llevaba puesta y sin un céntimo en el bolsillo. a pié recorrió no menos de 25 kilómetros que separaban a Gibraltar de Algeciras, ya que la bahía de Algeciras obliga a dar un gran rodeo. Medio muerto de hambre y de cansancio llegó a esta ciudad y por suerte halló quien le facilitara algún dinero, pudiendo así embarcar para Cádiz. LLegado nuevamente a casa de su antiguo protector fué recogido poco menos que de limosna; habíase llegado a saber de las relaciones secretas de O´Higgins con Miranda, circunstancia que supieron aprovechar los enemigos del virrey para que este apareciera sospechoso ante las autoridades de Madrid y fuera destituido, con la orden de que se presentara ante la Corte para dar cuenta de su conducta. El virrey cuyo proceder había sido honrado y hábil, estalló en tal grado de indignación que llegó a manifestar públicamente que desconocía la paternidad de su hijo y así lo hizo saber en su casa. El ex virrey no pudo resistir el golpe tan rudo contra su dignidad y proceder, falleciendo a los pocos meses mientras se hallaba aún en Lima (18 de marzo de 1801). Quizá consideró a último momento su actitud asumida para con su hijo, pues en los últimos días de su vida declaró a su hijo unigénito aunque bajo el apellido materno, con derecho a participar de su herencia, aunque había además una hija, llamada Rosa O´Higgins, que se ha destacado por el cariño que siempre prodigó a su hermano mayor.


El joven Bernardo mientras tanto, había de hacer frente en Cádiz a la crítica situación creada, ya que su estado de pobreza llegó a tal punto que ni ropas le quedaban para presentarse en público. ¡Y esto hallándose en la casa de uno de los Grandes de España!.


Se declaró una epidemia de vómito negro causando extrañeza que el desconsiderado conde le llevara consigo a San Lucar de Barrameda. Pero como si O´Higgins no quisiera que la salvación de su vida pareciera como fruto de una limosna, al ser atacado del terrible mal y estando ya en el último estado, suministróse él mismo la quinina, a lo que debió su salvación.


Finalmente a mediados de 1802 pudo embarcar definitivamente, llegando a su patria a fines del mismo año después que la nave estuvo a punto de naufragar durante una horrorosa tormenta sobre los escollos que rodean a las numerosas islas fueguinas de las inmediaciones del famoso Cabo de Hornos. Tardó luego alrededor de un año en salvar las dificultades que se oponían a la posesión de la herencia paterna, pues hubo de comprobar su origen; así fué que en Julio de 1803  le fue entregada la riquísima hacienda de San José de las Canteras, situada en el distrito de Laja, famosa por sus famosas cataratas. Alcanzó el derecho de poder usar el apellido paterno, más no de adjudicarse los títulos que ostentaba su padre.


Francisco Miranda mientras tanto, había hecho profesión pública de sus ideas dirigiéndose a Estados Unidos en procura de elementos con qué iniciar la acción libertadora en la Capitanía General de Venezuela. O´Higgins, viendo su situación distinta y aún cuando a su vez había vuelto a entablar relaciones secretas con varios de sus amigos de Cádiz y algunos otros prohombres que gestaban la libertad en el virreinato del Río de la Plata, creyó prudente dejar pasar algún tiempo, aumentando mientras tanto su prestigio entre el pueblo de tendencia liberal. Así, antes de 1805 fue nombrado Intendente de Concepción y valiéndose del cariño con que el pueblo recordaba la actuación política de su padre, ya que muchos le debían grandes favores, comenzó a atraer a los paisanos a su hacienda para formar con ellos un cuerpo armado del cual él mismo fué nombrado capitán, cuerpo con el cual se hizo popular durante estos últimos tiempos de la época colonial ya que constituía una garantía contra la rebeldía de los indios araucanos que amenazaban cruzar la frontera que les había sido señalada desde 1773 por el gobierno de España.


Cuando se enteraron de la ocupación de Buenos Aires por el general Guillermo Beresford, la reconquista de la plaza de los improvisados ejércitos nativos y la huída del virrey Sobremonte; la tendencia de libertad en las Provincias del Río de la Plata, O´Higgins creyó llegado el momento de su actuación tratando así de apoderarse de las armas de la guarnición española que se encontraba en la ciudad de Los Ángeles a orillas del Bío-Bío.


El 4 de septiembre de 1810 estalló la rebelión en Santiago, obligando a renunciar al Capitán General García Carrasco, que así lo hizo en el renombrado político chileno Mateo de Toro, conde de la Conquista, quien en 1768 había llegado a virrey interino del Perú y a la sazón era brigadier de los ejércitos de Chile. El 19 de septiembre, el Cabildo nombró la primera Junta, aceptó el conde de la Conquista la presidencia, pero al fallecer éste al poco tiempo, 27 de febrero de 1811) sucedióle el Doctor Martinez de Rosas que era uno de los cinco vocales integrantes de la Junta.


O´Higgins que era subdelegado por el departamento de Laja, al saber de este primer triunfo movilizó a su gente. Aceptada la colaboración por el nuevo gobierno que le confirió el grado de teniente coronel, fué su primera medida vigilar la actitud de los indios araucanos que parecían dar signos de simpatizar con los realistas reaccionarios.


Como ha sucedido siempre en todas las empresas sociales con fines emancipadores, estaban también los conceptos políticos divididos, pidiendo unos simplemente la abolición de las leyes coloniales, pero admitiendo sin embargo la personalidad del rey Fernando VII de España como jefe moral, en cuyo nombre actuaría una Junta gubernativa; otros en cambio, entre los cuales figuraba O´Higgins, exigían una independencia completa como significando la iniciación de una vida nueva basada sobre principios más nobles que los imperantes en el Viejo Mundo. No sólo imperaban los partidarios de la primera tendencia, sino que entre estos había subdivisiones que amenazaban minar el éxito calculado por los iniciadores de la revolución.


Estas luchas internas tenían completamente abatido a Martinez de Rosas, O´Higgins a pesar de la precaria situación a que se había llegado, recordando las advertencias de Miranda dichas en Londres “Los obstáculos para servir en vuestro país son tan numerosos” hizo cuanto pudo para convencer a Martínez de Rosas para que continuara prestando su concurso, acordando esto, ya que era la persona de más ascendencia política en el país.


Decepcionado por las intrigas y traiciones de algunos políticos que habían hecho de la Causa de la Libertad, material de su propio provecho y la empleaban como medio de satisfacer codicias y ambiciones personales, O´Higgins se había retirado a su hacienda para dedicarse exclusivamente a las faenas agrícolas, cuando se enteró de que una expedición armada realista que al mando del General Pareja había desembarcado (26 de marzo de 1813) y como frente al enemigo común no había que detenerse en divisionismos, O´Higgins reunió un grupo de gente armada, con la que salió al encuentro de los realistas. En Chillán le informaron que los realistas avanzaban por la carretera de Linares por lo que pasando el Maule llegó a Talca, donde sin derramar una gota de sangre se apoderó de ellos (4 de abril de 1818).


Así venciendo obstáculo tras obstáculo se dió la libertad de Chile: Veamos una carta que San Martín dirigió al Gral., Guido, que dice: “El 18 rompió la marcha el ejército. Para el 21 ya estará todo fuera y de ésta y el 15 de febrero decidida la suerte de Chile; si ésta es próspera, creo entonces que se le dará la importancia que merece. Mucho ha habido que trabajar y vencer, pero de todo salí completo, excepto de dinero, que no me llevo más que catorce mil pesos para todo el ejército”.


Llegado a territorio chileno, San Martín encargó a O´Higgins que estuvo completamente entregado a la lucha por la libertad de Chile. Actuó así en todas las grandes acciones tendientes a llegar a este fin. Talcahuano, Curapaligue, Laja, Chacabuco y muchos lugares más; le conocieron luchando al lado de San Martín, La Heras, Guido, hasta que pudiera proclamar en Talca la independencia de Chile. La ingratitud le obligó a buscar el camino del ostracismo (febrero de 1823) en que en compañía de su madre y su hermana buscó hospitalidad en el Perú, en donde al poco tiempo de perder a su madre, falleció el 24 de octubre de 1842 en brazos de su hermana y del ciudadano chileno José Antonio Ramos.

 

1° y 15 de Febrero de 1941.

BALANZA NÚMS. 194 Y 195.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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