Argumentación y demostración
- EMEDELACU

- 23 oct 2023
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Actualizado: 26 oct 2023

“No se debe aprisionar al espíritu; las reglas difíciles del raciocinio, lo rellenan de tantas presunciones, en vez de conocimientos sólidos y vigorosos”. Ha dicho Pascal. Yo diré que: Jamás se le ponga traba al espíritu, ni le falten materias en que argumentar para demostrar el espíritu su acción y la vida, aun en el sueño de la materia; y al efecto se me ha dado como alta lección, “Es bueno que la materia recline y no tener el espíritu con sueño”.
Para los escolásticos; eternos parlanchines; sumos argumentadores, no vacilaron en formar las reglas de las pruebas dialécticas, considerando a estas últimas, como combinaciones de silogismos, designados con el nombre de argumentaciones. Presentan cuatro reglas, a saber:
1°. Epiquerema: Que es un silogismo cuyas proposiciones están acompañadas de su prueba o explicación. Cuando una de las proposiciones tiene necesidad de ser probada, se agrega a continuación una serie de otras proposiciones explicativas o demostrativas.
2°. Entimema: es un silogismo en que se admite la menor dándola por sentada; ej.: “El hombre está sometido a deberes, luego tiene derechos”.
3°. Entinema: es la forma natural y espontánea del raciocinio: antecede al silogismo en el desenvolvimiento natural del espíritu humano.
Para formar el entinema el silogismo, se dice que han sido necesarios a la filosofía, tres siglos y todo el genio de Aristóteles.
Este es un error de los tantos de los escolásticos modernos y de los antiguos vulgo-religiosos.
El Entinema o forma natural y espontánea del raciocinio, por sus grados, data del primer espíritu hecho hombre. Que se haya reglamentado en tres siglos y que Aristóteles le diera forma regulada, no significa más que su existencia.
4°. Dilema es un raciocinio en el cual se presenta una alternativa en la que ambas proposiciones son contrarias a su adversario: es un silogismo compuesto de una proposición disyuntiva y dos condicionales.
Los escolásticos presentan a los escépticos un ejemplo de dilema notable, bajo una proposición disyuntiva. “O sabes que no sabes, o no sabes que no sabes”, del cual podemos formar dos proposiciones condicionales, así:
1°. Si sabes que no sabes, algo sabes.
2°. Si no sabes que no sabes, no puedes afirmar que no sabes.
Sócrates era más categórico. “Sólo sé, que nada sé”. Nosotros decimos con más lógica. “El sabio nada sabe, pero sabe estudiar y sabe” que es con lo que contestamos a los escolásticos y sentamos la obligación de estudiar.
Para que el Dilema sea legítimo, es necesario que, en la proposición disyuntiva, no se haya omitido un medio; es decir, que los términos contrarios se excluyan.
Hay otros tres nombres que enumerar: los polisilogismos. Con los cuales se ayudan los episilogismos, o sea las asociaciones deductivas que se distinguen de los prosilogismos o asociaciones inductivas.
Pertenecen a los primeros, los sorites, que son, un raciocinio compuesto de muchas proposiciones encadenadas de modo que, en la conclusión, se une el sujeto de la primera, con el predicado de la última; ejemplo: “El bien es apetecible; lo apetecible es amable: lo amable es digno de alabanza: lo que es digno de alabanza es bello: luego el bien es bello. Es el sorites que tenían los estoicos.
Las combinaciones precedentes son formas complejas de la deducción; cuyos razonamientos derivados (simples o compuestos) se asientan sobre la base de las definiciones o de los axiomas y éstos no son sino generalizaciones inferidas inductivamente, de una experiencia continua, clara y superabundante.
Y siguiendo el hilo continuo, las definiciones también proceden de generalizaciones, de las que inferimos que, tales objetos tienen determinadas calidades definitivas: es decir, que lo afirmamos a condición o en la hipótesis de que dichos objetos no tengan otras calidades, que en el momento no penetramos.
Resulta por tanto de todo lo expuesto que, las ciencias deductivas son hipotéticas, como quiera que sus proposiciones reposan sobre las suposiciones que sus definiciones fundamentales implican. Pero el fin a que tiende todo raciocinio deductivo simple, como el silogismo; o compuesto como la argumentación, es designado con el nombre de Demostración. Demostrar una conclusión, equivale a verificar ésta, por medio del razonamiento deductivo.
La demostración puede ser directa, cuando se muestra que la cosa es verdadera: e indirecta cuando se demuestra que lo contrario es falso y sus consecuencias inadmisibles. Este último género de demostración se denomina por el absurdo: se usa con preferencia en la diplomacia, en la política y en los parlamentos o congresos, civiles y religiosos, por…. afinidad sin duda.
Las premisas de toda demostración toman el nombre dialéctico de Argumentos; distinguiéndose varias clases como por el absurdo, cuando tienden a la demostración indirecta por el nombre: o cuando se pone al adversario en contradicción consigo mismo: Por igualdad, cuando se hace uso de ejemplos y analogías; por la fuerza, cuando prueba lo más para demostrar lo menos.
Para terminar, diremos que, todo esto es muy bello y debe cultivarse: pero que si habrían de ceñirse los hombres a la exactitud de los hechos en las polémicas y controversias; es decir, que si el orador, el escritor y el pensador filosófico cuando escriben, se habían de ceñir a tener en cuenta en cada proposición todo ese catálogo de reglas y nombres, no hablaría nadie: y este libro, por ejemplo, no sería posible escribirlo en 100 años trabajando 18 horas por día. Sin embargo, en el libro está todo eso. ¿Por qué es así?, pues porque la argumentación tramada para cada párrafo lo tiene en sí misma y lo da por la punta de la pluma. Luego entrarán los filólogos, los estéticos, los literatos, que dirán, lo que cada palabra es gramaticalmente y acaso y aun sin acaso, no penetrarán en el valor y espíritu de la letra. Manejan la materia solamente.
Libro: Filosofía Austera Racional, Cuarta Parte.
Autor: Joaquín Trincado
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