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Joaquín Trincado

Apéndice; Código de Amor Universal

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 3 Min. de lectura
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Consulta al Espíritu de Verdad en el día del natalicio de Francisco Xavier, se encontrará en la “Filosofía Universal”.

 

    Cabe la falda de alta montaña,

Donde el cielo es siempre azul,

Tierra noble, que completa a España,

Y en sus ojos, las mujeres, del cielo llevan la luz.

 

    Allá en la fuerte y noble Navarra,

Que romper supo cadenas de opresión,

Dónde a la vez, el arado y la guitarra

Rompe la tierra y suena el diapasón.

 

 

    Desde sus montes, cubiertos de añosos robles

Y finas hierbas y colmenas de dulce miel;

Donde la voz sonora de sus pechos nobles,

Pecho ninguno pasó de su nivel.

 

(Gueyarre)

 

    En el comienzo de florida primavera,

En un castillo de severa arquitectura

Que se yergue, como la esbelta palmera,

Sobre de un valle de lozana arquitectura,

Salió hoy el Sol, que nos alumbra y da vida.

                                                 (17- 4-1506)

 

    Como asustado y sin rayos se inclina y ve:

Más se cerciora y rápido se eleva y la alegría

Lleva a la tierra y al cielo, ¡Ha nacido el gran Xavier!

 

    Tus padres, nobles guerreros de la santa libertad,

En ti les da el Padre, su merecido premio;

Y la tierra que oprimida gime por la maldad,

Sabe que vienes. ¡Oh, Xavier!, a darle aliento.

 

    Fuiste de niño lo más precoz,

Y a tus veinte años, que aún, no es el día

Para los hombres de ciencias y filosofía,

De esta ciencia y en París tú eras preceptor.

 

    ¿Si antes un hombre no lo fue ya,

Puede de imberbe y mozalbete

Dictar las clases y ser soplete

¿Para otros hombres de más edad?

 

    Yo sé el secreto que tú me diste,

Pero te fuiste, en breves años;

Mas tus reaños que en mí fundiste,

Antes de ese año y me dijiste,

“Nada aprovecha el mundo entero,

Si el alma pierde su derrotero…”

 

    Voy por la historia siglos atrás,

Y la memoria que hacer empiezo;

Y los jalones que ante mí tengo;

Las concordancias que dan el sello

De lo que siento, que es la verdad…

 

    Siento un agobio que me aniquila,

Porque en la historia, tu biografía,

Es un denuesto, una utopía,

Toda una obra falsa e impía,

Y quiero presto, poner la quilla,

De la barquilla, de tu verdad,

Y dar las mientes a ese García

Y a la pandilla de iniquidad.

 

    ¿Cómo tan joven saber pudiste,

Siendo de reyes el heredero;

“Que nada vale el mundo entero

¿Si el alma pierde su derrotero”?

Porque tus padres, nobles, pero guerreros

Y de aquel tiempo de los señores…

Aunque eran buenos no eran sabios

De esas profundas filosofías,

Que tú sabías en pocos años…

 

    ¿Qué fuiste clérigo? Yo sé por qué;

¿Qué fuiste a la India? Por qué yo sé;

Lo que buscabas no lo encontraste,

Y este contraste que te agobió,

Tu gran espíritu que es luz de Dios,

Llamó a la muerte de la materia,

Y dejó el cuerpo aquí en la tierra,

Allá en oriente, por fiel contraste

Porque su cielo de dulce luz,

Parangonea con la otra parte,

Do tu naciste, cuyo es el cielo, de hermoso azul.

 

    Más di, Francisco, porque es justicia

Que digas si bien opino que ya sabías

Antes, ese aforismo que es luz que brilla

Y no se adquiere en pocos días.

 

    Y si me dices que sí…

¿Cómo, cuándo y dónde lo aprendiste?

¿En una existencia? ¿En mil?

En la tierra… o por fin

¿En esos infinitos tildes?...

Yo creo reconocerte

Aún más antes de Jacob…

Pero si lo digo yo…

Lo dudan… y no es prudente…

Ni quiero que nadie dude

Y, por lo tanto, descubre,

Xavier, tu historia y tu ciencia,

Pues me acusa la conciencia

Que conociéndote yo

Estés más tiempo ignorado:

Y por el amor de Dios

Con lealtad de Navarro

Por el bien de tus hermanos…

… ¡Descúbreme la verdad!

¡Xavier! Y no te conocen

Siendo esta existencia ayer,

Menos si Tulio y Auffer,

Quizá acciono en Pilato

Tu espíritu, ¿Y en Duilio Cayo?

Y antes, ¿no se te conoce?

 

    Para conocerte hoy

Espíritu de Verdad

Que en luz ciencia y majestad

Eres el primer fulgor

De todo el plano primero…

Me espanto, válgame el cielo,

De tu antigua antigüedad.

¿De qué mundo descendiste?

¿Es en Sion que aprendiste?

Dímelo y lo demás…

En mi razón lo fundiste

Y ahora se descubrirá

Porque el mundo necesita

Saber verdad de verdad

Y encante una buena historia

Que refresque la memoria

De nuestra inmortalidad.  

 

El Juez.

 


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 

 

 

 

 
 
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