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Joaquín Trincado

Algunas formas de pasiones momentáneas

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 16 oct 2023
  • 3 Min. de lectura


Tres son los casos más importantes de estas pasiones momentáneas y brutales y son:


1ª. forma, el Furor: A un sujeto pundonoroso y de algún temple, una bofetada u otro insulto de palabra, lo hiere en su honor y dignidad de hombre.


El sentimiento de la honra o estimación de sí mismo, es vehementemente impresionado: el sujeto monta en ira y acto continuo y sin tiempo a un juicio reflexivo, como movido por un secreto mecanismo se arroja al insultante y le pega, lo hiere o lo mata. La pasión de explosión momentánea aquí se llama Furor.


2ª. forma, el Miedo: En este mismo caso puede ocurrir que, el sujeto pretenda nada más que defenderse; pero lo grave es que, sufre convulsiones en las que la razón ha perdido su imperio y se cree atacado por cualquiera y mata al primero que se acerca, aunque sea su amigo más estimado, o al pariente más amado, como expusimos en el párrafo correspondiente al miedo de aquel que mató a su esposa.


Esta pasión momentánea, se manifiesta a menudo en los celos; sentimiento dificilísimo de analizar, porque bien puede ser amor propio ofendido, indignación, o una manifestación del instinto de adquisividad, pero en todo caso es, egoísmo.


3ª. forma, los impulsos mórbidos: Estos pueden ser patológicos, morales, intelectuales y/o espirituales; pero éstos los hemos de tratar en párrafo aparte.


Ahora bien: en cualquier forma que se estudien sin prejuicio y con conocimiento Psicológico estos tres casos, hemos de ver que, esos impulsos brutales son de los instintos fieros que en el hombre conviven, cuyo dominio pertenece al espíritu.


Si el hombre se mantenía honrado, es porque estaba en su primer período de satisfacción de esos mismos instintos, pero que, aún no habían perdido la fiereza; y al ser provocados, (como no tenían la suficiente y eficiente sumisión convictiva, sino la conveniencia de sumisión por su descanso) se sublevan y cometen el acto fiero de su instinto, sin darle tiempo a su jefe espíritu, de poner en movimiento su raciocinio: y esto se confirma en seguida en el abatimiento, dolor, vergüenza y confusión que demuestra el delincuente, ocasionalmente provocado exabrupto.


Estos hechos encierran grandes secretos metafísicos y nos ponen a las claras (a los espiritistas) la lucha que ha de sostener un espíritu que empieza la regeneración. Y es que, todos somos delincuentes y nos hemos ofendido y agraviado unos a otros y bastará a nuestro enemigo (antiguo camarada u ofendido el que por fin, comprendiendo sus yerros, se decidirá a abrazar la ley fraternal y de amor), mas mientras llega ese momento bastará, digo, a nuestro enemigo saberlo, para empeñarse más por su odio, en vengarse de las ofensas recibidas, o estorbar que entréis en el camino del bien, y aun muchas veces por pura aberración e inclinación del mal y lo ataca sin miramiento para haceros caer de nuevo, en el abismo del que tratáis de salir. Y como aún no estáis fuertes y asentados, resurge de pronto el impulso fiero y castigáis al enemigo provocador, cuando no sois provocadores.


No sucede así con los ya bien sabios y asentados, que pueden y se defienden por principios superiores, sin importarles la baja valía de la ofensa que no logra distraerlos de sus funciones, ni torcerlos de su derrotero y vemos que, al final, el juicio público les hace justicia de reconocimiento y castiga con el vacío a sus ofensores.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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