Alberto Abraham Michelson
- EMEDELACU

- 17 abr
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ALBERTO ABRAHAM MICHELSON, nació en Strelno, provincia de Posen, Alemania, el día 19 de diciembre de 1852. De muy joven fue llevado por sus padres a Estados Unidos, fijando su residencia en San Francisco de California, donde recibió sus estudios elementales y secundarios.
En 1869 ingresó en la armada estadounidense con el grado de suboficial, llegando cuatro años más tarde a ser designado oficial abanderado. Habiendo mientras tanto, ganado sus títulos en química y física obtuvo cátedra de estas materias en diversas academias navales. Primero en la de Annapolis, Estado de Maryland, luego en Nueva York y más tarde en la de Washington donde actuó como asistente del famoso astrónomo canadiense Simón Newcomb.
Estas actuaciones que constituían para él una magnífica fuente de estudio, pues como suele decirse, “no hay mejor medio para aprender que el de enseñar”, dieron pie para profundizar en los más grandes problemas físicos, especialmente en lo que respecta a la velocidad de la luz, como así también en la teoría referente al movimiento de la Tierra, aún cuando en su actuación demostrativa había de valerse de los imperfectos aparatos con que contaban esas academias.
No conforme con su situación obtuvo en 1880 permiso para dirigirse a Europa, donde perfeccionó sus estudios. Primero fue a Alemania, donde trabajó en el laboratorio del célebre físico y fisiólogo Germán Luis Fernando Helmholtz en Berlín y en el de Quicke en la ciudad de Heidelberg, pasando luego a París donde sucesivamente actuó en los estudios de Cornú, Mascart y Lippmann.
El año siguiente (1881) volvió con nuevo caudal de conocimientos a Estados Unidos, siendo nombrado profesor de física en la “Case School of Applied Science”, de Cleveland. Ocho años más tarde (1889) obtuvo cátedra en la misma materia en la Universidad Clark de Worcester, Estado de Massachusetts y finalmente en 1892 fué designado profesor y jefe del instituto de física de la Universidad de Chicago.
Especificose en la óptica-física, principalmente en investigaciones y aplicaciones de carácter astronómico; sus estudios para determinar la velocidad y el metro en longitudes de las ondas lumínicas son verdaderamente admirables.
Ya a la edad de veintiocho años (1881) adquirió gran fama con sus investigaciones en la tan apasionada cuestión de si la rotación terrestre a través del éter universal ejerciera influencia sobre la propagación de la luz. Inventó para tal fin el interferómetro que lleva su nombre y con el cual pudo además hallar la estructura de gran número de rayos espectrales. El resultado negativo que obtuvo respecto a los efectos del movimiento de nuestro mundo sobre los rayos luminosos, dieron lugar a las investigaciones científicas sobre la teoría de la relatividad.
Sus esfuerzos en el terreno de medir la velocidad de la luz que con toda precisión pudo llevar a cabo entre los años 1925 y 1927, le permitieron reducir a 1’100,000 partes las probables desviaciones que aún pueden existir en la fórmula para determinar la velocidad real.
En 1923 ideó un método para determinar con mayor exactitud el diámetro de las “estrellas fijas” consistente en un fenómeno óptico basado en la interferencia y que quedó demostrado como del mayor valor para las observaciones astronómicas.
El renombrado escritor científico español don Pelayo Vizuete Picón, en sus juicios sobre este sabio alemán dice: “El nombre de Michelson va estrechamente unido a los hallazgos decisivos sobre la teoría de Einstein. Michelson fue quien, con sus famosos experimentos sobre la velocidad de la luz, corrigió las conclusiones de Disezu, descubriendo el principio de isotropía, es decir, el principio de la velocidad constante de propagación del rayo luminoso en todas las direcciones del espacio… Michelson, además de su personal y originalisima cooperación en otros notables trabajos de laboratorio, fué requerido por la dirección del Observatorio de Monte Wilson para dirigir unas observaciones sumamente quebradizas: la medición de ángulos visuales de los colosos de nuestro firmamento, particularmente de Betelgeuse, el broche espléndido que cierra la constelación de Orión. Los trabajos de Michelson han marcado, en la historia de las ciencias físicas, un punto de reverencia sin el cual no podrían trazarse muchos ejes coordinados del pensamiento moderno”.
Michelson ha sido miembro de numerosas academias y sociedades científicas. Ya en 1889 obtuvo la medalla “Rumford”, en 1900 ganó el Gran Premio de la Exposición Internacional de París; en 1904 fué agraciado con la medalla “Matteucci” otorgada por la Universidad de Roma y en 1907 la Sociedad Real de Londres le honró con la medalla “Copley”, obteniendo ese mismo año el Premio Nobel para Ciencias Físicas “en pago por los instrumentos ópticos de los que es autor y por la precisión de sus estudios espectroscópicos y meteorológicos que con esos aparatos pudo llevar a cabo”.
En 1929 se retiró del cargo que desempeñaba en la Universidad de Chicago, dirigiéndose a Pasadena, Estado de California, a fin de continuar allí sus estudios y donde le sorprendió la muerte el día 9 de mayo del año 1931.
Entre las obras principales de Michelson se cita Light Waves and their Uses, libro que vió la luz en Chicago el año 1903.
1° y 15 de Septiembre de 1940.
LA BALANZA NÚMS. 184 y 185.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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